Por Ross Wolfe
Publicado originalmente en inglés en: https://www.newintermag.com/against-losurdo/
Traducción por Diego Rotstain
“Marxismo Occidental”, ayer y hoy
En los últimos años, los escritos del fallecido marxista-leninista italiano Domenico Losurdo han ejercido una influencia creciente sobre sectores de la izquierda angloparlante. Hasta ahora, diez de sus libros y más de una docena de artículos han sido traducidos al inglés, junto con varias entrevistas. Durante su vida fue alabado como un “increíblemente bien leído” historiador de las ideas”[1], celebrado como “una de las grandes autoridades contemporáneas sobre Hegel”[2]. Póstumamente, Losurdo fue elogiado como erudito militante y académico sin límites[3]. Hoy en día, es reivindicado por los organizadores del Critical Theory Workshop y los responsables de la página web Red Sails como una de sus luces estelares. Sin embargo, algunos de sus textos han sido objeto de intensa controversia. Cuando Stalin: History and Critique of a Black Legend apareció por primera vez en italiano en 2008, generó una tormenta de indignación. Western Marxism: How it was Born, How it Died, and How it can be Reborn, su último trabajo escrito, ha causado también escándalo entre sus comentadores. Incluso antes de que la edición en inglés apareciera en septiembre de 2024 bajo el auspicio de Monthly Review Press, esta obra polemista recibió una reseña muy crítica en las páginas de una importante revista de izquierda[4].
Muchos de los más fervientes promotores de Losurdo en el mundo de habla inglesa han sugerido que existe una conspiración para suprimir la traducción de sus obras más controvertidas. Es difícil comprobar si fue o no el caso. Tienen razón al señalar, en cualquier caso, que es un error tratar sus libros sobre Stalin o sobre el marxismo occidental como si fueran de alguna manera aberraciones dentro de su corpus más amplio. No cabe duda de que los escritores producen obras de calidad desigual; algunos textos siempre serán más valiosos que otros. Pero el enfoque comparativo que adoptó respecto a esos temas es idéntico al que empleó en sus investigaciones sobre el liberalismo, la lucha de clases, la no-violencia, el bonapartismo contra la democracia, la historia revisionista, así como en sus estudios de filósofos sobre Hegel, Nietzsche y Heidegger. Losurdo incluso recicló varios argumentos que hizo en esos trabajos para su reconsideración de Stalin y su diatriba contra los marxistas en Occidente. Es fútil, por tanto, distinguir (como han intentado algunos editores) entre obras supuestamente basadas en investigación real y seria, frente a aquellas que no poseen mérito intelectual. ¿Por qué esos libros serían diferentes de los otros títulos que se publicaron, dado que aplicó el mismo método a cada objeto de estudio?
Sin embargo, existe también la posibilidad inversa. Tal vez ese tan exaltado método nunca fue tan sólido desde el principio. Al observar sus obras que han sido traducidas al inglés hasta ahora, de hecho parecería que su modus operandi era desorientar a los lectores con comparaciones envidiosas mientras los deslumbraba con erudición vacía. Su producción intelectual constituye nada menos que el reingreso del estalinismo en el reino de la filosofía, una nueva escuela de falsificación, todo al servicio de justificar el curso que la historia ha tomado. Todo lo que escribió debía alinearse con los intereses geopolíticos de aquellos pocos estados nominalmente socialistas que aún existen, sobre todo China. Cualquier cosa que estuviera fuera de sintonía con las políticas actuales de dichos Estados, o cualquier cosa que pusiera en duda su reivindicación de representar una tradición marxista revolucionaria ininterrumpida, era descartada por Losurdo como irrealista. Esto se aplicó también de retroactivamente. Los marxistas fuera de la Unión Soviética o China, que fueron críticos de este tipo de socialismo estatal desde los años veinte en adelante, fueron para Losurdo aparentemente ajenos a las dificultades de sobrevivir en un mundo imperialista. Pero se extendían incluso más atrás, hacia aquellos bolcheviques que rechazaron la línea estalinista de industrialización nacional. Incluía hasta a Marx y Engels mismos, quienes en su visión mantenían un punto de vista utópico.
El siguiente ensayo tomará el libro de Losurdo sobre el marxismo occidental como punto de partida, pero hará referencia a muchas de sus otras obras en el camino. Para facilitar la lectura, estará dividido en tres partes. La primera parte interrogará cómo fue históricamente articulado el “marxismo occidental ”, especialmente cómo fue asumido por las revistas influyentes de la Nueva Izquierda. Se verá que la noción fue evaluada de modo diferente según la orientación de esas revistas hacia el “socialismo realmente existente”, hacia la cuestión de la derrota, y hacia la perspectiva de la política revolucionaria en el presente. Aquí también se examinará la metodología utilizada por Losurdo. Luego, en una segunda parte hará referencia a los varios marxistas que él despreció, para ver si su caracterización de ellos resiste el escrutinio. Algo de su descuidado y por momentos incluso inescrupuloso academicismo será demostrado en esta sección. Finalmente, una tercera parte desafiará las credenciales antirrevisionistas de Losurdo. El revisionismo es un tema sobre el que escribió mucho, especialmente en lo que concierne a la historia de la guerra y la revolución, pero Losurdo mismo revisó las enseñanzas de Marx, Engels y Lenin en dos aspectos importantes: primero al negar la necesidad de una revolución proletaria internacional coordinada, y luego al negar que el Estado eventualmente se disolvería en una sociedad sin clases.

La trayectoria de una categoría
Según Russell Jacoby, la frase “marxismo occidental” emergió por primera vez durante los años veinte. Westlichen y europäischen Marxismus se usaban más o menos intercambiablemente para designar el marxismo no-soviético. Generalmente, ambas eran expresiones de carácter peyorativo[5]. Aunque era opositor del joven régimen bolchevique, el émigré menchevique Aleksandr Shifrin —un seguidor de Georgi Plejanov— contrastó el marxismo occidental desfavorablemente con su contraparte rusa en un artículo de 1927 publicado en Die Gesellschaft, de Rudolf Hilferding[6]. Incluso quienes más tarde serían identificados con la tradición desconfiaban del concepto en ese momento. Karl Korsch, junto con Georg Lukács —a menudo citados como algunos de los marxistas occidentales fundacionales— expresó su escepticismo hacia “las diversas corrientes del llamado marxismo occidental” en un artículo de 1938 para la revista consejista Living Marxism[7]. Ocho años antes, abandonando la posición que había adoptado en su ensayo de 1923 “marxismo y Filosofía”, Korsch se burló de la contraposición “de moda” entre el método de Marx y los resultados a los que se había llegado mediante su aplicación[8].
La primera vez que la frase recibió una valoración positiva fue en un célebre texto del fenomenólogo francés Maurice Merleau-Ponty, cuyo Aventuras de la Dialéctica (Les aventures de la dialectique) de 1955 mapeó la división entre sujeto y objeto, presente y futuro, y valor y hecho, desde el fin del siglo XIX hasta mediados del XX. Para él, marxisme occidental se refería sobre todo al esfuerzo heróico de Lukács en 1923 en Historia y conciencia de clase por superar esas oposiciones[9]. Escribiendo a raíz de la Revolución de Octubre, salvó el núcleo dialéctico del marxismo del naufragio de la Segunda Internacional, donde había quedado sepultado bajo décadas de reificación. Merleau-Ponty veía esto como emblemático del trabajo de los marxistas occidentales, un pequeño grupo de comunistas activos en los años veinte. Pero su heterodoxo hegelianismo no fue apreciado. Grigory Zinoviev, presidente de la Komintern, denunció a Korsch y Lukács como simples “profesores” desde el podio de su quinto congreso en junio de 1924[10]. Junto con Alabert Fogarasi y József Révai, fueron reprendidos nuevamente un mes después en un artículo en el diario Pravda, que defendía una teoría cruda de conocimiento como reflejo. En la visión de Merleau-Ponty, el marxismo occidental fue una vía prometedora que no se tomó[11].
Aventuras de la Dialéctica apareció un año antes del “discurso secreto” de Jruschov, donde este reveló los crímenes de Stalin. Debido a las extendidas críticas de Merleau-Ponty dirigidas contra su antiguo colega Jean-Paul Sartre[12] —quien había empezado a alinearse con el PCF— el libro provocó inmediatamente una reacción entre intelectuales afiliados al partido. Incluso Lukács intervino para repudiar su obra anterior[13]. Pero el año 1956 lo cambió todo. Los partidos comunistas en todo el mundo se vieron sumidos en crisis, primero por las revelaciones del XX Congreso y luego por la invasión soviética de Hungría. Esto marcó el nacimiento de la Nueva Izquierda, en el mundo angloparlante como en cualquier otro lado. Revistas como New Left Review, Telos y Radical Philosophy se sumaron a pioneros como Science & Society y Monthly Review. En las dos décadas siguientes, estas novedosas publicaciones elaborarán sus propias teorías al tiempo que buscaban corrientes disidentes del marxismo de Alemania, Hungría, Francia, Italia, Checoslovaquia y Yugoslavia. Explorando la desconocida dimensión del marxismo europeo posterior a Lenin[14], los escritores comenzaron a hablar genéricamente del “marxismo occidental”. En el sentido que ha tenido desde entonces, el marxismo occidental parecería un artefacto conceptual de la Nueva Izquierda.
¿Quiénes contaban como marxistas occidentales? Tal como la expresión llegó a utilizarse, el marxismo occidental resultó ser una categoría en gran medida incoherente, una suerte de cajón de sastre que abarcaba tendencias enormemente divergentes. Perry Anderson, principal referente de la New Left Review, fue el primero en ensayar una exposición sistemática. En su obra seminal Considerations on Western Marxism (1976) incluyó una gama de figuras más allá de Korsch y Lukács: teóricos críticos como Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Max Horkheimer; existencialistas como el ya citado Sartre; estructuralistas como Louis Althusser; así como marxistas anti-hegelianos más idiosincráticos como Galvano della Volpe y su protégé Lucio Colletti (quienes pueden ser descritos como “galileistas” y “kantianos”, respectivamente). Para Anderson, lo que unía a todos esos pensadores dispares era su huida de la política y la economía hacia la filosofía, invirtiendo el camino del propio Marx[15]. La evaluación de Anderson del marxismo occidental fue ambivalente: aunque elogió su ingenio teórico, consideraba que su divorcio de un movimiento obrero revolucionario era una desventaja práctica. Lo veía como síntoma del descuadre entre teoría y praxis en general, pero pensaba que dejaba huella en el lenguaje retorcido de los marxistas occidentales[16]. En aquel momento, el trotskismo parecía ofrecer una esperanza para Anderson[17].
Dialectic of Defeat: Contours of Western Marxism de Jacoby vino cuatro años después del libro de Anderson, ofreciendo otra perspectiva del asunto. En muchos sentidos, sigue siendo lo mejor de su género. A diferencia de Anderson, Jacoby definió el marxismo occidental de manera más estrecha. Para él, el término se refería exclusivamente a marxistas hegelianos. (Althusser, un antiguo favorito de New Left Review, junto con el economista althusseriano Charles Bettelheim, conectados a Monthly Review, fueron etiquetados como marxistas “conformistas” por Jacoby)[18]. Además de Korsch, Lukács, Adorno, Marcuse, Sartre y Merleau-Ponty, Dialectic of Defeat también listó a Henri Lefebvre, Cornelius Castoriadis y Claude Lefort como representantes del marxismo occidental, aunque sin tratarlos ampliamente[19]. Por supuesto, algunas versiones del marxismo soviético —especialmente la escuela en torno al gran crítico de Lukács, Abram Deborin— también se inspiraron en Hegel. Mientras los deborinitas miraban a la Ciencia de la Lógica para su sistema, el hilo común que unía a los marxistas occidentales era, sin embargo, un énfasis en la historia, la conciencia y la subjetividad. La Fenomenología del espíritu de Hegel era su biblia[20]. Corrientes izquierdistas como el luxemburguismo, el KAPD y el comunismo de consejos formaban un correlato político del marxismo occidental, que Jacoby juzgó positivamente[21].
El Marxismo Occidental de Losurdo está igualmente enmarcado como respuesta a los Considerations de Anderson, a pesar de su atraso de cuarenta años[22]. Si acaso Anderson dio una definición demasiado amplia de la noción, al menos tenía la virtud de incluir solo marxistas declarados. En cambio, el marxismo occidental para Losurdo era tan amplio que incluía anti-marxistas y no marxistas como Hannah Arendt, Michel Foucault y Giorgio Agamben. Otros marxistas de diversas estirpes también fueron agregados a la mezcla, para estar seguros: Mario Tronti y Antonio Negri, por ejemplo, pero también luminarias más recientes como Slavoj Žižek y Alain Badiou. La mayoría de las figuras que Anderson discutió en su texto clásico también fueron cubiertas por Losurdo. Para este último, el principio unificador que ataba entre sí a los marxistas occidentales era una falta de atención a las luchas anticoloniales, o un desprecio por los desafíos a que éstas estaban obligadas a enfrentarse[23]. En lugar de enfrentarse a las duras realidades del poder estatal, los marxistas occidentales optaron por aferrarse a vagas expectativas mesiánicas[24]. Como puede deducirse de estas afirmaciones, la valoración de Losurdo del marxismo occidental fue abrumadoramente negativa. En cambio, recomendaba apoyar verbalmente regímenes desarrollistas del tercer mundo que construyeran el socialismo en aislamiento. En otras palabras, Losurdo abogaba por una forma de neoestalinismo.
Resulta útil triangular la categoría de marxismo occidental observando cómo fue interpretada por Anderson, Jacoby y Losurdo, tal como se ha esbozado más arriba. El alcance del concepto, su consistencia básica y el juicio sobre el que recaía cambiaron en cada caso, dependiendo en parte de la orientación política del autor. Estos libros, sin embargo, no solo expresaban las perspectivas de los tres individuos que los escribieron; eran expresiones de tres de las revistas de izquierda ya mencionadas. Anderson era, y sigue siendo, editor principal de New Left Review. Jacoby era en ese momento editor de Telos. Obviamente, Losurdo no formaba parte de la junta editorial de ninguna de esas publicaciones en inglés. Sin embargo, una forma de comprender la decisión de Monthly Review de publicar su libro es situarla dentro de una rivalidad histórica entre casas editoriales de izquierda. Puede verse como un ataque tardío contra Verso, antes New Left Books, el sello de New Left Review. Cada una de estas publicaciones cultivó una orientación sobre políticas revolucionarias que cambió con el tiempo, y sus actitudes hacia el marxismo occidental reflejan este hecho.

Sobre la política editorial de la izquierda
En los años sesenta, mientras la junta editorial de New Left Review coqueteaba políticamente con el tercermundismo, el wilsonismo, el guevarismo y el maoísmo[25], la revista tradujo artículos de varios marxistas continentales: Lukács, Gramsci, Benjamin, Bloch, Adorno, Sartre, della Volpe, Althusser y Colletti. Gramsci y Althusser en particular se convirtieron en puntos de referencia para los editores hacia fines de la década, solo para ser reemplazados por Colletti alrededor de la mitad de la siguiente. Anderson escribió sus Considerations como “una hoja de balance conclusiva” de este período de actividad, esperando hacer cuentas con los marxistas occidentales[26]. El libro señalaba el comienzo de la fase trotskyzante de la revista en los setenta, cuando buscaba pensadores como Ernest Mandel, Sebastiano Timpanaro y Livio Maitan como guías[27]. Para Anderson, solo el trotskismo había resistido las distorsiones impuestas sobre otras variedades de marxismo no soviético por el cerco a la URSS: “el sello oculto del marxismo occidental en su conjunto es tal que es producto de la derrota. El fracaso de la revolución socialista para expandirse fuera de Rusia, causa y consecuencia de su corrupción dentro de Rusia, es la fundación común para toda la tradición teórica de ese tiempo”.[28] El marxismo occidental ofreció lecciones valiosas, pero New Left Review continuaba avanzando[29].
Telos nació en 1968, ocho años después de New Left Review, pero incorporó traducciones al inglés de muchos de los mismos marxistas europeos de su primo transatlántico. En contraste con esta última, sin embargo, Telos nunca estuvo tan enamorada del gramscismo o del althusserianismo como lo estuvo del marxismo fenomenológico o de la teoría crítica. Más tarde derivaría en dirección posmarxista, dividiéndose en un ala habermasiana que enfatizaba la importancia de la sociedad civil (el grupo asociado con esta tendencia formó otra revista llamada Constellations) y un ala schmittiana orientada al populismo, pero durante su primera docena de años Telos defendió la herencia de la primera generación de la Escuela de Frankfurt[30]. Esto explica la antipatía de su editor en jefe, Paul Piccone, hacia los Considerations de Anderson[31]. Martin Jay intentó intervenir[32], pero sin éxito[33]. Piccone acusaba a Anderson y New Left Review de una “regresión teórica hacia el trotskismo”, entendido este como una nota a pie de página histórica del autoritarismo leninista. La obra Dialectic of Defeat de Jacoby, el mayor logro que coronaba la primera fase de Telos, reconsideró la cuestión de la derrota planteada por Anderson. “¿Las derrotas del marxismo heterodoxo albergan aperturas para el futuro? ¿Los éxitos del marxismo ortodoxo simplemente enmascaran su registro nefasto en los países capitalistas avanzados?” preguntaba Jacoby[34].
La posición de Monthly Review sobre el marxismo occidental, así como sobre la derrota, es un poco menos directa que la de Telos o New Left Review. Paul A. Baran, uno de los principales teóricos de Monthly Review desde su primer número en 1949 hasta su muerte prematura en 1964, tenía un vínculo biográfico directo con la Escuela de Frankfurt. Después de estudiar durante cuatro años bajo el prominente líder de la Oposición de Izquierda y economista Evgeny Preobrazhensky en Moscú, Baran tomó un puesto en 1930 como asistente de Friedrich Pollock en el Instituto de Investigación Social[35]. Allí conoció a Marcuse, quien se convirtió en amigo cercano por toda la vida. Baran no simpatizaba con las posiciones políticas de Adorno y Horkheimer, como le confió a Marcuse en una carta[36], pero apreciaba su crítica cultural[37]. Uno de los editores fundadores de Monthly Review, Paul M. Sweezy, se apoyó en los ensayos juveniles de Lukács sobre metodología marxista y reificación, así como en la biografía de Marx escrita por Korsch[38]. Cuando Baran y Sweezy colaboraban en Monopoly Capital, el primero insistió en la distinción que Lukács había hecho entre método y resultados[39]. Aunque fue eliminado del borrador final del libro tras la muerte de Baran, un capítulo no publicado citaba a Adorno sobre la televisión[40].
Más allá de esta conexión con la Escuela de Frankfurt, Monthly Review Press en los setenta publicó escritos de autores que Anderson clasificaba como marxistas occidentales. Marxism and Philosophy de Korsch, Lenin and Philosophy de Althusser y Rousseau to Lenin de Colletti salieron alrededor de esa época. A diferencia de Telos o New Left Review, sin embargo, ninguno de los editores de Monthly Review publicó un libro intentando resumir el desarrollo del marxismo occidental. Los libros de Anderson y Jacoby fueron revisados críticamente en las páginas de la revista, yéndole mejor al último[41]. Es solo recientemente que la junta editorial ha puesto mayor peso sobre este cuerpo de pensamiento. John Bellamy Foster, sucesor de Sweezy, ha hablado así del “retiro cuádruple” del marxismo occidental : “(1) el retiro de la noción de clase; (2) el retiro de la crítica del imperialismo; (3) el retiro de la naturaleza/materialismo/ciencia; y (4) el retiro de la razón”[42]. Con más amplitud, Foster alega que “el problema con la tradición del marxismo occidental, en el sentido en el que Anderson lo referenció y en la forma en la que Losurdo lo criticó, es que representó una dialéctica de la derrota, incluso durante aquellas décadas en que la revolución se expandía por el globo”[43].
Esta referencia oblicua al título del libro de Jacoby, en una frase que invoca explícitamente los tratados de Anderson y Losurdo sobre el tópico, revisita una vez más el tema de la derrota. Gabriel Rockhill y Jennifer Ponce de León destacan esto en su introducción coescrita al texto de Losurdo: “La supuesta derrota que es el sello del marxismo occidental, según Anderson, en realidad solo aplica a Europa y, más precisamente, a Europa occidental”, sostienen. “Desde el punto de vista de la clase trabajadora global, este período [1920–1970] fue uno de grandes avances y algunas remarcables victorias”[44]. Comparada con Telos y New Left Review, Monthly Review siempre ha sido más favorable al “socialismo realmente existente”. Baran pudo haber despreciado la “repulsiva tiranía orientalizante” de Stalin[45], quien asesinó a los opositores de izquierda que él conocía en la universidad y lo privó de ver a su madre[46], pero aún así defendió a la Unión Soviética de las críticas de Marcuse[47]. A pesar de ello, Monthly Review terminó apoyando a China en la escisión sino-soviética[48]. Una vez que China comenzó reformas pro-mercado bajo Deng, algunos de los editores vacilaron. Sweezy era escéptico acerca de esas medidas[49], pero finalmente los vientos cambiaron. Foster y los otros editores han documentado los zigzags de la revista en el tiempo[50].
Publicar a Losurdo, cuyas simpatías dengistas están bien documentadas[51], parecería consolidar esta reorientación hacia China. Al mismo tiempo, le permite a Monthly Review disparar contra los marxistas occidentales de los anaqueles de New Left Review usando al historiador italiano como un proxy. Verso aún a veces relanza de su catálogo trasero títulos clásicos de Korsch, Lukács, Adorno y Althusser, todos ellos blanco de Losurdo en Western Marxism. Sobre estas figuras, el libro polemiza contra Žižek, Badiou y David Harvey, tres de los principales generadores de dinero de Verso durante los años dos mil y la década del 2010. Foster aún guarda rencor hacia New Left Review por publicar el ataque de Robert Brenner al “marxismo neo-smithiano” en 1978, que se dirigió a los teóricos de la dependencia asociados con Monthly Review[52]. Anderson también había lanzado un ataque incidental contra Sweezy en sus Consideraciones, al afirmar en una nota al pie que este había renunciado a conceptos centrales de la crítica económica de Marx —como la plusvalía y la composición orgánica del capital— en favor de categorías keynesianas[53]. (Este punto también fue hecho por Paul Mattick, así como por Mandel)[54].
Una breve palabra sobre Rockhill, antes de profundizar finalmente en el Marxismo Occidental de Losurdo. Cualesquiera que sean las deficiencias de esta obra, que son harto conocidas, es importante distinguir a Losurdo de su autoproclamado exponente, que solo usa su obra como soporte. La preocupación primordial de Rockhill es lo que él llama “la industria de la teoría” —modificada de la Kulturindustrie de Adorno— en lugar de una investigación temática del marxismo en Occidente à la Losurdo. Para Rockhill, que de momento está planeando una trilogía sobre el tema en el Monthly Review Presst, todo se reduce a un vulgar cuento de agencias gubernamentales estadounidenses e intrigas de la Guerra Fría. Hace gran hincapié en el secreto a voces de que Marcuse, junto con otros asociados de la Escuela de Frankfurt como Franz Neumann y Otto Kirchheimer, prestaron servicios durante la Segunda Guerra Mundial a la OSS[55] (predecesora de la CIA). (Monthly Review menciona tímidamente que Sweezy fue empleado por la misma oficina[56], pero falla en señalar que Baran también trabajó para la Strategic Bombing Survey). Adorno escribió un texto para Der Monat, medio financiado por la CIA, como si eso de algún modo comprometiera sus teorías[57]. Rockhill disfraza todo esto con verborrea cuasi-marxista sobre producción, circulación y consumo de conocimiento, pero su discurso es realmente así de básico. No es que sean de comparable estatura, pero Lenin montó el vagón de tren hacia la Estación Finlandia con oficiales del ejército alemán[58]. Incluso Fidel Castro recibió fondos de la CIA[59].
Cuestiones de selección, método y marco en la interpretación de Losurdo
Ya se mencionó antes que la elección de figuras a abordar en un libro titulado Marxismo Occidental es inusual. Arendt y Agamben nunca fueron marxistas y, a parte de un corto coqueteo con el maoísmo, Foucault tampoco lo fue. Uno podría argumentar con algo de justificación que han sido interlocutores importantes para la izquierda occidental, si es que existe, pero es decepcionante que cuarenta páginas se dediquen a esos autores cuando Losurdo podría haberse ocupado de los círculos de Socialisme ou Barbarie o Arguments, o incluso de algunos de los situacionistas. Castoriadis, Lefort y Jean-François Lyotard durante sus años marxistas, o Lefebvre, Guy Debord y Raoul Vaneigem en cualquier momento, habrían sido objetos más adecuados para el análisis de Losurdo, dado su cometido. Los escritos tempranos de Jean Baudrillard podrían haber sido un insumo interesante. Marxistas británicos como E. P. Thompson, Stuart Hall y Raymond Williams fácilmente habrían entrado en su sondeo. En EE.UU., mientras tanto, un universo entero de teóricos podría haber sido cubierto, comenzando por la tendencia Johnson-Forest. Raya Dunayevskaya (Forest) y C. L. R. James (Johnson), junto con James y Grace Lee Boggs, escribieron estudios importantes en el período de posguerra. Dunayevskaya había correspondido con Marcuse sobre filosofía.
Más allá de esto, como algunos reseñistas han comentado, la selección de textos tratados en Marxismo Occidental puede ser bastante extraña. Alguien dijo con razón que “el procedimiento de Losurdo de construir argumentos a partir de un collage errabundo de pasajes tomados de documentos disímiles parece socavar muchas de sus conclusiones”[60]. ¿Por qué dedicarle tanto tiempo a mirar la edición de 1916 de Spirit of Utopia de Bloch, o a declaraciones esporádicas de Lukács de 1915 y 1916?[61] Ninguno de ellos ya había llegado, en ese entonces, a ser un marxista convencido. Por la misma razón, ¿tiene sentido analizar una conferencia de Horkheimer de 1970 o una entrevista realizada a Colletti de 1980?[62] Cada uno de ellos ya se había distanciado definitivamente del marxismo. Más aún, no es claro de dónde Losurdo obtuvo algunas largas citas atribuidas a Marcuse que aparecen en el segundo capítulo[63]. Las líneas citadas no aparecen en la transcripción de “The End of Utopia”, charla que dio a fines de los sesenta y que es citada en las notas a pie de página. Finalmente, Losurdo a menudo omitía tratar las obras teóricas centrales de los marxistas occidentales, prefiriendo permanecer en textos ocasionales menores. No se detuvo, por ejemplo, con Logic as a Positive Science de della Volpe, eligiendo, en cambio, permanecer en un oscuro intercambio con Norberto Bobbio sobre los derechos[64].
Dejando de lado tales cuestionables decisiones sobre qué incluir, uno puede preguntarse cómo trató Losurdo los autores y textos que sí seleccionó. Marxismo Occidental avanza mediante una serie de yuxtaposiciones disonantes, colocando pasajes de Adorno y Althusser lado a lado con citas de Mao Zedong y Ho Chi Minh. Menciones de la temprana admiración de Bloch sobre Estados Unidos seguidas rápidamente por “ahora consideremos a Ho Chi Minh”.[65] Uno de los tratados más maduros del marxista alemán es inmediatamente contrastado con una columna contemporánea de Mao: “ahora, veamos la conclusión del artículo del líder comunista chino”.[66] Algunas veces Losurdo colocaba simplemente una fecha al lado de extenso extracto de Bobbio o Tronti y luego narraba algún suceso dramático que ocurría por aquel entonces. “El 7 de mayo de 1954, en Dien Bien Phu, un ejército popular liderado por el Partido Comunista puso fin a la dominación colonial francesa en Indochina”.[67] Mientras tanto, Bobbio y della Volpe perdían su tiempo discutiendo si la URSS gozaba o no de libertades civiles. “Estamos en 1966”.[68] Justo cuando Tronti publicó Workers and Capital en Italia, los vietnamitas se enfrentaban al ejército estadounidense. Cinco años antes, EE. UU. había lanzado una invasión a Cuba.
Cualquiera podría adivinar qué tienen que ver unas cosas con las otras. El punto de todas esas non sequiturs resulta ser que los marxistas occidentales habían fallado en seguir la injunción hegeliana de comprender su propio tiempo en el pensamiento. Hegel y Marx tenían pilas de periódicos sobre sus escritorios como prueba de que estaban conectados con los eventos actuales[69]. En cambio, los intelectuales marxistas a lo largo del Occidente permanecieron desconectados de las luchas que ocurrían en el mundo a su alrededor. Si tan solo hubieran prestado atención, quizá no habrían estado tan desconectados de los movimientos descolonizadores que surgían en la periferia. La revolución del siglo XX (y quizá incluso más allá) no fue socialismo versus capitalismo, sino anticolonialismo versus colonialismo[70]. El imperialismo era el Hauptwiderspruch[71] de la época. Superar las relaciones sociales capitalistas en búsqueda de un futuro comunista se volvió de importancia secundaria[72]. La independencia nacional era la orden del día, pues la revolución internacional estaba fuera del tablero. Losurdo prefería, entonces, el patriotismo social de Ho y Mao al cosmopolitismo desarraigado de Trotsky, Lukács, Benjamin y Bloch, como respuesta más adecuada a las demandas de la era[73].
Como es claro, en el primer nombre de esta lista, Losurdo ubicaba la bifurcación entre “los dos marxismos” dentro del propio grupo que lideraba a los bolcheviques. “Trotsky, que consideró el poder alcanzado por los bolcheviques como un trampolín para lanzar la revolución en Occidente, representaba eminentemente el marxismo occidental”, escribió Losurdo. “Stalin, en cambio, fue la encarnación del marxismo oriental: él nunca salió de Rusia, y… presentó la revolución proletaria como instrumento necesario para reafirmar la independencia nacional rusa”[74]. Marx, Engels y Lenin habían asumido que sería necesaria una revolución en los países más avanzados para derrocar el capitalismo. Es cierto que también habían escrito —Marx y Engels ocasionalmente, especialmente cuando se trataba de Polonia e Irlanda, y Lenin de modo más sistemático— en apoyo de la liberación nacional. Pero lo hicieron sobre todo como complemento de la revolución mundial, esperando debilitar bastiones reaccionarios como Rusia e Inglaterra[75], o desestabilizar el núcleo imperial[76]. Losurdo, autodefinido como realista, sentía que la suposición del marxismo clásico de que la revolución debía ocurrir en los países más avanzados era infundada y necesitaba ser revisada. Superar el capitalismo sería un proceso mucho más prolongado de lo que Marx, Engels o Lenin habían imaginado[77], y requeriría construcción estatal.
Esto lleva a Losurdo a uno de sus caballitos de batalla favoritos: su tesis de que la doctrina marxista del desvanecimiento del Estado ha tenido consecuencias desastrosas para los esfuerzos por realizar el comunismo[78]. Él lo argumentó una y otra vez a lo largo de su obra[79], a veces incluso afirmando que la doctrina evidenciaba un origen anarquista nocivo[80]. Mientras Marx, Engels y Lenin predijeron la eventual desaparición del poder estatal, Losurdo creía que ese pronóstico milenarista debía ser revisado. Según como lo plantea, el anticolonialismo “consistía en liquidar la sujeción colonial para construir un Estado nacional independiente”. Tras 1917, “lo que inspiró la revolución de los pueblos subyugados no fue la clave de ‘un Estado que se desvanece’, sino un Estado que está siendo construido”[81]. A diferencia de esta actitud más positiva hacia el Estado, los marxistas occidentales se apropiaron de los elementos más utópicos del marxismo, “acentuando la tendencia mesiánica en Marx y Engels”[82]. Los marxistas orientales estaban impelidos a tomar las riendas del poder y, así, no temieron ensuciarse las manos[83]. Lenin, según Losurdo, supuestamente se apartó en la práctica de la fantasía del desvanecimiento del Estado, aunque nunca renunció oficialmente a ello en la teoría[84].
Ambos temas —la necesidad de una revolución proletaria internacional coordinada en los países más avanzados, y la reabsorción del poder estatal por la sociedad— serán expuestos más adelante en la tercera parte de este ensayo. No hace falta decir que Losurdo divergió radicalmente de lo que Marx, Engels y Lenin tenían que decir al respecto de cada uno de estos temas. La próxima parte de este ensayo, sin embargo, examinará los escritos de los diversos marxistas occidentales que atacó en su libro para determinar si la imagen que les atribuye allí coincide con lo que realmente escribieron. Sus lecturas son tan tendenciosas como para desafiar la credibilidad, y por tanto deben compararse con el material fuente para evaluar la precisión de sus acusaciones. Se mostrará que casi habitualmente Losurdo tergiversa a los teóricos que vapulea en Marxismo Occidental, y que esto pertenece a una más amplia mala fe que recorre sus trabajos.
Agradecimientos a Russell Jacoby por sus útiles comentarios sobre la primera parte de este ensayo.
[1] Nick Serpe, “Liberalism’s Exclusions and Expansions: A Review of Liberalism: A Counter-History,” Jacobin (№ 5: Winter 2012), p. 60.
[2] Fredric Jameson, propaganda para la traducción de Hegel and the Freedom of Moderns de Losurdo (2004).
[3] Angelo d’Orsi, “A Militant and a Scholar: Remembering Domenico Losurdo, 1941-2018,” traducido por David Broder, Verso (29 de Junio del 2018).
[4] David Broder, “Eastern Light on Western Marxism: A Review of Il marxismo occidentale: Come nacque, come morì, come può rinascere,” New Left Review (Series II, № 107: October 2017), pp. 131-146.
[5] “El término ‘marxismo occidental ”’ (y ‘marxismo Europeo’) entró en los diccionarios marxistas en los años veinte. La edición soviética los enlistó de forma despectiva.” Russell Jacoby, Dialectic of Defeat: Contours of Western Marxism (New York, NY: Cambridge University Press, 1981), p. 59.
[6] Max Werner [Aleksandr Shifrin], „Der Sowjetmarxismus“, Die Gesellschaft: International Revue für Sozialismus und Politik (Volumen IV, № 2: Febrero 1927), pp. 42-67. Nota de la traducción: todas las citas a pie de página en adelante son traducciones nuestras del inglés.
[7] l.h. [Karl Korsch], “The Marxist Ideology in Russia,” Living Marxism (Volumen IV, № 2: Marzo 1938), p. 50.
[8] “Es… completamente contrario al espíritu de la dialéctica, y especialmente de la dialéctica materialista, contraponer el “método” materialista dialéctico a los resultados sustantivos alcanzados al aplicarlo a la filosofía y a las ciencias. Este procedimiento se ha vuelto muy popular en el marxismo occidental». Aquí debe leerse a Korsch como criticando implícitamente a Lukács. Karl Korsch, “The Present State of the Problem of ‘Marxism and Philosophy’: An Anti-Critique” [1930], translated by Fred Halliday, Marxism and Philosophy (New York, NY: Monthly Review Press, 2008), p. 134.
[9] Maurice Merleau-Ponty, “‘Western’ Marxism,” Adventures of the Dialectic [1955], traducido Joseph Bien (Evanston, IL: Northwestern University Press, 1973), pp. 30-58.
[10] Grigory Zinoviev [Sinowjew], „Bericht über die Tätigkeit der Exekutive“ [19 Juni 1924], Fünfter Kongress der Kommunistischen Internationale, Band I (Berlin: Verlag Carl Hoym, 1925), p. 53.
[11] Maurice Merleau-Ponty, “Pravda”, Adventures of the Dialectic, pp. 59-73.
[12] Maurice Merleau-Ponty, “Sartre and Ultrabolshevism,” ibid., pp. 95-201.
[13] Casi tanto como hizo en el prefacio al relanzamiento de 1967 de Historia y Conciencia de Clase, y tanto así como Korsch lo hizo en los años treinta (aunque desde un ángulo opuesto). Kevin Anderson, Lenin, Hegel, and Western Marxism: A Critical Study [1995] (Boston, MA: Brill, 2002), pp. 298-300
[14] Dick Howard and Karl E. Klare, The Unknown Dimension: European Marxism since Lenin (New York, NY: Basic Books, 1972).
[15] “El marxismo occidental en su totalidad paradójicamente invirtió la trayectoria del propio desarrollo de Marx. Donde el fundador del materialismo histórico se movió progresivamente de la filosofía hacia la política y luego a la economía, como el terreno central de su pensamiento, los sucesores de la tradición que emergieron después de 1920 retornaron a crecientes de la economía a la política y la filosofía”. Perry Anderson, Considerations on Western Marxism (New York, NY: Verso Books, 1976), p. 52.
[16] “Nacido del fracaso de las revoluciones proletarias en las zonas avanzadas del capitalismo europeo tras la Primera Guerra Mundial, [el marxismo occidental] se desarrolló dentro de una creciente escisión entre la teoría socialista y la práctica de la clase trabajadora… El resultado fue el aislamiento de los teóricos en las universidades, lejos de la vida del proletariado en sus propios países, y una contracción de la teoría desde la economía y la política hacia la filosofía. Esta especialización estuvo acompañada de una creciente dificultad del lenguaje, cuyas barreras técnicas eran una función de su distancia respecto de las masas”. Ibid., pp. 92-93
[17] “La tradición que desciende de Trotsky ha sido… un contraste polar, en la mayoría de los aspectos esenciales, con la del marxismo occidental. Se concentró en la política y la economía, no en la filosofía”. Ibid., p. 100.
[18] Véase el capítulo “marxismo conformista” en Jacoby, Dialectic of Defeat, pp. 11-36.
[19] Ibid., pp. 108-109.
[20] Véase el capítulo “The Marxism of Hegel and Engels” en ibid., pp. 37-58.
[21] “El predominio de las obras filosóficas no significó un retroceso, sino un avance hacia un reexamen del marxismo. Aquí difiero de las Considerations on Western Marxism de Anderson. No veo al marxismo occidental como un desvío desafortunado del ‘marxismo clásico’; ni tampoco espero su extinción.” Ibid., pp. 6-7.
[22] “Este libro toma su título de un libro de 1976 en el que un filósofo inglés, marxista y militante comunista (trotskista), invitaba al ‘marxismo occidental ’ a declarar por fin su completa distinción e independencia respecto de la caricatura del marxismo en los países oficialmente socialistas y marxistas, todos los cuales se encontraban en Oriente.” Domenico Losurdo, Western Marxism: How it was Born, How it Died, How it can be Reborn [2017], trad. Steven Colatrella y George de Stefano (Nueva York: Monthly Review Press, 2024), p. 37. Varios comentadores han señalado que Losurdo creyó erróneamente que Anderson celebraba el marxismo occidental . Véase, por ejemplo, Tom Canel, “Go East, Young Marxist?”, Platypus Review (n.º 172: diciembre–enero de 2025).
[23] “En líneas generales, el marxismo occidental perdió la cita con la revolución anticolonialista mundial.”Losurdo, Western Marxism, p. 140.
[24] “Adictos al papel de oposición y crítica, y en grados diversos influidos por el mesianismo, [los marxistas occidentales] miran con sospecha y desaprobación el poder que [los marxistas orientales] están llamados a ejercer a raíz de la victoria de la revolución.” Ibid., p. 200.
[25] “Se le podría imputar a la New Left Review haber atravesado fases de tercermundismo latente o incipiente (1962–1963), wilsonismo (1964), jruschovismo (1962–1965), guevarismo (1967–1968), estudiantilismo (1968–1970) y maoísmo (1968–1970). La sobreestimación del campesinado y de la pequeña burguesía a expensas del proletariado, dentro del bloque de clases necesario para llevar a cabo la revolución socialista, se combinó con ilusiones ingenuas en la socialdemocracia occidental, el comunismo soviético y el comunismo chino como fuerzas organizativas que trabajaban por el socialismo mundial, en distintas fases de la evolución de la revista. El registro político de la New Left Review ha sido, en este sentido, muy irregular.” Anónimo, “Decennial Report” [1972], citado en Gregory Elliott, Perry Anderson: The Merciless Laboratory of History (Minneapolis, MN: University of Minnesota Press, 1998), pp. 92–93.
[26] Anderson, Considerations on Western Marxism, p. viii.
[27] Duncan Thompson, Pessimism of the Intellect? A History of “New Left Review” (Monmouth: Merlin Press, 2007), p. 112.
[28] Anderson, Considerations on Western Marxism, p. 42.
[29] “Hoy, la experiencia completa de los últimos cincuenta años de imperialismo sigue siendo una suma central e ineludible que debe ser saldada por el movimiento obrero. El marxismo occidental ha sido parte integral de esa historia, y ninguna nueva generación de socialistas revolucionarios en los países imperialistas puede simplemente ignorarlo o eludirlo. Saldar cuentas con esta tradición —tanto aprendiendo como rompiendo con ella— es, por tanto, una de las precondiciones para una renovación local de la teoría marxista hoy”. Ibid., p. 94.
[30] Paul Piccone, “Twenty Years of Telos” [1988], Confronting the Crisis: Writings (New York, NY: Telos Press, 2008), p. 257.
[31] Paul Piccone, “Considerations on Western Marxism,” Telos (№ 30: 1976), pp. 213–216.
[32] Martin Jay, “Further Considerations on Anderson’s Considerations on Western Marxism,” Telos (№ 32: 1977), pp. 162–167.
[33] Andrew Arato and Paul Piccone, “Rethinking Western Marxism: Reply to Martin Jay,” Telos (№ 32: 1977), pp. 167–174.
[34] Jacoby, Dialectic of Defeat, p. 5.
[35] Paul M. Sweezy, “Paul Alexander Baran: A Personal Memoir,” Paul A. Baran, 1910–1964: A Collective Portrait (New York, NY: Monthly Review Press, 1965), pp. 32–33.
[36] Paul A. Baran, carta a Herbert Marcuse [7 de octubre de 1962], traducida por Joseph Fracchia, The Baran-Marcuse Correspondence (1 de marzo de 2014). Consultada el 16 de marzo de 2025.
[37] Citando el ensayo “maestrol” de Adorno sobre Aldous Huxley en Paul A. Baran, The Political Economy of Growth [1957] (New York, NY: Penguin, 1976), p. 460.
[38] Paul M. Sweezy, The Theory of Capitalist Development: Principles of Marxian Political Economy [1942] (New York, NY: Monthly Review Press, 1970), pp. 11, 20-21, 31, 36; Paul M. Sweezy, The Present as History: Essays and Reviews on Capitalism and Socialism [1953] (New York, NY: Monthly Review Press, 1986), pp. i, vi.
[39] Paul A. Baran, carta a Paul M. Sweezy [5 de diciembre de 1958], The Age of Monopoly Capital: Selected Correspondence, 1949-1964 (New York, NY: Monthly Review Press, 2017), pp. 224-225.
[40] Paul A. Baran y Paul M. Sweezy, “The Quality of Monopoly Capitalist Society: Culture and Communications” [1964], Monthly Review (Volumen LXV, n.º 3-4: julio-agosto de 2013), p. 62.
[41] Richard D. Wolff, “Western Marxism,” Monthly Review (Volumen XXX, n.º 5: septiembre de 1978), pp. 55-64; Joel Kovel, “Western Marxism” (Volumen XXXIV, n.º 7: noviembre de 1982), pp. 56-63.
[42] John Bellamy Foster, “Western Marxism: A Dialogue with Gabriel Rockhill,” Monthly Review (Volumen LXXVI, n.º 10: marzo de 2025), p. 9.
[43] Ibid., p. 19.
[44] Gabriel Rockhill y Jennifer Ponce de León, “Socialism as Anticolonial Liberation: Contemporary Lessons from Losurdo” en Losurdo, Western Marxism, p. 15.
[45] Paul A. Baran, “On Soviet Themes” [1956], The Longer View: Essays Toward a Critique of Political Economy (New York, NY: Monthly Review Press, 1971), p. 372.
[46] Sweezy, “Paul Alexander Baran,” pp. 33-34.
[47] Paul A. Baran, carta a Herbert Marcuse [17 de mayo de 1954], The Baran-Marcuse Correspondence.
[48] Paul M. Sweezy y Leo Huberman, “The Split in the Socialist World,” Monthly Review (Volumen XV, n.º 1: mayo de 1963), pp. 1-20.
[49] “No creo que sea posible que una sociedad socialista desarrolle una sociedad civil necesaria mediante métodos capitalistas, como Deng Xiaoping y su grupo aparentemente sintieton que ocurriría si continuaban las reformas capitalistas que iniciaron tras la muerte de Mao”. Paul M. Sweezy, “Marxist Views: An Interview,” Monthly Review (Volumen XLII, n.º 5: octubre de 1990), p. 7.
[50] Sin autor, “Note from the Editors,” Monthly Review (Volumen LXXIII, Nº 3: July–August 2021), pp. 155–156.
[51] Domenico Losurdo, “Has China Turned to Capitalism? Reflections on the Transition from Capitalism to Socialism,” International Critical Thought (Volumen VII, Nº 1: March 2016), pp. 15–31.
[52] “[El imperialismo] fue… frecuentemente ignorado por la izquierda occidental… Esto fue acompañado de ataques frecuentes contra las teorías de la dependencia, el intercambio desigual y la teoría del sistema-mundo… Uno piensa en el intento de Robert Brenner en New Left Review de designar a Sweezy, André Gunder Frank e Immanuel Wallerstein como ‘marxistas neo-smithianos’”. Foster, “Western Marxism,” p. 12.
[53] Anderson, Considerations, pp. 47–48.
[54] Paul Mattick, “Monopoly Capital” [1966], Anti-Bolshevik Communism (London: Merlin Press, 1978), pp. 187-209; Ernest Mandel, “The Labor Theory of Value and Monopoly Capital,” International Socialist Review (Volume XXVIII, № 4: Julio-Agosto 1967), pp. 29-42..
[55] Franz Neumann, Herbert Marcuse y Otto Kirchheimer, Secret Reports on Nazi Germany: The Frankfurt School Contribution to the War Effort [1942–1945] (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2013).
[56] Gabriel Rockhill y Zhao Dingqi, “Imperialist Propaganda and the Ideology of the Western Left Intelligentsia: From Anticommunism and Identity Politics to Democratic Illusions and Fascism,” Monthly Review (Volume LXXV, No. 7: diciembre de 2023), p. 20.
[57] Gabriel Rockhill, “The CIA and the Frankfurt School’s Anticommunism,” Los Angeles Review of Books (27 de junio de 2022).
[58] El propio Lenin probablemente no estaba al tanto de los fondos desembolsados por el gobierno alemán a los bolcheviques, aunque debió saber que el capitán von Planetz y el teniente von Buhring eran del personal militar alemán. Él conocía personalmente a todos los demás en el vagón de tren. Véanse los documentos 14–21 en Germany and Revolution in Russia, 1915–1918: Documents from the Archives of the German Foreign Ministry, traducido por Zbyněk Zeman (London: Oxford University Press, 1958), pp. 25–31.
[59] Según un periodista que era cercano a Castro, la CIA financió a ambos bandos de la guerra civil cubana para enturbiar las aguas. El total recibido por los rebeldes llegaba a alrededor de 50.000 dólares. Tad Szulc, Fidel: A Critical Portrait [1987] (New York, NY: Perennial, 2002), pp. 427–428.
[60] Timothy Brennan, “‘Western Marxism’ is Not a Monolith,” Jacobin (4 de noviembre de 2024).
[61] Sobre el jóven Bloch, véase Losurdo, Western Marxism, pp. 44, 48–49, 53–54, 61, 63–64, 69–71. Sobre el jóven Lukács, véase ibid., pp. 48, 61–62.
[62] Sobre el Horkheimer maduro, véase ibid., pp. 114–115, 143. Sobre el Colletti maduro, véase ibid., pp. 97–98, 224–225.
[63] Ibid., pp. 128–130.
[64] Ibid., pp. 95–96. Contrastó la respuesta de Della Volpe a Bobbio aquella de Togliatti en ibid., pp. 92–95. A Losurdo le gustaba citar este último episodio histórico. Véase Domenico Losurdo, Véase Domenico Losurdo, Democracy or Bonapartism: Two Centuries of War on Democracy [1993], traducido por David Broder (Nueva York, NY: Verso, 2024), pp. 250–251.
[65] Ibid., p. 71.
[66] Ibid., p. 111.
[67] Ibid., p. 94.
[68] Ibid., p. 99.
[69] Ibid., pp. 227–231.
[70] El segundo capítulo de Losurdo es “Socialism versus Capitalism, or Anticolonialism versus Colonialism?”.
[71] Nota de la traducción: contradicción principal, en castellano.
[72] “[La agresión imperialista] convirtió en secundario el problema de construir una sociedad socialista o comunista.” Ibid., p. 82.
[73] Ibid., pp. 48–53.
[74] Ibid., p. 68.
[75] “Así como [Marx] consideraba la cuestión polaca… como una palanca para el derrocamiento de la dominación rusa, del mismo modo consideraba la cuestión irlandesa como una palanca para el derrocamiento de la dominación inglesa del mundo”. Franz Mehring, Karl Marx: The Story of His Life [1918], traducido por Edward Fitzgerald (Ann Arbor, MI: University of Michigan Press, 1962), p. 391.
[76] “Las dialécticas de la historias son tal que las pequeñas naciones, impotentes como factor independiente en la lucha contra el imperialismo, desempeñan una parte como uno de los fermentos, uno de los bacilos, que ayudan a la fuerza antiimperialista real, el proletariado socialista [en las grandes naciones], a hacer su aparición en la escena.” Vladimir Lenin, “The Discussion on Self-Determination Summed Up” [julio de 1916], traducido por Yuri Sdobnikov, Collected Works, volumen 22 (Moscú: Progress Publishers, 1964), p. 357.
[77] De acuerdo con Losurdo, Mao había comprendido esto: “Lejos de ser reemplazado o de perderse de vista, el socialismo se convirtió en un objetivo extendido a lo largo de un período mucho más largo de lo previsto [por Marx, Engels y Lenin]. Por otro lado, también fue invocado y propuesto en nombre de la conquista y la defensa de la independencia nacional”. Losurdo, Western Marxism, p. 87.
[78] “A menudo, el marxismo ha hablado de la desaparición del poder como tal —no de la limitación del poder, sino de su desaparición—, del marchitamiento del Estado, y así sucesivamente. Esta visión es una visión mesiánica, que ha desempeñado un papel muy negativo en la historia del socialismo y el comunismo… [Tuvo] consecuencias terribles en países como la Unión Soviética”. Domenico Losurdo, “Liberalism and Marx: An Interview with Pamela C. Nogales C. and Ross Wolfe,” Platypus Review (n.º 46: mayo de 2012), p. 3.
[79] “[L]a teoría de la extinción del Estado fluye en una visión escatológica de una sociedad sin conflicto que, en consecuencia, no necesita normas de legalidad para regular o limitar conflictos”. Domenico Losurdo, “Flight from History? The Communist Movement between Self-Criticism and Self-Contempt” [1999], traducido por Charles Reitz, Nature, Society, and Thought (volumen XIV, n.º 4: octubre de 2000), p. 505.
[80] “[La] extraordinariamente perspicaz fenomenología del poder de Marx termina en una ‘solución’ utópica y utopista —el desvanecimiento del Estado, una ‘solución’ que ha desempeñado un papel catastrófico en todos los intentos de construir una sociedad poscapitalista o no capitalista… El hecho es que, ya en Marx, y más aún en la tradición que tomó la posta de él, se percibe la influencia negativa de la tradición anarquista… Este es el caso incluso del Estado y la Revolución de Lenin.” Losurdo, Democracy or Bonapartism, pp. 320–321.
[81] Losurdo, Western Marxism, p. 49.
[82] Ibid., p. 39.
[83] “La bifurcación entre el marxismo oriental y el marxismo occidental se reduce a un contraste entre marxistas que ejercen el poder y marxistas que estaban en la oposición y se concentraron cada vez más en la ‘teoría crítica’, la ‘deconstrucción’ y la denuncia del poder y de las relaciones de poder como tales”. Ibid., p. 206.
[84] “Los desafíos de dirigir un país ayudaron considerablemente a Lenin, Mao y otros dirigentes, y al marxismo oriental en su conjunto, a dejar ir expectativas mesiánicas y a desarrollar una visión más realista de la construcción de una sociedad poscapitalista”. Ibid., p. 206.




