Por Jesús Tenorio
Martina Portocarrero (Nasca, 1949) es posiblemente una de las artistas más negadas y combatidas dentro del universo del folklore nacional. El contenido social de las canciones que interpretó y sus no pocas polémicas declaraciones, fueron determinantes para que no gozara de la difusión que si disfrutaron otros, evidenciando que en el Perú, la escasa industria musical aparte de no apostar por temáticas menos ligeras y banales, es profundamente reaccionaria.
No existe registro certero de la cantidad de discos grabados por Martina Portocarrero como solista. Algunos entendidos señalan que grabó cinco, aunque si se realiza una búsqueda en las principales plataformas de música, no se encuentran las producciones, salvo el Concierto en el Teatro Municipal (que será materia de la presente reseña), y algunas canciones sueltas.
Martina radicaba en Europa desde 1983 y regresa a Perú en 1987 para presentarse en el Teatro Municipal. Las autoridades intentan por todos los medios impedir que se realice dicha presentanción, ella los amenaza señalando que al haber cantado en los más grandes teatros de Europa no podía impedírsele cantar en su patria. A pesar de las dificultades el concierto fue todo un éxito, lleno total. Luego se edita en formato casette con el sello Retama, y con el paso de los años se convierte en uno de los casettes más pirateados y re-editados en el Perú, siendo un clásico dentro de los círculos de izquierda, estudiantiles y sindicales.
Sin más preámbulos, iniciemos.
Yerba silvestre
Hierba silvestre, aroma puro te ruego acompañarme por mi camino.
El casete abre con Martina presentándose a su público de manera solemne. Cada palabra ha sido minuciosamente escogida, no hay lugar para el azar. Ella quiere premiarnos, recompensar nuestro trabajo cotidiano, calmar nuestra impaciencia y reclamo. Martina vislumbra que la noche será mágica, un despliegue de emociones y también de esperanzas en un momento sumamente jodido del país. La sierra se desangra entre dos fuegos, y Martinacha quiere homenajear a las víctimas de la guerra, vistiendo como la mujer soltera de Quispillacta, de la provincia de Cangallo, departamento de Ayacucho.
La canción con que inicia el casete es un hermoso huayno, que tiene por letra algunas estrofas adaptadas del poema del mismo nombre, de la combatiente senderista Edith Lagos. Un melancólico violín nos adelanta que esta discurrirá por la tristeza, y por momentos por la desesperación. Serás mi bálsamo y mi tragedia (el poema dice serás mi bálsamo en mi tragedia) es, a nuestro criterio el verso que engloba el sentir de la canción: es vida en la muerte, alegría en la tristeza. La ejecución de los instrumentos está a la altura de la voz de Martina, haciendo que la canción te estremezca hasta casi hacerte llorar.
Mártires de Uchuraccay
Que están ardiendo centellas cerquita de las estrellas
Tema del maestro Ricardo Dolorier Urbano, que como veremos, será un nombre recurrente en la autoría de varias canciones del casete. El asesinato de ocho periodistas, un guía, y un comunero, en el poblado de Uchuraccay en 1983, se convirtió en uno de los acontecimientos más dramáticos de la violencia interna en nuestro país, y mereció la composición de un huayno con una letra muy alejada de lo que podría considerarse panfletario, bastante típico en las canciones de protesta o denuncia. Poncho de negra puna, culebra de largo frío, se está matando al rocío, se está muriendo dios mío. Dolorier es un experto en las alegorías y los símbolos, que Martina utiliza de forma eficiente en favor de la canción. No hay quiebres de voz exagerados o sobreactuados, es más, parece que la canción fue compuesta para ella. A rde la flor en capullo, arde mi voz en un puño, telúrica frase con la que culmina una de las más logradas canciones de protesta en el Perú. Un guiño a las afinidades políticas y estéticas de Martina.
Flor de retama
Allí mismito florece, amarillito, amarillando,
Flor de Retama.
Martina declara en una entrevista: El año 69 el gobierno militar quería prohibir la gratuidad de la enseñanza, o en todo caso es lo que corrió. Entonces los campesinos hacen una movilización junto con los estudiantes y se mata inclusive a una mujer embarazada. El maestro Ricardo Dolorier hace esta canción para quede como testimonio. Muchos años más tarde la grabó el trío Huanta, la graba después la estudiantina de Huamanga, y después la estudiantina de San Marcos, o sea, todos universitarios. La escuché y me gustó. Yo la grabé por el ochenta y tantos, motivada por lo que pasaba y ahí es donde se hace realmente popular. La grabé primero con Los Heraldos del Perú y después en “Canto a la vida”, que es el nombre del primer disco que grabé. Y es así como se convierte en un segundo himno del Perú.
A pesar del amplio repertorio que ostentó, Flor de retama es la canción con la que Martina ha pasado a la inmortalidad quedando marcado su nombre en el imaginario popular. Grabado por ella por primera vez para el vinilo Huaynos bien pegaditos, junto al grupo Los Heraldos del Perú, esta primera versión es de menor fuerza interpretativa que la del casete, que por el contexto de violencia política y efervescencia popular, la ha elevado a la categoría de mito. Huele a jazmines, violetas, geranios y margaritas, a pólvora y dinamita ¡carajo!.
El hombre.
Yo quiero ser como el viento que recorre continentes, y arrasar tantos males
y estrellarlos entre rocas.
Tema de Ranulfo Fuentes, otro peso pesado del Huayno ayacuchano. Por antonomasia, el tema de la solidaridad, de la crítica a la indiferencia ante injusticias y opresores. Yo quiero ser el hermano que da mano al caído, y abrazados férreamente vencer mundos que oprimen. Es una canción de futuro, nos invita a derribar el viejo mundo y su inequidad, y construir uno superior, más elevado. Cantamos todos, nos dice Martina al inicio de la canción, y durante todo el desarrollo de esta se escucha los aplausos del público. Hasta esta cuarta canción, el casete no decepciona, y es evidente el buen criterio de Martina y su producción para ordenar las canciones. ¡Memorable!
Que encanto tienen tus ojos
Que si me miran me matan viday si no me miran me muero
Huayno pandillero propio de Puno, compuesto por Juan José Huirse, muy popular en el universo de la música folclórica peruana. Con esta canción Martina baja la intensidad combativa del casete, y se adentra en el romance serrano. Ciego quisiera haber sido, ciego para nunca verte, ¡porque el deseo de mirarte… vida! trae el deseo de quererte. La interpretación de Martina puede ser potente y telúrica como en los anteriores temas, y virar a deseo en dulce y cariñosa como en esta ocasión, lo que demuestra su amplio rango vocal. Yo no quiero que me quieras tampoco que me aborrezcas. Sin infravalorar versiones de la canción anteriores a la de Martina, como de las Hermanas Madrid, o de Judith Acuña Pichilingüe “Wara Wara”; la versión de Martina es por mucho superior, tanto por el nivel de ejecución de los músicos, el trabajo del técnico encargado de la grabación y mezcla (para la época notable) y la calidez y ternura de la voz de Martinacha.
Mamacha de las Mercedes
En el telar de la vida quién no ha tenido un dolor; pero para sufrir tanto,
¡Eso sí que no y no!
Único tema compuesto por Martina, sin ninguna duda el tema más desgarrador del casete, un yaraví ayacuchano con fuga de huayno Es el lamento de una madre que pierde al hijo de forma trágica. Dedicado a José Valdivia Domínguez Jovaldo, poeta muerto en la matanza de la isla penal El Frontón. Penas que arrastran mi alma me están matando. La voz lastimera te captura desde el primer verso de la canción, es imposible no identificarte con su sufrimiento. Al hijo de mis entrañas ¡Me lo han matado!. Gradualmente la canción va aumentando en intensidad, y el dolor de Martina, se convierte nuestro dolor, no está sola en ese valle de lágrimas. ¡Ay! Jovaldo, Jovaldito, ¡Ay! Manuelcha, Manuelito, como la pajita te volaste, con el vientecito te has ido… A nuestro criterio el mejor tema del casete.
De canto a canto
Cantos de agua la lluvia cantos de surcos la tarde canción de estrella la noche canción de besos el alma
Tercer tema del maestro Ricardo Dolorier Urbano. Una de las mejores letras de Huayno que se han escrito, y cae como anillo al dedo a la voz, calidad interpretativa, y compromiso social de Martina. Que Martina escoja a tres canciones de la autoría de Dolorier, señalan de forma inequívoca, su vocación por la belleza y la justicia. Ella declara en entrevista: “En mis canciones brilla un sentimiento, yo no grabo por grabar. Investigo, compongo, elijo lo mejor que me alcanza, y lo doy como un ramillete de flores, con todo mi corazón. Yo amo realmente a este pueblo, amo a su juventud, a su niñez, a los más postergados”.
¿La parte más emotiva de la canción? Definitivamente la parte recitada después del segundo verso, poesía del más alto nivel.
Javier Heraud
Algún día seremos libres cumpliendo su profecía
Maravillosa muliza con letra de Arturo Corcuera, un merecido y conmovedor homenaje al poeta guerrillero. Que la muerte ha derribado al mejor de los gorriones.
Cuna Takiraqui
Kuna takirari negra chuymama churista negra chuymama churista
Primera canción del casete en que Martina canta en un idioma que no sea el español, y por el origen altiplánico del tema, es obvio que se trata del aimara. Y si no me quieres, ándate con otra. Nunca mejor dicho.
Amigo Amigo
Lo quise, lo quiero, lo amo.
Huayno huancaíno compuesto por Antonio Baldeón Povis. Este tema “desentona” con las anteriores, ya que, por la calidad de audio, no hay duda que fue grabada en estudio, y posiblemente
colocado en el casete para aprovechar minutos de cinta. Es la canción menos solemne, la más digerible, y apela a lo que en una entrevista Martina criticó: “Los temas, todos se reducen al amor… Un amor que me fui, que te amo, que se me fue la palomita, con textos que son más de baladas que de huaynos, de tonderos, de marineras o yaravíes. La gente que quiere desarrollar su intelecto debe preferir un arte que refleje sus aspiraciones, aquello que esperan de la vida y no solamente una diversión fácil”. Solo algún tozudo podría cuestionar a Martina esta contradicción, este sublime desliz. No amigo, la vida también es beber hasta morir por un amor perdido.
Agua rosada.
Llorarás cuando me muera sangre viva y colorada.
Compuesto por el legendario Víctor Alberto Gil Mallma «Picaflor de los Andes». Al igual que Amigo Amigo, no tenemos ninguna duda que fue grabado en estudio. Una interpretación que, sin ser mala, está muy por debajo del nivel de los demás temas del casete.
Pajonal.
Pajonal, ¿por qué lloras triste habiendo el viento que te besa teniendo al sol que te abrace?
Martina tiene la virtud de tener una voz versátil, y eso se expresa en que el casete contiene temas de Ayacucho, Puno, Huancayo, y ahora acaba en Chumbivilcas (Cusco). Pajonal es un Harawi con fuga de huayno. El registro más antiguo del tema se lo debemos a José María Arguedas, interpretado por «La Chumbivilcanita y sus Quri Lazos», para la Casa de la Cultura. La versión de Pajonal con la que culmina el casete, está bastante estilizada, y por momentos recuerda una opera china. Acaso eres como yo solitita en el mundo, mana mamayoq mana taytayoq. La soledad, la falta de padre y madre, es un tema recurrente en la composición andina. El arreglo musical del tema permite a Martina lucirse, pues logra un registro vocal bastante alto en comparación con el resto de temas del casete. Un final de lujo.
Jesús Tenorio, melómano y exmilitante de Patria Roja (2002-2022). Vocalista de las bandas punk Kamiza de Fuerza y Ley Marcial.




