Por Gustavo Funes
En nombre de la baja de la inflación y el “déficit cero”, la “casta” política argentina instalada en el poder del Estado con el gobierno de Milei es más impúdica y los dueños del poder más ricos y poderosos. Milei ganó las elecciones en el 2023 poniendo como eje de su discurso la lucha contra lo que él llama “casta”, pero sólo en el primer año de gobierno multiplicó las ganancias de los monopolios, los bancos y los dueños de la tierra.
¿Puede darse y sostenerse esta realidad sin que los de abajo, el pueblo, caiga en una espiral sin piso? ¡¡Claro que no!!
La “casta” empresarial, lo más granado de los dueños del poder, en estos meses de gobierno quintuplicó sus ganancias. Veamos:
– Los resultados operativos y los resultados netos se quintuplicaron, comparando la información de los primeros semestres de 2024 y 2023 correspondientes a 26 grandes firmas en 11 sectores de actividad —hidrocarburos, energía, alimentos, financiero entre los más importantes—.
– Algunos sectores incluso se despegaron del promedio. Sobresalen los resultados operativos del sector de hidrocarburos (+709,6%) y del sector bancario (+450,6%). Al considerar otros conceptos de ganancia, los resultados netos se vieron especialmente engrosados en el sector de petróleo y gas (+740%), y se suma el sector productor de alimentos (+683%).
– Algunas empresas se diferenciaron notablemente de los resultados ya extraordinarios de las empresas más grandes que cotizan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. El selecto grupo incluye firmas como Molinos Agro —la cerealera de Pérez Companc—, que expandió el resultado operativo en +7.543%; la proveedora de gas Metrogas lo hizo en un 2.581%, y Mirgor (de la familia Caputo, el ministro de economía) en un 1.097%.
– Las ganancias netas volvieron a ser encabezadas por la empresa de los Caputo con un aumento del 2.788%. Otras empresas multiplicaron sus beneficios finales por 20 en tan sólo un año, entre ellas la de comunicaciones Telecom (+2.080%), que aprovechó la desregulación de los precios de todos sus servicios de internet y telefonía móvil; Mastellone (lácteos) engrosó el volumen de sus ganancias en un 2.050% pese a que en ese mismo período el consumo de lácteos en el país cayó un 17,6%; Tecpetrol (grupo Techint) se expandió en un 1.860,4%, y Laboratorio Richmond en un 1.325% (fuente: (Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, IPyPP).
¡Esta es la realidad, la única verdad! Un pueblo empobrecido para enriquecer al selecto grupo que ostenta los resortes de la economía del país.
A esto hay que sumarle la deuda externa ilegítima, usuraria y fraudulenta que se lleva miles de millones de dólares de intereses y capital; la “bicicleta financiera” (especulación) hace, en un abrir y cerrar de ojos, más ricos a los “buitres fugadores”: colocan los bonos en pesos que les otorga el gobierno en plazos fijos con altos intereses, para luego capitalizarse con la compra de dólares que el gobierno mantiene “planchados”, para luego fugarlos del país o volver a ingresarlos mediante el blanqueo de capitales —exento de impuestos— que implementó el gobierno antinacional y antipopular de Milei.
El consumo cae a niveles históricos; la pobreza se expande; suman cerca de 500.000 los despedidos, y se recorta el presupuesto de la obra pública, la salud pública y la educación pública, el gobierno celebra los resultados financieros de la macroeconomía, que es donde abreva el capital financiero y la especulación internacional. Aunque cautelosos, los grandes especuladores festejan la marcha del ajuste del gobierno con recortes brutales en el Estado (despidos masivos, cierres de ministerios, secretarías y programas sociales); se recorta el ingreso de los jubilados y se los reprime brutalmente; las Pymes caen como moscas (más de 16.500). Mientras tanto, la bicicleta financiera —el llamado “carry trade”— y las ganancias de los bancos, ponen de manifiesto el peso del capital financiero en la economía. Todo el plan económico es una oscura mesa de dinero.
Ahora el gobierno va por el plan de privatizaciones de las empresas e instituciones estatales, repitiendo la película de los años ’90, cuando el menemismo (el gobierno de Carlos Menem) rifó al país y nos hundió en el infierno. Si vuelven a insistir en lo mismo es porque el plan consiste en el saqueo liso y llano de las riquezas del país, como el litio, la megaminería y el control de otros recursos estratégicos como el agua.
Pero esta economía, dependiente al extremo, necesita dólares para sostenerse y, ya “vendidas las joyas de la abuela”, lo que queda es entregar la tierra, ríos y la soberanía marítima, lo que se proclama públicamente. Se gestiona, además, un nuevo endeudamiento con el FMI por 20.000 millones de dólares (en 2018 el FMI concedió un préstamo de USD 50.000 millones, el más grande de su historia, para sostener políticamente al gobierno de Mauricio Macri —hoy aliado contradictorio de Milei— que no fueron utilizados para nada productivo sino fueron fugados por sus empresarios amigos al exterior). Para obtener el nuevo préstamo, el Poder Ejecutivo espera el espaldarazo del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, a quien Milei considera, junto con Israel, su aliado estratégico.
Así, la contradicción, donde los ricos son más ricos y los pobres más pobres; entre la soberanía y el despojo, se ha agudizado al máximo.
Se enciende la rebelión
Frente a esta realidad, la rebelión fue encontrando su camino de lucha, principalmente entre los trabajadores estatales, los sectores empobrecidos, los jubilados, la comunidad universitaria —ante la ofensiva gubernamental que recorta recursos y busca arancelar la educación superior— y las organizaciones sociales, perseguidas y estigmatizadas por el Ejecutivo Nacional, que eliminó la entrega de alimentos, así como partidas y programas sociales. Los jubilados y pensionados son las principales víctimas del ajuste: el recorte en este sector equivale al 24 % del PBI.
Pero esas luchas, si bien sientan un precedente para los tiempos que vendrán, y muestran que hay reservas hacia el futuro, aún no han llegado a ponerse en el centro de la escena política. Por diversos factores: un gran sector de la población tiene un balance negativo del último gobierno del Frente de Todos encabezado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que había despertado grandes expectativas tras el gobierno neoliberal de Macri (Juntos por el Cambio); a poco andar del gobierno de los Fernández se reconoció —sin investigarla— la deuda del gobierno de Macri con el FMI, se aumentó la precarización laboral, y sobre todo no decreció el ritmo de la inflación, que impactó en los precios de los bienes y servicios básicos, entre otras medidas que golpearon al pueblo. Durante la tragedia de la pandemia tampoco se aprovechó para avanzar en medidas populares que favorecieran a las mayorías populares.
Otra razón que explica la relativa expectativa hacia el gobierno de Milei es la defección de muchas direcciones sindicales que negocian con el gobierno y las patronales, desarmando y desprotegiendo a los trabajadores que soportan el ajuste brutal por despidos, precarización y pérdida del poder adquisitivo del salario, que ya llega a más del 30%.
Mientras tanto, los referentes más importantes de la oposición popular están sumergidos en una “crisis de representación”: el eje de su accionar no es la angustiosa situación del pueblo; se preocupan por garantizar la “institucionalidad”, y no buscan elevar la lucha popular y transformarla en una ola gigantesca que frene y barra todas estas políticas, que es la tarea del momento.
La contraofensiva popular
Vale recordar que Milei ganó en base a la situación adversa de las grandes mayorías y con el disfraz “disruptivo” de embestir contra la “casta política que se llena los bolsillos”. Sin embargo, con la brutal recesión generada por sus políticas logró bajar la inflación mensual, y crear una sensación de estabilidad controlando (de manera ficticia) el dólar. Pero su sustento está, sobre todo, en que la oposición que gobernó el país hasta hace un año no rompió decididamente con el programa de Milei, sino que permite, y en algunos casos es directamente parte, del consenso de la dependencia entreguista, extractivista y hambreadora en el que abrevan todos los sectores de las clases dominantes, empezando por el propio Milei.
Sin dudas, frente a la ofensiva diaria de la ultraderecha neofascista —que burla hasta las normas de la democracia liberal refiriéndose al Parlamento como un “nido de ratas” y al artículo 14 bis de la Constitución Nacional (los derechos laborales y sociales) como “una aberración”—, no organizar la contraofensiva popular es contribuir a la derrota cultural en marcha, que agita el odio y promueve el egoísmo y el individualismo, que convierte todo lo popular y público en sinónimo de corrupción o en obra de quienes califica de “zurdos de mierda” (palabras de Milei), y donde los pobres e inmigrantes —los llamados “marrones” (por el color de su piel)—, y las disidencias, son objeto de burla y represión.
Es fundamental dar visibilidad y fortaleza a las luchas en curso, así como trabajar para iniciar y multiplicar la organización en las fábricas y todos los lugares de trabajo de las ciudades y del campo, en las universidades, en los territorios, discutiendo colectivamente, armando “pliegos” con las reivindicaciones más urgentes, y al calor de eso organizar o reactivar las asambleas, juntas vecinales y otras formas de organización donde los trabajadores, estudiantes, vecinos y vecinas se vinculan y reconocen.
La importancia de motorizar verdaderos “cabildos abiertos” o “plazas de la dignidad” es vital para la unidad del campo popular, al igual que la coordinación del sindicalismo combativo, pero con un criterio de amplitud dentro del campo popular; esta vez deben ser las fuerzas revolucionarias, democráticas, antiimperialistas, ecologistas, feministas y anti-terratenientes las que dirijan el proceso de luchas en el año que se inicia, jugando con gran audacia para ser el factor de la unidad del campo popular, acaudillando así a amplios sectores y clases para cerrarle el paso al “golpismo institucional” que ya se prepara en ciertos rincones, y poner en marcha una propuesta revolucionaria de poder popular y nacional como la Asamblea Constituyente Soberana, con el pueblo como sujeto y en las calles.
Esta sería una herramienta para discutirlo todo a favor de los pueblos, y empezar a revertir la catástrofe social en que nos han sumergido, con el claro objetivo de la liberación nacional y social.
Gustavo Funes es militante de Comunismo Revolucionario – MLM y del Movimiento Popular de Liberación de la Argentina.




