La izquierda peruana frente a China

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Por Sebastián Sarapura

La reciente inauguración del Puerto de Chancay ha sido recibida con entusiasmo, no solo por el empresariado peruano y sus representantes políticos, sino también por algunas organizaciones de izquierda. La nueva megaobra de infraestructura, junto con el fortalecimiento de las relaciones económicas con la República Popular China (RPCh), es vista con simpatía por organizaciones como el Partido Comunista Peruano (PCP)[1] y el Partido Comunista del Perú – Patria Roja (PC del P – PR)[2]. Estas agrupaciones emitieron saludos y pronunciamientos favorables a la aproximación del Perú con China en el contexto de la visita del presidente Xi Jinping al Perú para la última cumbre APEC, celebrada en noviembre de 2024. El PCP, además, realizó una serie de publicaciones en sus redes sociales reivindicando el sistema de gobierno y el modelo económico implementado con las reformas de Deng Xiaoping.[3]

El beneplácito de estos partidos ante la profundización de las relaciones económicas entre Perú y China es coherente con los programas políticos que defienden. Para ellos, la transformación revolucionaria de la sociedad peruana se reduce a la superación del neoliberalismo. Este se entiende como la política económica predominante desde la década de 1990, implementada en gran medida como una imposición de los intereses estratégicos de Estados Unidos (EE. UU.) en la región. Así, la lucha contra el neoliberalismo implicaría la constitución de un gobierno capaz de devolver al Estado su función planificadora e implementar reformas de carácter democrático. A nivel de relaciones internacionales, también supondría buscar la asociación con países menos injerencistas que EE. UU.

Esa visión táctico-estratégica contribuye, sin duda, a que la experiencia china sea asumida como paradigmática. A diferencia de otros países capitalistas, especialmente aquellos dependientes, el Estado chino se caracteriza por un fuerte intervencionismo, evidenciado en el control estatal sobre el sector financiero o en el protagonismo de la gestión estatal en sus principales conglomerados empresariales. La Comisión de Administración y Supervisión de Activos del Estado del Consejo de Estado (SASAC), por ejemplo, regula de manera centralizada las actividades de las principales empresas públicas chinas que operan en el mundo mediante la elaboración de proyectos de ley y reglamentos relacionados con la administración de todos los activos estatales estratégicos.[4] La SASAC supervisa empresas con activos combinados de 26 billones de dólares, ingresos de 3,6 billones de dólares y un valor estimado de acciones de 7,6 billones de dólares.[5] Además, si se compara con el tipo de intervencionismo político y militar que ha caracterizado a EE. UU., es evidente que la política exterior china es diferente. Se presenta como un “poder blando” que salvaguarda sus intereses económicos de forma pragmática, sin aventurarse en incursiones militares ni en un injerencismo político o diplomático desembozado (al menos por el momento).

Dado que las organizaciones de izquierda peruana tienden a identificar el neoliberalismo simplemente con una reducción del intervencionismo del Estado en la economía, resulta comprensible que la experiencia china sea percibida como un ejemplo de lo que es un proceso de transformación progresivo. Este horizonte, sin embargo, dista mucho de constituirse como una alternativa real a la barbarie que impera hoy en el mundo y que tiene su raíz en las relaciones sociales de producción capitalistas, de las cuales ninguna formación social vinculada al mercado mundial está al margen. Mucho menos una que está a punto de erigirse como la nueva potencia hegemónica y que refuerza patrones de comercio internacional asimétricos con países de la periferia.

Aunque es cierto que las particularidades de China hacen que su caracterización sea un objeto de enconados y legítimos debates, existen elementos que permiten extraer conclusiones acerca del papel que cumple objetivamente en el sistema capitalista mundial. En el caso peruano, no deberían caber dudas al respecto. China es el principal destino de las exportaciones peruanas desde 2012, superando a la Unión Europea, EE. UU. y los países de la Comunidad Andina de Naciones (CAN). En 2021, las exportaciones peruanas a China superaron en más de 10.000 millones de dólares a las realizadas hacia la UE o EE. UU.[6] El grueso de estas exportaciones fueron materias primas y productos alimentarios, destacándose los minerales de cobre y sus concentrados, harina de pescado, minerales de hierro y minerales de plomo. Por otro lado, las importaciones peruanas de China consisten fundamentalmente en productos manufacturados (aparatos electrónicos, vehículos terrestres y aparatos de telecomunicaciones).[7]

El sesgo primario-exportador también se evidencia en las inversiones de capital de origen chino. Son especialmente relevantes las inversiones en las ramas de la producción dedicadas a la extracción de mercancías minero-energéticas, así como en el procesamiento y exportación de productos alimentarios. Entre las inversiones más emblemáticas destaca la realizada en la mina Las Bambas, operada por el conglomerado estatal China Minmetals Corporation (MMG). Esta constituye una de las inversiones extranjeras directas más importantes en la historia del Perú. Su adquisición inicial requirió un desembolso aproximado de 7.000 millones de dólares, y posteriormente se han realizado inversiones adicionales de alrededor de 3.000 millones de dólares, elevando el monto total a 10.000 millones de dólares. La explotación de las minas de cobre en Las Bambas representa cerca del 1% del Producto Bruto Interno (PBI) del Perú y aproximadamente el 2% de la producción mundial de cobre. [8]

La inversión de capital para la construcción del Puerto de Chancay también constituye un movimiento estratégico para consolidar al Perú y a la región latinoamericana como un gran reservorio de materias primas y productos alimentarios. La estatal Cosco Shipping Ports es el principal accionista, con una inversión de 1.300 millones de dólares, equivalente al 60% del capital necesario para un total estimado de 3.600 millones de dólares.[9] Con la construcción de esta obra, el Perú se consolidará como un importante centro logístico en el comercio entre Asia y Latinoamérica, reduciendo significativamente los tiempos de circulación de las mercancías intercambiadas entre ambos territorios. El efecto inevitable será la profundización de las asimetrías productivas derivadas de la especialización que engendra un patrón comercial que se basa en el intercambio de materias primas por productos manufacturados.

Más del 90% de las exportaciones peruanas se realizan por vía marítima, y casi la mitad de ellas tienen como destino Asia, mientras que el 48% de las importaciones provienen de esta región. Con la entrada en funcionamiento del puerto, las cargas hacia y desde Asia podrán reducir sus tiempos de circulación hasta en 15 días, lo que permitirá una mayor rentabilidad de las exportaciones y facilitará la importación de bienes a menores costos, con efectos especialmente nocivos para los productores mercadoinernistas.[10]

Así como estas inversiones, existen numerosos ejemplos que ilustran la orientación del capital de origen chino y las tendencias que refuerza en países como el Perú. No hay indicios de que el tipo de relaciones económicas que se establecen con China difiera del que se mantuvo históricamente con otras potencias capitalistas.[11] Sin embargo, esta abrumadora evidencia no inquieta a la izquierda peruana, que se mantiene acrítica y guarda silencio frente al reforzamiento de la dependencia comercial y financiera con la potencia asiática. Ni siquiera el hecho de que la profundización de estas relaciones se dé bajo la gestión gubernamental de partidos de derecha, responsables de matanzas contra la clase obrera, ha incentivado posicionamientos críticos por parte de estas organizaciones en el marco de la cumbre APEC.

La limitada perspectiva de la izquierda peruana contrasta con la claridad de los movimientos sociales, que, desde sus luchas concretas, denuncian los efectos antinacionales y expoliadores del capital chino y de otras potencias capitalistas. Ejemplos de esta resistencia se encuentran en las comunidades campesinas de Cotabambas, los obreros de la Shougang en Marcona y los pescadores artesanales de Piura, quienes alertan sobre la depredación del mar peruano por megaembarcaciones chinas que operan ilegalmente. Estas acciones espontáneas muestran una perspectiva política mucho más avanzada que la de amplios sectores de la izquierda peruana, al señalar con mayor precisión la postura necesaria frente a una potencia que, en alianza con capitalistas y políticos locales, profundiza la condición rezagada del país en el mercado mundial.

Ninguna organización que aspire a liderar estas luchas puede adoptar una postura titubeante frente a la iniciativa de los trabajadores y del pueblo que enfrenta cotidianamente los efectos nocivos del capital nacional y extranjero. La superación de la condición primario-exportadora, del denominado “neoliberalismo” y de la situación rezagada del país en el mercado mundial, lejos de depender de un recambio geopolítico entre las potencias o de una simple modificación de la política económica, requiere la expropiación y centralización del capital en manos de la clase obrera, con el fin de iniciar un proceso de transición al socialismo, orientado por la planificación consciente de la producción y la superación de la lógica automática que imponen las relaciones mercantiles.

La indulgencia de la izquierda peruana frente a la expansión económica china, consecuencia de su precariedad intelectual, organizativa y programática, evidencia que el proceso socialista en el Perú se desarrollará al margen de estas organizaciones e, incluso, en abierta oposición a sus programas. Para los intelectuales comprometidos con las luchas populares y las organizaciones políticas que aspiran a liderar un cambio revolucionario, es fundamental analizar la realidad de manera crítica, orientando la producción de conocimiento al servicio de los intereses históricos de la clase obrera y del pueblo. En este sentido, la crítica interna a las posiciones ideológicas dentro de la izquierda constituye un paso imprescindible para construir una alternativa organizativa auténticamente clasista.

Dado que la reproducción del capital en el Perú parece cada vez más determinada por el proceso de acumulación en China, resulta urgente cuestionar las posturas apologéticas hacia esta potencia. En consecuencia, es indispensable emprender una “[…] crítica despiadada de todo lo existente, despiadada tanto en el sentido de no temer los resultados a los que conduzca como en el de no temerle al conflicto con aquellos que detentan el poder”.[12]


[1] Ver, por ejemplo: https://www.instagram.com/p/DCcB8_3uMSY/.

[2] Ver, por ejemplo: https://www.instagram.com/p/DCXV-kEpSwk/.

[3]  Ver, por ejemplo: https://www.instagram.com/p/DCet0AQp5L-/

[4] “La Comisión de Supervisión y Administración de Activos de Propiedad Estatal del Consejo de Estado (SASAC, por sus siglas en inglés) es una institución directamente gestionada por el Consejo de Estado. Es una organización ad hoc de nivel ministerial subordinada directamente al Consejo de Estado. El Comité del Partido de la SASAC desempeña las responsabilidades asignadas por el Comité Central del Partido Comunista Chino”. Fuente: http://en.sasac.gov.cn/sasacaboutus.html.

[5] Reporte Asia. SASAC: la administradora de los activos estatales chinos. Fuente: https://reporteasia.com/opinion/2021/09/05/sasac-administradora-activos-estatales-chinos/

[6] ITC (2023). Recuperado de: https://www.trademap.org/Index.aspx; Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo, MINCETUR/PROMPERÚ (2023). Recuperado de https://exportemos.pe/promperu-stat

[7] ITC (2023) op., cit.

[8] La República. “China moviliza casi un cuarto de todas las inversiones extranjeras realizadas en el Perú” (Entrevista a Carlos Aquino). Recuperado de: https://especial.larepublica.pe/puente-a-china/2024/04/09/china-moviliza-casi-un-cuarto-de-todas-las-inversiones-extranjeras-realizadas-en-el-peru-821529.

[9] Ibid.

[10] Ibid.

[11] Un levantamiento de los capitales chinos en Perú para el periodo 2001-2021 puede leerse en nuestro artículo “Los capitales chinos y la burguesía peruana: relaciones económicas y políticas (2001-2021)”. Publicado en China en América Latina y el Caribe: ¿nuevas rutas para una vieja dependencia? el nuevo ‘tercer mundo’ y la perspectiva del ‘desarrollo’. Rubén Laufer, Fernando Romero Wimer (orgs). Curitiba: Appris, 2024.

[12] Marx, K. Carta a Arnould Ruge 1843. Recuperado de: https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m09-43.htm.

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