Por Eleutério F. S. Prado
Publicado originalmente en portugués en el site: https://aterraeredonda.com.br/tecnofeudalismo/
Según Yanis Varoufakis, en su espantoso Technofeudalism: What Killed Capitalism1, el capital ahora está en las nubes. Para delirio de toda una corte de perplejos, afirma categóricamente que el capital ya no se encuentra tanto en las máquinas, sino que se ha transformado en algoritmo y, como si fuera humo, ha ascendido a los cielos. Es impresionante ya que, al permanecer junto a las estrellas, el condenado ha dejado obsoletos a los mercados. También es admirable porque, de este modo, el astuto logró expandir su alcance: ahora no solo explota a los trabajadores asalariados en la esfera de la producción mercantil, sino que también “arranca el cuero” a los capitalistas.
Son afirmaciones tan abismales que es necesario probar que fueron dichas: “El cloud capital eliminó a los mercados y los sustituyó por una especie de feudo digital, donde no solo los proletarios –los precarios–, sino también los burgueses y los capitalistas vasallos, están produciendo plusvalor (…) [para ciertos señores]. Están produciendo rentas (rent). Están produciendo renta de nube, porque el feudo ahora es un feudo de nube, para los dueños del cloud capital”.2
Debo examinar estas afirmaciones con detenimiento, porque –confieso– me dejaron estupefacto. Como Yanis Varoufakis también dice que su “libro se inserta directamente en la tradición político-económica marxista” y que se trata de “una obra de erudición marxista”, no necesito pedirle permiso para confrontar lo que escribe de manera espectacular con lo que dijo Karl Marx. ¿Son convergentes?
Es necesario empezar desde el principio. En El capital, explicando qué es el fetichismo de la mercancía en la cuarta sección del capítulo I, su autor dice que “el misterio de la forma mercancía consiste, simplemente, en el hecho de que refleja a los hombres las características sociales de su propio trabajo como características objetivas de los productos del propio trabajo”.3 ¿Y qué?
Bien, necesito mostrar hacia dónde quiero llegar. La teoría neoclásica, que domina la mente del 90 por ciento de los economistas y legitima a quienes deben ser considerados competentes, dice que la máquina es capital, el oro es dinero, la mercancía es simplemente un bien. Por lo tanto, decir que los algoritmos (con sus datos) son capital (cloud capital) no parece ser una violencia contra la razón científica dominante.
Sin embargo, Marx consideraba este tipo de formulación como vulgar, como un ejemplo de superficialidad de la “economía vulgar”. Pues, al igual que en todas ellas, únicamente se consideran los fenómenos tal como se presentan, siendo expresiones del fetichismo que se inscribe en las mercancías en general. Así, las características sociales del trabajo se están atribuyendo al producto del trabajo. En todas hay una confusión entre la forma y el soporte de la forma, entre el valor y el valor de uso.
Para no caer en el fetichismo, se debe decir que el capital es máquina, el dinero es oro y el bien es mercancía, formas de expresión que colocan al capital como sujeto que no se agota en sus predicados. En el caso que nos ocupa, no se debería decir cloud capital, sino capital in the cloud, es decir, capital en la nube, si es que no se quiere caer en el fetichismo de la mercancía.
Yanis Varoufakis afirma, además, que el sistema económico ya no se orienta hacia la obtención de ganancias, tal como aseguró Marx. En el capítulo IV del Libro I, por ejemplo, este último autor señaló que “el valor de uso nunca debe ser tratado como la meta inmediata del capitalismo. Tampoco la ganancia aislada, sino únicamente el movimiento incesante de la ganancia”. Así, el capitalismo, por lo tanto, persigue la obtención de ganancias y más ganancias, teniendo como meta la acumulación: incrementar el capital.
Yanis Varoufakis, incluso siendo marxista, discrepa de esta posición central: “Si el capitalismo se basa en el mercado y está orientado hacia la obtención de ganancias, bien, entonces lo que tenemos ahora ya no es capitalismo, porque no se basa en el mercado. Se basa en plataformas digitales que se asemejan a feudos tecnológicos o feudos de la nube. Estos feudos están impulsados por dos formas de ganancia. Una de ellas es la renta de la nube, que es lo opuesto a la ganancia, y la otra es el dinero del banco central, que financió la construcción del capital en la nube. Ahora bien, esto no es capitalismo”.
En este fragmento hay una identificación clara del capitalismo con lo que los economistas neoclásicos llaman mercado: para ellos, que aprehenden este modo de producción desde la circulación mercantil, el capitalismo es una economía de mercado. Pero, como bien se sabe, para Marx el capitalismo se caracteriza por la relación de capital, es decir, por la relación entre el capital y el trabajo subsumido por él (asalariado, esclavizado o autónomo).
Sin embargo, como “capitalismo = economía de mercado” para Yanis Varoufakis, este puede llegar a la brillante conclusión de que, si ahora dominan las plataformas, ya no estamos en el capitalismo. Pero, incluso desde esa perspectiva, está equivocado, porque las plataformas operan vendiendo mercancías, se insertan en los mercados, son modos de organización de los mercados. Las plataformas no sustituyen a los mercados, los internalizan mediante algoritmos mercadológicos (Amazon es el mejor ejemplo de este proceso).
Pero hay otra confusión en la teorización superficial de Yanis Varoufakis. Parece desconocer que, en el capitalismo contemporáneo, la forma de capital dominante es el capital financiero, o capital altamente concentrado, como también puede llamarse. El primer término, como es sabido, fue acuñado por Rudolf Hilferding en su libro homónimo, ya en 1909. También fue empleado por Vladimir Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo y recibió, en el siglo XXI, una actualización pertinente por parte de François Chesnais en su obra Finance Capital Today (2016).
En este libro, el capital financiero se entiende como la forma de capital que pasó a dominar tras la superación del capital que opera a través de la gran industria, tal como se presenta en El capital, exclusivamente en el circuito D – M – D’. La base del capital financiero son las corporaciones, a través de las cuales el capital se mueve no solo en el circuito D – M – D’, sino también en el circuito D – D’. En consecuencia, opera tanto como capital como también como capital-mercancía. Esta última categoría fue presentada por Marx únicamente en el capítulo XXI del libro III de su obra magna.
En palabras de François Chesnais, el capital financiero se constituye mediante la “concentración y centralización, simultánea e interrelacionada, del capital-dinero, el capital industrial y el capital comercial”. En esta configuración, opera de forma transnacional, expresando el imperialismo. Chesnais distingue, además, el capital financiero del capital de finanzas o financista, es decir, “el capital monetario concentrado que opera en los mercados financieros”.4 Este último, según él, es gestionado por bancos, fondos de todo tipo, holdings, pero también por los departamentos financieros de las corporaciones no financieras.
Si Yanis Varoufakis tuviera una buena comprensión de la obra de Marx, no diría, además, que la forma de ganancia en las plataformas es la renta (rent). Esta noción denota una ganancia asociada externamente al capital y, en consecuencia, es ajena a su sistema conceptual. La noción de rentismo proviene de Joseph Proudhon, habiendo llegado a la teoría económica contemporánea –porque es inofensiva, expresa una protesta ingenua– a través de John M. Keynes. Es evidente que esta noción está contenida en la tesis de que “la propiedad es un robo”, de que “la propiedad es insostenible porque exige algo por nada”, núcleo de la crítica al capitalismo realizada por el gran filósofo anarquista mencionado anteriormente.
Para entender mejor el desvío de Yanis Varoufakis, es necesario dar tres pasos. En el primero, ya dado, se observa que las plataformas capitalistas son apenas un soporte material del capital financiero, un medio para que las empresas corporativas generen dinero. Lo que se mueve a través de las plataformas –es necesario subrayarlo– es el capital financiero. En el segundo paso, se comprende las categorías de “capital” y “ganancia”. En el tercero, se entienden las categorías de “capital-mercancía” y de “interés”. Esto se encuentra en el capítulo XXI del libro III:
Sobre el capital: “dinero (…) transformado en capital y, en virtud de esa transformación, puede pasar de un valor dado a un valor que se valoriza a sí mismo, que se multiplica. Produce ganancia, es decir, permite al capitalista extraer de los trabajadores cierta cantidad de trabajo no pagado, plusproducto, plusvalor, y apropiárselo”.
Sobre el valor de uso del dinero como capital: “así adquiere, además del valor de uso que posee como dinero, un valor de uso adicional, a saber, el de funcionar como capital. Su valor de uso, una vez transformado en capital, consiste precisamente en la obtención de la ganancia”.
Sobre el capital como mercancía: “En esta condición de capital potencial, de medio para la producción de ganancia, se convierte en mercancía, pero una mercancía sui generis. O, lo que es lo mismo, el capital se convierte en mercancía”. Y en esta condición, ya sea como dinero o como medio de producción, se presta para obtener una ganancia.
Sobre la ganancia del capital como mercancía: “La parte de la ganancia que se le paga se llama interés, que no es más que un nombre particular, una rúbrica particular para una parte de la ganancia que el capital en funcionamiento, en lugar de embolsarse, tiene que pagar al propietario del capital”.5
Pues bien, fue desde esta perspectiva que, en artículos anteriores, critiqué el libro Techno-feudalism de Cédric Durand: Tecnofeudalismo o socialismo del capital, Sobre el tecnofeudalismo y Crítica de la sinrazón tecnofeudal. En síntesis, argumenté en esos artículos que las plataformas se han convertido en una base material del capital corporativo, algo que surgió con la tercera revolución tecnológica, después de haberse producido la mundialización del capital, tal como fue descrita por François Chesnais. Pero también se pretendió presentar en esos artículos una tesis sobre el proceso de socialización del capital, tesis que se vuelve a presentar aquí.
El capital corporativo, basado en general en el capital accionario, ya no es capital privado, sino capital social, capital de individuos directamente asociados: “consiste” –para usar algunas palabras del propio Marx contenidas en el capítulo XXVII del libro III– “en la superación del capital como propiedad privada, dentro de los límites del propio modo de producción capitalista”. Lejos de superar el capitalismo, esta configuración contemporánea realiza el capital como concepto y es también una marca del ocaso del capitalismo. En consecuencia, haciendo justicia al rigor de Marx, en lugar de tecnofeudalismo, se debería hablar provocativamente de “socialismo del capital”.
Ahora bien, es notorio que Yanis Varoufakis identifica el capitalismo con el capitalismo industrial de la gran industria, ya sea en la configuración competitiva del siglo XIX o en la configuración monopolista del siglo XX. De ahí que vea como necesario “hacer una transición lingüística de la palabra ‘capitalismo’ a alguna otra cosa”. Pues algo diferente ocurrió en el capitalismo después del advenimiento de la posguerra que lo transformó como sistema de relaciones de producción. Para François Chesnais, se trata del capitalismo financiero; para Yanis Varoufakis, del asombroso tecnofeudalismo. Pero también se podría decir que se trata de un supercapitalismo.
Así, el capitalismo, según él, aún existe, pero está siendo explotado por otro sistema que se superpuso a él: el tecnofeudalismo. Según este economista performático, dicho sistema ahora parasita al capitalismo que aún existe y en el que todavía se produce el valor y el plusvalor. Ahora bien, es posible dudar de esto, ya que es evidente que las corporaciones operantes en las plataformas todavía buscan la obtención de ganancias, ya sea bajo la forma de ganancia industrial o bajo la forma del interés. El capital no solo explota, también expropia; también succiona como un vampiro.
Y buscan este aumento de beneficios no solo generando plusvalía en sus dominios, sino también capturándola ya sea en el proceso de formación de precios o mediante las aplicaciones financieras. Así, el capital ficticio, es decir, el capital que no comanda directamente la producción de plusvalor, pero que también busca valorizarse, también es capital. Porque el capital es la relación social que subsume, directa o indirectamente, el trabajo.
Para finalizar, me gustaría citar un fragmento del escrito de Yanis Varoufakis con el que estoy de acuerdo: “Tengo la esperanza de que quizás estas tensiones crecientes empujen a la humanidad hacia un enfrentamiento decisivo entre el bien y el mal, entre los opresores y los oprimidos. Pero la rápida aproximación de la catástrofe climática representa el riesgo de llegar al punto de no retorno antes de que ocurra esa resolución”.
El mal que él señala, como he dicho, no es precisamente el neofascismo, sino el suicidarismo neoliberal, es decir, el neoliberalismo radicalizado porque se ha vuelto paranoico. Por tanto, no puedo estar de acuerdo con él cuando dice que la solución es un nuevo y simple “Bretton Woods”.
Eleutério F. S. Prado es profesor del Departamento de Economía de la Universidad de São Paulo.
1 Yanis Varoufakis. Technofeudalism: what killed capitalism. Hoboken, Melville House Publishing, 2024, 304 págs.
2 Ver Moscrop, David – Are we transitioning from capitalism to silicom serfdom? – An interview with Yanis Varoufakis. Jacobin USA: https://jacobin.com/2024/02/yanis-varoufakis-techno-feudalism-capitalism-interview.
3 Marx, Karl – O capital – Crítica da Economia Política. Livro I. São Paulo: Abril Cultural, 1983.
4 Chesnais, François – Finance Capital Today – Corporations and banks in the lasting global slump. Leiden Brill, 2016.
5 Marx, Karl – O capital – Crítica da Economia Política. Livro III. São Paulo: Abril Cultural, 1983.




