Losurdo, Marx, Lenin y la cuestión nacional

Por Renato Caputo e Holly Golightly

Traducción realizada a partir de la versión original en italiano disponible en: https://www.lacittafutura.it/unigramsci/losurdo,-marx,-lenin-e-la-questione-nazionale

La lucha de clases impone, según Domenico Losurdo, la superación de los intereses particulares; pero trascender los intereses particulares no es algo sencillo: es necesaria la conciencia de clase. Losurdo insiste en que la conciencia revolucionaria de clase no es algo inmediato: el proletariado no es consciente de forma inmediata de la explotación y, sobre todo, no está inmunizado frente a la influencia de la ideología dominante. Y si esto ya era cierto en tiempos de Marx, cuando el proletariado estaba influido por la propaganda chovinista y racial que justificaba la expansión colonial de Occidente, lo es aún más hoy, dado que la clase dominante dispone de un aparato propagandístico mucho más poderoso que entonces, gracias a los medios de comunicación de masas, que vehiculan lo falso con el fin de construir consenso.[1]

Esta ampliación original del concepto de lucha de clases podría parecer, sin duda, excesiva a los ojos de un marxista ortodoxo. La interpretación de la teoría de Marx y Engels que propone Losurdo en este libro reciente es, en ese sentido, quizá la más heterodoxa: la que se aparta con mayor claridad del marxismo tradicional. Entre las formas que puede asumir la lucha de clases, Losurdo otorga un lugar central a la lucha por la independencia nacional, un tema que le resulta particularmente caro. Mientras que en un trabajo anterior se examinó principalmente su crítica al marxismo occidental[2], al que reprocha la tendencia a subestimar la cuestión nacional, en este texto nos proponemos profundizar en la identificación que establece entre lucha de clases y lucha por la independencia nacional, confrontándola con la interpretación que ofrece Lenin sobre este problema. La elección de Lenin como término de comparación no es casual. El propio Losurdo sostiene, en otros escritos, que Lenin se encuentra más avanzado que Marx y Engels en el tratamiento de la cuestión nacional.

Uno de los aspectos que Losurdo subraya, en relación con la lucha por la liberación nacional, es que esta no implica únicamente al proletariado, sino también a otras clases sociales; como recuerda el propio Engels en un artículo de la Neue Rheinische Zeitung del 3 de septiembre de 1848 dedicado a Polonia: “Polonia […] se convirtió en un momento de la revolución de Rusia, de Austria y de Prusia. Su oposición contra los opresores era al mismo tiempo oposición contra la alta aristocracia dentro de la propia Polonia. Incluso la nobleza, que en parte se encontraba todavía en un terreno feudal, se unió a la revolución democrático-agraria con un espíritu de sacrificio sin precedentes”.[3]

También Lenin, en su ensayo Sobre el derecho de autodeterminación de las naciones (1914), recuerda cómo Marx y Engels consideraban “un deber absoluto para toda la democracia occidental europea, y más aún para la socialdemocracia, el apoyo activo a las reivindicaciones de independencia de Polonia”[4]. Sin embargo, Lenin añade que la posición de Marx y Engels era correcta en los años cuarenta y sesenta del siglo XIX, cuando la “mayoría de los países eslavos” permanecía adormecida y no existían movimientos democráticos de masas y, por consiguiente, “el movimiento de liberación de la nobleza polaca tenía una importancia gigantesca”[5]. En el siglo XX, en cambio, dicha posición de Marx respecto a Polonia ya no resultaba adecuada: en los países eslavos se han desarrollado “movimientos democráticos independientes e incluso un movimiento proletario independiente”, mientras que “la Polonia nobiliaria ha desaparecido y ha cedido su lugar a la Polonia capitalista”[6], perdiendo así su importancia revolucionaria.

Esto no significa, obviamente, según Lenin, que haya que oponerse al “principio de autodeterminación política de las naciones”[7], ni a su derecho a separarse. Los partidos proletarios persiguen, en efecto, un doble objetivo: por un lado, reconocer el derecho de autodeterminación de todas las naciones, “puesto que la transformación democrática burguesa aún no ha concluido”; y, por otro, “la unidad indisoluble de la lucha de clases de los proletarios de todas las naciones de un mismo Estado, en todas las vicisitudes de su historia”[8]. No existe, por tanto, contradicción alguna, para Lenin, entre el internacionalismo y el reconocimiento del derecho de autodeterminación y de separación de las naciones oprimidas, ya que en este último no hay nada de chovinista: “en el reconocimiento del derecho de autodeterminación de todas las naciones hay el máximo de democracia y el mínimo de nacionalismo”. [9]

Además, recuerda Losurdo, junto a Polonia, Marx y Engels se interesaron también por la liberación de Irlanda e insistieron principalmente en el apoyo que los obreros ingleses debían prestar a la lucha de liberación nacional de ese pueblo: “esta debía tener como protagonistas, de un lado, a los obreros ingleses, y del otro, a la nación irlandesa en cuanto tal. Los primeros estaban llamados a apoyar la “lucha nacional irlandesa” y a distanciarse de la política que “aristócratas y capitalistas” ingleses llevaban a cabo “contra Irlanda” en su conjunto”.[10]

Continuando con la confrontación con el texto de Lenin, este último subraya asimismo la inmensa importancia que la cuestión irlandesa tiene para Marx y Engels, así como el apoyo de los obreros ingleses al repeal, es decir, a la derogación de la Unión con Inglaterra y, por tanto, de hecho, a la independencia de Irlanda. Más aún —continúa Lenin—, Marx “pensó al principio que Irlanda no sería liberada por un movimiento nacional, sino por el movimiento obrero de la nación que la oprimía”[11]; solo cuando la clase obrera inglesa se deja influir por los liberales y, en cambio, el movimiento burgués en Irlanda se vuelve revolucionario, Marx modifica su posición al respecto. El hecho es que —prosigue Lenin—, para Marx, “la clase obrera en Inglaterra no se liberará mientras Irlanda no se haya liberado del yugo inglés. La opresión de Irlanda refuerza y alimenta la reacción en Inglaterra”[12]. En efecto, a juicio de Lenin, si el capitalismo hubiera sido superado en Inglaterra, “no habría habido lugar para un movimiento nacional democrático burgués en Irlanda”[13]; Marx aconseja, por tanto, a los obreros ingleses apoyar el movimiento irlandés precisamente porque en Inglaterra el capitalismo aún no había sido superado y, en consecuencia, respaldar el movimiento nacional irlandés redundaba en interés de su propia libertad, dado que un pueblo que oprime a otro no puede ser libre.

También en este caso, Lenin muestra así que, para Marx, el apoyo a los movimientos nacionales no constituye un principio absoluto, sino que depende de las circunstancias históricas y que, por lo tanto, dichos movimientos deben ser respaldados únicamente en la medida en que resulten funcionales a la emancipación del proletariado.


[1] Sobre este tema, véase el interesante libro de Vladimiro Giacché: La fabbrica del falso. Strategie della menzogna nella politica contemporanea, DeriveApprodi, 2011.

[2] https://www.lacittafutura.it/cultura/marxismo-occidentale-e-orientale

[3] Karl Marx, Friedrich Engels, Obras completas, Editori Riuniti, Roma, 1972-1990, vol. VII, p. 385. La posición de Engels es particularmente compleja, en la medida en que la realidad histórica que analiza está atravesada por tensiones contradictorias. Por un lado, la lucha nacional se inscribe en el conflicto entre progreso y reacción y se presenta, por ello, como una lucha contra la alta aristocracia, sostén del Antiguo Régimen. Por otro, dado que la dominación extranjera constituye una forma de opresión que recae sobre el conjunto de la población, sectores progresivos de la propia nobleza acaban incorporándose al movimiento nacional e intentan orientarlo, a pesar de su marcado contenido democrático y, en consecuencia, antiaristocrático. Esta complejidad —y las contradicciones que la atraviesan— tiende a diluirse en la concepción de Losurdo, donde la lucha nacional pasa a ocupar, en lo esencial, el lugar del conflicto social. De este modo, se pierde de vista que la lucha por la independencia está siempre atravesada, al menos potencialmente, por disputas internas por la hegemonía entre los distintos grupos sociales, aun cuando estos se encuentren coyunturalmente aliados frente a un enemigo extranjero común.

[4] Lenin, Vladimir I., Opere complete, Editori Riuniti, Roma 1955-70, vol. XX, p. 412.

[5] Ibidem.

[6] Ibid. p. 413.

[7] Ibidem.

[8] Ibid. p. 414.

[9] Ibidem. Lenin, como observa el propio Losurdo en su Introducción al Manifiesto (cf. Marx, Karl; Engels, Friedrich, Manifiesto del Partido Comunista, Laterza, Roma-Bari, 1999, pp. XXXIII–IV), supera en este punto a Marx y Engels, en la medida en que comprende la necesidad de una alianza estratégica entre los comunistas y los movimientos anticoloniales —aunque no nacionales—. Por el contrario, como señala en reiteradas ocasiones Losurdo, Engels y Marx emiten en más de una oportunidad un juicio histórico que tiende, de manera bastante unilateral, a subrayar los aspectos inconscientemente progresivos, desde el punto de vista de la filosofía de la historia, del colonialismo. Del mismo modo, también resulta bastante unilateral la valoración que realizan de algunos movimientos anticoloniales de su época, cuyos límites históricos y teóricos tienden a acentuar, sin poner suficientemente de relieve los aspectos progresivos de figuras históricas como Simón Bolívar.

[10] Losurdo, D., La lucha de clases. Una historia política y filosófica, Laterza, Bari, 2013, p. 11. Marx insiste, por lo tanto, en que los proletarios ingleses, también en esta cuestión particular, deben desarrollar un punto de vista opuesto al de sus adversarios de clase, es decir, la burguesía y la aristocracia. No se trata, entonces, tanto de apoyar una lucha independentista en cuanto tal, sino de elaborar una visión del mundo autónoma y, en términos generales, contrapuesta a la de las clases dominantes. Así, Marx y Engels no tendrán dificultad, en otro contexto histórico, en exhortar a los trabajadores ingleses a oponerse a la lucha independentista de las colonias del sur de los Estados Unidos, puesto que más importante que la lucha por la independencia debía considerarse la lucha de clases orientada a la superación de la esclavitud. Sin contar que la burguesía y la aristocracia inglesas se mostraban, por lo general, favorables a dicho movimiento independentista.

[11] Lenin, V., Opere complete, Editori Riuniti, Roma 1955-70, Vol. XX, p. 419.

[12] Ibid. p. 420.

[13] Ibidem.