Los nuevos culíes

Por Renildo Souza
Los culíes eran los trabajadores chinos e indios más brutalmente explotados por los colonizadores europeos y víctimas de persecuciones racistas en los Estados Unidos durante los siglos XIX y XX.[1]
Pero ¿por qué, en esta era de revolución tecnológica, parece haber una cierta reinvención de los culíes? ¿Por qué, en esta época de globalización, los culíes parecen surgir en cualquier parte del mundo, incluso fuera de China? ¿Por qué la condición degradante de los culíes parece extenderse, de manera indistinta, entre inmigrantes y nativos, especialmente en el Sur Global, impulsada, entre otros factores, por la extroversión de los capitales chinos?
El objetivo de esta breve nota es reflexionar sobre las relaciones entre lo novedoso de la revolución tecnológica y lo viejo de la explotación capitalista de la clase trabajadora, tomando como referencia una importante novedad del mismo viejo capitalismo: la internacionalización de los capitales chinos. El punto de partida es un episodio que involucra a cerca de 500 obreros chinos sometidos a malos tratos durante la construcción de la fábrica de automóviles eléctricos de la Build Your Dreams (BYD) en Camaçari, Bahía (Brasil).
El Ministerio Público del Trabajo abrió una investigación sobre las condiciones de trabajo, salud y seguridad en el lugar de las obras.
Conforme el reportaje de André Uzeda, publicado en el portal Agencia Pública, la situación es tenebrosa: “Agresiones físicas, con patadas y puntapiés. Alojamientos sucios, aglomerados, mal iluminados y sin división entre hombres y mujeres. Baños inmundos, sin limpieza diaria de lavaderos y de los sanitarios. Obreros actuando sin equipos de protección individual, sometidos a rutinas de 12 horas por día, de domingo a domingo”.[2]
En el siglo XIX, los culíes asiáticos fueron sometidos a trabajos forzados en las plantaciones de caña de azúcar en el Caribe y representaron el 90% de la fuerza laboral que construyó el ferrocarril transoceánico en los Estados Unidos. También participaron en la construcción del canal de Panamá a principios del siglo XX. En la historia del trabajo, la palabra culí se convirtió en sinónimo de discriminación, degradación y salarios de miseria. Sin embargo, este parece ser un pasado aún no superado.
Los nuevos culíes, en un sentido amplio, son los inmigrantes estigmatizados en Estados Unidos y Europa. Son los trabajadores sudamericanos en las fábricas de confección de São Paulo, los trabajadores rurales en las industrias vitivinícolas del agronegocio, los repartidores de delivery y los conductores de Uber. Son muchos, y cada vez más.
Las transformaciones regresivas, impuestas por el gran capital a través de la globalización, el neoliberalismo y la financiarización, son la fuente de los nuevos culíes. Estas transformaciones han creado las condiciones políticas e ideológicas que legitiman la barbarie social contemporánea.
Los múltiples sentidos del emblemático caso de la BYD
Primero, es un caso típico de la modernidad del capital. La tecnología de los carros eléctricos es vista, supuestamente, como un medio para mitigar la crisis ambiental. Es un avance de la capacidad productiva. Al mismo tiempo, en función del interés y de la lógica del capital, la fábrica moderna se asocia al retroceso, al atraso, cuando crea las condiciones de culíes para los trabajadores. Si la urgencia del calendario del capital hubiera estipulado que, para finales de 2024, se entregara la primera parte de la planta de BYD, entonces se justificaría arrancar la piel a los obreros. Se permitirían jornadas de trabajo ininterrumpidas durante toda la semana, violencias, etc. Los capataces podrían usar el látigo.
En segundo lugar, el caso de la BYD es muy instructivo. Es una lección de economía política crítica. Allí está el gran capital privado chino, que llegó amparado por la fuerza y los privilegios otorgados por los Estados chino y brasileño, llegó para cumplir su destino, para multiplicarse. Vino a hacer lo que es absolutamente normal: valorizar su capital. Vino para explotar la fuerza de trabajo, incluso si parte de los trabajadores son propios súbditos chinos. Además, como estamos en el medievalismo del siglo XXI, no solo se trata de explotar, sino también de despojar.
Patrones laborales en África
Desde 2009, China es el mayor socio comercial de África. En los últimos 25 años, China, interesada en materias primas y energía, concretó un gigantesco volumen de emprendimientos, sobre todo de infraestructura.
Las empresas chinas acostumbraban llevar sus trabajadores para satisfacer parcialmente, sus inversiones en el exterior. Algunos son contratados temporalmente para tareas de construcción e instalación, en cuanto otros son empleados como fuerza de trabajo regular del funcionamiento de los proyectos. En África, en 2015, había 263. 696 trabajadores en estos emprendimientos. En 2022, disminuyeron para 88.371, principalmente localizados en la República Democrática del Congo, Argelia, Egipto, Nigeria y Angola.[3]
Sobra la experiencia de las Zonas Económicas Especiales creadas por China en África, hay importantes problemas relativos a la fuerza de trabajo. Ding Fei señala que: “sin firme determinación Estatal, las ZES pueden conducir rebajar los padrones laborales, suprimir derechos de organización sindical y exacerbar el poder de los inversores extranjeros”.[4]
Además, Fei registra quejas sobre el acaparamiento de cargos gerenciales y técnicos por parte de los chinos. En realidad, el capital aprovecha la competencia entre los trabajadores africanos y chinos.
La cruel historia colonial en África formó las posibilidades de desvalorización del trabajo. Gobiernos autoritarios, apartados de proyectos populares, no priorizan legislaciones laborales dignas. Y el único interés extranjero, obviamente, es la ganancia.
Sergio Carciotto y Ringisai Chikohomero investigaron las prácticas laborales en empresas chinas en seis países: Angola, República Democrática del Congo, África del Sur, Lesoto, Zambia y Zimbawe. Los autores constataron “a pesar de las diferencias entre países y sectores”, abusos en las empresas chinas dedicadas a la minería, construcción, pesca y manufactura. Las violaciones de derechos son muchas. Estas involucran las formas de contratación, los salarios (deducciones, horas extras, métodos de pago) e inclusive cambio de puestos laborales por sexo o sobornos.[5]
Siglo XXI – revolución tecnológica y abismo social
Estamos en la era de los satélites, internet, ingeniería genética, robots e inteligencia artificial, entre otros avances. Karl Marx explicó que la gran producción y las innovaciones tecnológicas permiten al capital la extracción de la plusvalía relativa. La brutalidad del alargamiento de la jornada de trabajo (plusvalía absoluta) se volvió históricamente ultrapasada.
El aumento de la productividad del trabajo permite que las condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo sean preservadas, o incluso (teóricamente) mejoradas, aunque el excedente del valor embolsado por el capitalista se incremente. En este sentido, la jornada de trabajo no necesita ser ampliada, a pesar de que la parte del trabajo no remunerado (plusvalía) aumente. En estas condiciones, los bienes de subsistencia de los trabajadores, con el avance de la productividad, se abaratan, es decir, la fuerza de trabajo se desvaloriza. Así, disminuye la parte de la jornada de trabajo (valor) necesaria para la reproducción de los trabajadores.
Con todo, al mismo tiempo, Marx advirtió “… todos los métodos para aumentar la fuerza productiva social del trabajo … son, al mismo tiempo, métodos para aumentar la producción de plusvalor…”.[6] En el contexto de la economía avanzada tecnológicamente, los grandes capitales, situados en la frontera tecnológica, como en el caso de la BYD, se depende principalmente del plusvalor relativo para su lucratividad. Pero también apelan a una brutal expoliación. El plusvalor relativo no jubiló al plusvalor absoluto.
Más aún, la BYD sería un ejemplo del tipo de capital que también absorbe una porción del plusvalor extraordinario, maximizando su ganancia dentro del sector automovilístico. En ese caso, se trata de plusvalía extra, de carácter temporal. La BYD posee una tecnología superior y más competitiva, la electrificación, en relación con sus competidores del motor de combustión. Mientras exista esta ventaja técnica, habrá transferencia de valor desde los sectores “obsoletos” hacia los modernos.
Además, la expansión del capital, en emprendimientos de gran escala, conlleva la incorporación de fuerza de trabajo en proporciones cada vez menores, como ya explicó Marx. La propia acumulación de capital, al aumentar la escala de producción y la capacidad tecnológica, genera un contingente sobrante de trabajadores.
Impresionantes avances técnicos se combinan con masas de trabajadores excedentes. Estas dos dinámicas están intrínsecamente relacionadas. Los contingentes de mano de obra superflua para el capital explican el despojo, la audacia y la ofensiva del capital en las últimas décadas para explotar a los trabajadores. Esto justifica la aparición de los nuevos culíes y el trabajo análogo a la esclavitud. Asimismo, se derivan de aquí las reformas de flexibilización laboral y los cambios en la legislación o en los sistemas de pensiones.
Paréntesis – la otra moderna voracidad del capital
Abramos un paréntesis para señalar brevemente otro fenómeno moderno de degradación social. Nos referimos a los procesos impulsados por fondos de inversión multimillonarios, que son consecuencia del actual estado de sobreacumulación de capitales en el capitalismo contemporáneo.
Así, estos enormes capitales sobrantes, en busca de valorización por cualquier medio a nivel global, usurpan, privatizan y mercantilizan la infraestructura económica y social, como los sistemas de pensiones, educación, salud, agua y saneamiento, transporte, energía, vivienda, entre otros. El capital, en su ofensiva contra el Estado y el trabajo, toma por asalto todos los medios necesarios para la reproducción de la fuerza de trabajo y los transforma en activos financieros, generando rentas para sí mismo.
Automatización, digitalización..
La actual carrera tecnológica entre Estados Unidos y China concentra la atención. Según Bloomberg, de las 13 principales tecnologías del plan Made in China 2025, China ya es líder global en cinco y competitiva en siete.[7]
Ya-Wen Lei publicó en 2023 un libro (The Gilded Cage), resultado de extensas investigaciones sobre los problemas de las innovaciones en China.[8] La manufactura es descrita como el sector «antiguo» que se automatiza con robots. Los sectores de internet representan lo «nuevo», digitalizando diversas actividades. La autora, alarmada, destaca el orgullo de todos los chinos por las transformaciones tecnológicas del país. Los gobiernos locales reprimen las empresas de trabajo intensivo y “buscan reemplazar a los trabajadores con robots”.
La metáfora de la «jaula dorada» representaría el éxito del capitalismo tecno-estatal junto a la opresión del poder instrumental de la tecnología y la ley. Según Ya-Wen, se ha constituido una “amalgama de ideología modernista, tecno-nacionalismo, fetichismo tecnológico y meritocracia”. Como se observa, Ya-Wen adopta una postura fuertemente crítica. Sin embargo, sorprendentemente, al omitir la centralidad de la contradicción entre el capital y el trabajo, no logra escapar del fetiche tecnológico. Esto queda claro con su concepto de régimen tecno-desarrollista.
Para la autora, la ciencia y la tecnología asumen un papel central en el proceso de desarrollo socioeconómico. Este régimen estaría compuesto por el Estado, instituciones, ideas, cultura y prácticas en torno a temas tecnológicos. En este nuevo rumbo de China, crecientes sectores de trabajadores en industrias «antiguas» se vuelven rápidamente descalificados.
Los autos eléctricos de BYD están asociados a condiciones laborales degradantes en Brasil. La robotización acelerada excluye a trabajadores en China. En la competencia entre los capitales y en la disputa entre Estados Unidos y China, la tecnología es obligatoria, incluso a costa de las condiciones de vida de la clase trabajadora.
Ante el lamento de John Stuart Mill, quien reflexionó que las máquinas no representaban ventajas para los trabajadores, Marx observó: “Pero esa no es en absoluto la finalidad de la maquinaria utilizada de manera capitalista… Es un medio para la producción de plusvalía”.[9] ¡Todavía es así! ¡Marx tenía razón!
Renildo Souza es docente de economía y relaciones internacionales en la Universidad Federal de Bahía (UFBA). Autor de los libro: La China de Mao y Xi Jinping (Editorial de la UFBA).
[1] “Las condiciones en China son tales que toda la clase culí china, es decir, la clase de trabajadores chinos, cualificados y no cualificados, se encuadra legítimamente en la categoría de inmigrantes indeseables para este país, debido a su número, a los bajos salarios por los que trabajan y a su bajo nivel de vida.” (Theodore Roosevelt, 1905, Discurso del Estado de la Unión. Fuente)
[2] https://apublica.org/2024/11/denuncia-operarios-chineses-estariam-sofrendo-agressoes-em-fabrica-da-byd-na-bahia/#_
[3] https://www.sais-cari.org/data-chinese-workers-in-africa.
[4] Work, Employment, and Training Through Africa-China Cooperation Zones: Evidence from the eastern Industrial Zone in Ehiopia
[5] https://issafrica.org/research/monographs/chinese-labour-practices-in-six-southern-african-countries
[6] MARX, Karl. O Capital: crítica da economia política. São Paulo: Boitempo, 2013, p. 700.
[7] https://www.bloomberg.com/graphics/2024-us-china-containment/
[8] YA-WEN Lei. The Gilded Cage: technology, development, and state capitalism in China. New Jersey: Princeton University Press.
[9] MARX, Karl. O Capital: crítica da economia política. São Paulo: Boitempo, 2013, p. 445.