La experiencia revolucionaria boliviana y el Partido Obrero Revolucionario (POR)

Por Osvaldo Coggiola
90 años nos separan de la fundación del POR de Bolivia. El Partido Obrero Revolucionario nació de una generación de luchadores bolivianos de vanguardia marcada por la Guerra del Chaco (en la que Bolivia fue derrotada por Paraguay, por cuenta de los intereses de las compañías petroleras imperialistas) y por el «socialismo militar» de Toro y Busch, experiencias extremas que llevaron a los combatientes clasistas bolivianos a una radicalización política sin precedentes. El POR fue fundado en 1935, en Córdoba (Argentina) por exilados bolivianos, encabezados por José Aguirre Gainsborg y Tristán Maroff (Gustavo Navarro). Con la muerte accidental del primero, y la deserción política del segundo, en poco tiempo Guillermo Lora se transformaría en su principal dirigente, responsable por la inserción del POR en el proletariado minero del Altiplano, desde inicios de la década del ’40: «En 1942, una célula de la ciudad de La Paz se trasladó a Oruro, región que concentraba al grueso del proletariado minero, para realizar trabajo en el seno de la clase obrera. En 1943, la dirección del partido se trasladó a La Paz. Es a partir de estos años que comienza la difícil y lenta tarea de los trotskistas bolivianos en su lucha por ganar a la vanguardia proletaria», escribió. Guillermo Lora fue durante siete décadas el principal dirigente del trotskismo boliviano. Nacido en Uncía (departamento de Potosí), cuando joven estudiante de derecho se incorporó, hacia finales de la década del ’30, a las filas del POR, del que sería su dirigente histórico.
El POR en las décadas de 1930 y 1940
En diciembre de 1943, un golpe de Estado encabezado por el teniente Gualberto Villarroel, con el apoyo del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), tomó el poder y comenzó a ejecutar una serie de medidas nacionalistas, que trataban también de canalizar el profundo descontento de las masas trabajadoras. En ese marco se creó la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, FSTMB, en el Congreso de Huanuni, en 1944, cuidando de poner la dirección de la Federación en manos del ministro de Trabajo. Durante el proceso militar-nacionalista encabezado por Villarroel (apoyado por la logia militar Radepa [Razón de Patria] y el MNR, Movimiento Nacionalista Revolucionario), se celebró (1946) el congreso minero en que Lora, como representante de la delegación minera de Llallagua, hizo aprobar las históricas Tesis de Pulacayo, marcando una posición revolucionaria clasista frente al nacionalismo y por la dictadura del proletariado, para resolver la crisis nacional boliviana. Las tesis, sin embargo, hacían abstracción de la lucha antiimperialista y de los procesos nacionalistas. El POR no salió a las calles contra el golpe gorila-estalinista (cuando todavía estaba vigente la alianza URSS-EEUU) que derribó a Villarroel ese mismo año (el militar fue colgado en un farol de la Plaza Murillo).
El POR venía trabajando pacientemente dentro del proletariado de las minas, que desde 1944 estaba organizado en la Federación Minera, creada a instancias del gobierno nacionalista de Villarroel. En el III Congreso de la FSTMB (en Catavi, marzo de 1946) era ya visible la crisis del proceso nacionalista, que culminaría pocos meses después. Para gran sorpresa del gobierno y del MNR (que dirigía la FSTMB) y de los trotskistas de todo el mundo, el Congreso aprobó gran parte del Programa de la IV Internacional: control obrero de la producción, milicias obreras, escala móvil de salarios y de horas de trabajo. La coyuntura política de fines de 1946 favoreció el progreso espectacular del POR, que se había mantenido hasta entonces relativamente al margen del movimiento obrero. El gobierno nacionalista del mayor Villarroel había caído víctima de una ofensiva orquestada desde la embajada yanqui, que había suscitado un movimiento popular, del que había participado el estalinismo boliviano (PIR, Partido de izquierda Revolucionaria), y al que había apoyado la dirección del POR. En Argentina, “Octubre” (de Jorge A. Ramos) y el GCI (de J. Posadas) habían caracterizado esa movilización como proimperialista, mientras el POR de Nahuel Moreno había visto en ella “la única movilización revolucionaria de posguerra en América Latina”, contraponiéndola al 17 de octubre de 1945 que originó el peronismo en Argentina
Los mineros se mantuvieron al margen del “movimiento del 21 de julio” (intentando incluso defender a Villarroel). Los militantes poristas ligados a las minas (Lora entre ellos) comenzaron a trabajar siguiendo una línea distinta de la de su dirección. Su éxito fue rotundo: el congreso minero de noviembre 1946 se realiza en momentos en que éstos están en pie de lucha contra el gobierno de la “rosca” (oligarquía del estaño) que substituyó a Villarroel, al mismo tiempo que el prestigio del nacionalismo había caído debido a su incapacidad de defenderse de la reacción. Toda la situación los llevaba hacia posiciones independientes, que serán materializadas en la Tesis de Pulcayo. La represión del “sexenio” (1946-1952) – que llevó a Guillermo Lora a ser preso un campo de concentración – impidió que el POR consolidase organizativamente la influencia política adquirida. La Tesis de Pulacayo planteaba con meridiana claridad, que “el proletariado, aún en Bolivia, constituye la clase social revolucionaria por excelencia” que, en un país capitalista atrasado como Bolivia, el proletariado debe “combinar la lucha por las tareas demo-burguesas (la reforma agraria, etc.) con la lucha por las reivindicaciones socialistas. Ambas etapas – la democrática y la socialista- “no están separadas en la lucha por etapas históricas, sino que surgen inmediatamente las unas de las otras”. El joven Guillermo Lora fue llevado en hombros por los mineros después de derrotar en un debate al ministro de Trabajo (Monroy Block, del MNR), mientras varios mineros trotskistas eran elegidos para la dirección del FSTMB.
La Federación Minera no tuvo fuerzas para impedir el golpe de julio de 1946: los mineros estaban dispuestos a marchar sobre La Paz armados de dinamita (mientras los trotskistas argentinos liderados por Moreno celebraban la caída del gobierno nacionalista). Pero a fin de año se reunió un nuevo Congreso de la FSTMB, en una situación explosiva: 1) los mineros estaban dispuestos a luchar contra el gobierno de la “Rosca”, 2) la dirección nacionalista estaba dando pruebas de su impotencia. Resultado: el Congreso aprueba integral y unánimemente la tesis presentada por la delegación de Llallagua, redactada por Guillermo Lora. Las Tesis de Pulacayo mostraban un camino independiente del nacionalismo para luchar contra el imperialismo:
• caracterizan a Bolivia como “país capitalista atrasado, integrante de la economía mundial”, superando la tesis de “país feudal” del MNR y del estalinismo para justificar la “revolución por etapas” (primero democrática, en alianza con la burguesía);
• fija la estrategia de la revolución y dictadura proletarias, posibles en la medida en que la clase obrera asuma la dirección de los oprimidos a través de la alianza obrero-campesina. El proletariado, líder de la nación oprimida, transforma las tareas democráticas (reforma agraria, independencia nacional) en tareas de la revolución socialista a través del gobierno obrero y campesino;
• fija los métodos de lucha del proletariado (movilización y acción directa), y propone la creación de una Central Única de Trabajadores, con dirección obrera.
El POR se va transformando en partido con influencia de masas, y celebra un acuerdo con la FSTMB para la presentación electoral de un Bloque Minero. En las elecciones de 1947, el Bloque consigue la elección de seis diputados (de los cuales tres son trotskistas: Guillermo Lora, Humberto Salamanca y Javier Aspiaze) y dos senadores: Juan Lechín y Lucio Mendivil(éste último del POR). Para la “Rosca” las cosas estaban yendo demasiado lejos. El gobierno pone al Bloque en la ilegalidad, interviene en las minas y persigue los dirigentes obreros: Lora y sus compañeros van a parar a la cárcel. En esa época. el POR vendía 10 mil ejemplares de Lucha Obrera, es decir, más que el diario de mayor circulación (El Diario). La ficción democrática duró poco: los fueros parlamentarios no impidieron que Lora y los otros representantes del Bloque fuesen confinados a campos de detención en el Beni.
La Revolución de 1952
La represión impidió al POR transformarse en una efectiva dirección obrera. Pero la situación va cambiando: en 1951, el candidato presidencial del MNR (Paz Estenssoro) gana las elecciones: nuevo golpe de la “Rosca” para impedir su asunción. El impasse se prolonga hasta abril de 1952, cuando los mineros bajan a las ciudades y a los cuarteles para destruir definitivamente el gobierno “rosquero”, dinamita en mano. Todos los trabajadores se movilizan: el Ejército es derrotado y disuelto de hecho. Es lo que se llamó “la primera revolución obrera de América Latina”. Las milicias obreras garantizaron la asunción del gobierno del MNR. La revolución iniciada en Bolivia el 9 de abril de 1952 fue un acontecimiento político mayor para toda Latinoamérica. Para los trotskistas del mundo entero tuvo la especial importancia de que por primera vez un partido trotskista ejercía una influencia real sobre una revolución. Cuando estalló la revolución de 1952, en respuesta a un golpe militar que pretendía anular las elecciones ganadas por el MNR, el POR se encontraba, sin embargo, muy debilitado.
El MNR asume el poder en medio de una revolución obrera que diezma el Ejército. Al POR se le plantea el problema fundamental de toda revolución: el del poder. La respuesta del POR a este problema, al inicio de la revolución, fue el apoyo al ala izquierda del MNR (Lechín). Esta política fue compartida por todas las fracciones trotskistas del movimiento internacional (el Secretariado Internacional, el BLA – Bureau Latinoamericano – de J. Posadas, el POR argentino de Nahuel Moreno). Como tal política fue ulteriormente responsabilizada por el fracaso del POR en la revolución – y por el propio fracaso de la revolución – conviene analizarla más de cerca. Un ala del POR, encabezada por Edwin Moller, la consideró insuficiente, y se planteó la entrada lisa y llana en el MNR. Fue lo que finalmente hizo, tras escindirse del POR. Los teóricos” de esta política fueron los trotskistas argentinos Jorge A. Ramos, Enrique Rivera, y los hombres de “Octubre”. Uno de sus miembros (Angel Perelman) se estableció en Bolivia, y el grupo tomó bajo su responsabilidad la edición de la revista de la “fracción Moller” (Revolución), la que continuaba a reclamarse del trotskismo. En el curso de la revolución se construyó la Central Obrera Boliviana (COB): Juan Lechín y el gran artista plástico Miguel Alandia Pantoja (militantedel POR), ocuparon sus puestos principales.
La teoría de esa política está resumida en el siguiente párrafo de Perelman y Aurelio Narvajas (que escribían bajo el seudónimo común de “Juan Ramón Peñaloza”): “En un país como Bolivia, víctima hasta hace poco de la explotación imperialista, la sola instauración de un ‘orden burgués’ en substitución del orden feudal-imperialista constituye en sí un enorme progreso histórico. Trotsky sostendría en ese caso y sostuvo de hecho la consigna de la república democrática y no la toma del poder para realizar la revolución socialista”. La explotación imperialista es dada por acabada, cuando los Patiño y demás “barones”, junto a las grandes compañías, continuaba detentando la comercialización del estaño. Y en nombre de Trotsky se presentaba una versión indisimulada de la “teoría de la revolución por etapas” del stalinismo-menchevismo. Moller fue el director del diario de la COB durante la revolución (Rebelión) y la historia ulterior de su fracción se confunde con la del MNR, perdiendo toda relación con el trotskismo e incluso con la “izquierda nacional”. El libro de “Peñaloza” arriba citado (León Trotsky y la Revolución Nacional Latinoamericana) fue ampliamente difundido en Bolivia por el propio MNR.
Veamos ahora la reconstitución de los hechos por un dirigente “morenista”, Andrés Delgado: “El Secretariado Internacional -SI- [de la IV Internacional] se dejó impresionar por los eventos de la revolución y terminó por sostener al MNR, un movimiento burgués que se encargaba de representar a la burguesía en el gobierno. Cuando el MNR mostró abiertamente que no quería profundizar el proceso de revolución permanente, el SI apoyó a su ala izquierda, pero ya era tarde, la revolución boliviana había sido derrotada y la sombra de la burguesía había nuevamente consolidado su poder”.
La reconstrucción de los hechos es por lo menos caprichosa. En realidad, el trotskismo internacional -el SI y el BLA de Posadas- apoyaron al ala izquierda del MNR desde el principio. La contradicción entre esa política y la lucha por la revolución obrera no estalló en el POR hasta 1954, cuando los enviados del BLA (argentinos y uruguayos) propusieron su fusión con el “ala izquierda”. La fracción “leninista” del POR, encabezada por Lora, se opuso a esa disolución en el nacionalismo, y propuso un balance crítico de la política seguida. Lora señala, en su Historia del POR, que la fracción “pablista” (de Michel Pablo, principal dirigente de la IV Internacional) del POR fue reclutada entre los dirigentes que habían apoyado el movimiento de 1946 contra Villarroel. La continuidad del POR trotskista fue asegurada por la fracción de Lora, que, denunció los métodos “de aparato” usados por el BLA y el SI para inclinar al POR en favor de su postura (chantaje financiero, promesas de viajes a París y Buenos Aires). Pero continuemos con la versión “morenista”: “Gracias a la actividad del SLATO [(Secretariado Latinoamericano del Trotskismo Ortodoxo], nuestra consigna ‘Todo el poder a la COB’ fue conocida en Bolivia, en oposición a la política capituladora frente al MNR del SI”.
Si tal consigna fue conocida en Bolivia no fue gracias al SLATO, sino a los “pablistas”, quienes la plantearon en 1956-57, una vez pasado su entusiasmo por el ala izquierda del MNR. El POR la criticó por aventurera y tardía: la situación de doble poder entre la COB y el gobierno – que existía en 1952-53 – se había ya extinguido. La reconstrucción caprichosa del “morenismo” se debe quizás a que fue la única tendencia trotskista latinoamericana que no ejerció ninguna influencia organizativa durante la revolución boliviana (ya hemos visto las de Ramos, Posadas, Lora). Lo que no es sin duda ajeno al hecho de que fue la corriente que más fervorosamente sostuvo el golpe proyanqui de 1946, contra cuyos continuadores estalló la revolución de 1952. Si el debut de la revolución fuera un motivo de entusiasmo para los trotskistas de todas las latitudes, su retroceso fue un factor de desmoralización. La actividad del “SI de la IV Internacional” y del BLA llevó a Guillermo Lora a la conclusión de que la Internacional fundada en 1940 estaba destruida. El entusiasmo masivo por el gobierno del MNR arrastrara al propio POR. Este sería el origen de la futura división.
El papel de la IV Internacional
Que también tuvo causas internacionales. El III Congreso Mundial de la IV Internacional (París, 1953) definió un gran viraje político. Se imponen las tesis del dirigente Michel Pablo(pseudónimo del griego Michel Raptis), que implicaban una revisión total del programa trotskista. Surge así el llamado pablismo, que va a provocar la crisis y la división de la IV Internacional. La nueva política parte de constatar que los principales procesos de transformación social (Europa del Este, la Revolución China) han sido dirigidos por el estalinismo (el PC chino no escapa a esta caracterización). Se prevé una guerra inminente entre la URSS y los EEUU. (se estaba viviendo en plena guerra fría). Conclusión: no hay tiempo histórico para la construcción de partidos revolucionarios (trotskistas); la burocracia estalinista hará la revolución “a su manera” (previéndose “siglos de transición” en dirección al socialismo, durante los cuales reinará esa burocracia). La tarea principal será empujar a las direcciones existentes (estalinistas en los países avanzados, y estalinistas y/o nacionalistas en el mundo colonial) lo más rápido posible en dirección a la toma del poder, ingresando, en la medida de lo posible, en esas organizaciones. A esto se le llamó “integración en el movimiento real de las masas”.
El impresionismo del nuevo programa era brutal: se tomaban algunas de las tendencias de la situación de la posguerra, transformándolas en realidades absolutas. Pero había otras tendencias, que conspiraban contra la guerra y contra el fortalecimiento de las direcciones estalinistas. De hecho, como las previsiones pablistas se verificasen por su contrario -no hubo guerra mundial y el bloque socialista entró en crisis-, Pablo fue repudiado años más tarde por todas las fracciones del movimiento trotskista. En relación a América Latina, el III Congreso resolvió el debate Posadas vs. Moreno, que disputaban el liderazgo latinoamericano de la Internacional, en favor del primero: la propuesta de Posadas de un trabajo privilegiado en dirección a los movimientos nacionalistas congeniaba mejor con el nuevo programa. El grupo de Posadas fue declarado sección argentina de la IV Internacional, y él mismo fue encargado de organizar el Bureau Latinoamericano (BLA) de la Internacional. Nahuel Moreno aceptó las resoluciones.
Nadie, dentro del trotskismo mundial, opuso un programa completo al pablismo. Pero la discusión se fue procesando por medio de graves crisis. El PSR brasileño, por ejemplo, desapareció; sus militantes siguieron rumbos muy diversos (su principal dirigente Herminio Sachetta, evolucionó hacia el luxemburguismo). La dirección de la IV Internacional excluyó del Congreso a la mayoría de la sección francesa (el Partido Comunista Internacionalista) opuesta al programa de Pablo. Esa fue la base de la escisión: el PCI se alió, a fines de 1953, al SWP (Socialist Workers Party) norteamericano, alarmado por los métodos burocráticos de Pablo. Junto con las secciones suiza e inglesa, el PCI y el SWP constituyeron el Comité Internacional de la IV Internacional (CI). El POR boliviano, enterado de la escisión, negó su apoyo a cualquiera de las fracciones internacionales. La destrucción organizativa de la IV Internacional estaba consumada, constituyéndose dos fracciones independientes: el SI (Secretariado Internacional, dirigido por Pablo) y el CI. En América Latina, el CI recibió el apoyo de la fracción de Moreno. Este se manifestó independiente del BLA de Posadas y constituyó, en 1954, el SLATO, con base en tres países: Argentina, Chile y Perú. De hecho, Moreno y Posadas enviaran delegados al resto del continente y consumaran la división de los grupos trotskistas latinoamericanos.
El POR había enfrentado de modo desarticulado la victoria electoral del MNR en 1952, cuyo desconocimiento por el gobierno «rosquero» desató la insurrección obrera del 9 de abril. Individualmente, sus militantes (como Edwin Moller o Alandia Pantoja) tuvieron sin embargo papel decisivo en la creación de la COB (Central Obrera Boliviana) de la que emergió una situación de doble poder frente al nuevo régimen nacionalista. Como vimos, siguiendo la orientación de la IV Internacional, el POR proclamou el «apoyo al ala izquierda del MNR» (Lechín), posición que más tarde Lora criticó. El POR se reorganizó con base en una aguda lucha política interna (contra los partidarios de la mayoría de la IV Internacional). Lora se consolidó como principal dirigente de la izquierda independiente del «movimientismo» (pronosticando que terminaría «de rodillas frente al imperialismo») y del POR, y hasta como el principal intelectual marxista del país. Son de esa época sus principales obras, La Revolución Boliviana (1963) y la Historia del Movimiento Obrero Boliviano, que concluiría, con seis volúmenes, en la década del ’80 -obras que no tuvieron su merecida divulgación internacional, ni siquiera en América Latina.
La división del POR reconoció diversas causas. En junio de 1953, su X Congreso estableció: 1) la existencia de un reflujo del movimiento obrero, después del ascenso revolucionario; 2) la necesidad, para consumar la revolución obrera, de independizar a las masas del nacionalismo (MNR), ganándolas para el POR. Se cuestionó la política de apoyo crítico al ala izquierda del MNR. El Bureau Latinoamericano de la IV Internacional, liderado por Posadas, se opuso a esas tesis. De acuerdo con su programa, se trataba de “empujar a las masas hacia la toma del poder”, pues éstas se encontraban siempre dispuestas para tal empresa: según esa línea, las direcciones tradicionales no eran más un obstáculo. En medio de la discusión, una primera escisión se produjo en 1954: un sector del POR, inspirado por el argentino Jorge Abelardo Ramos, quiso llevar a fondo el apoyo al ala izquierda del MNR., incorporándose a este movimiento. Encabezado por Edwin Moller(secretario de prensa de la COB) y por su mujer, Lidia Gueiler(que llegaría, en 1979, a la presidencia de Bolivia), este sector rompió definitivamente con el trotskismo, abandonando la revolución proletaria y adhiriendo a la revolución nacional, teorizada desde la Argentina por el ex trotskista Ramos.
La ruptura de los “pablistas” se produjo en 1956: inspirados por Posadas y dirigidos por Hugo González Moscoso, se quedaron con la mayoría de los militantes e inclusive con el diario, Lucha Obrera. Durante los años siguientes, y sin preocuparse mayormente con los cambios de la situación política, el POR – González Moscoso levantaría la consigna “¡Todo el poder a la COB!”, sin mayores consecuencias. La continuidad del POR trotskista, muy debilitado, fue asegurada por la fracción liderada por Guillermo Lora, que comenzó la publicación de Masas. El trabajo sistemático en las minas, sin embargo, fue favorecido por la verificación de sus pronósticos sobre el MNR. En 1958, el POR (Lora) inspira las tesis del Congreso Minero de San José-Colquiri, las cuales denuncian al gobierno del MNR como antiobrero y proimperialista. Las tesis asentaban las bases del crecimiento futuro, pues el gobierno del MNR, después de un primer período antiyanqui, llegó a un entendimiento con los EE. UU. y consiguió reconstituir el Ejército, luego de varios años de vigencia de las milicias obreras y campesinas. El terreno quedó preparado para la contrarrevolución, que actuó en 1964 a través del golpe del general Barrientos, que volvió a colocar a los trotskistas en la ilegalidad y en el calabozo.
De la dictadura a la Asamblea Popular
Durante la dictadura de Barrientos (1965), el POR participó en primera línea de la sañuda resistencia obrera. En 1967, fue derrotada la columna guerrillera encabezada por Ernesto Che Guevara, que había recibido apoyo por parte del POR (no así por parte del PC boliviano). Como relatado por Luiz Bernardo Pericás (Che Guevara e a Luta Revolucionária na Bolívia) asambleas mineras votaron apoyar la lucha guerrillera. En 1968, en Argentina, la corriente de Nahuel Moreno proclamaba, para Bolivia, «¡Todo el poder al ELN (Ejército de liberación Nacional)!» (Estrategia, nº 7, setiembre de 1968). En 1969, en Bolivia, el golpe de Estado del general OvandoCandia inició un nuevo proceso nacionalista: la petrolera Gulf Oil es nacionalizada. Los trabajadores retornan la movilización. El Congreso de la FSTMB (abril de 1970) aprueba las tesis presentadas por el POR. Poco después, el IV Congreso de la COB adopta esas tesis, que siguen las líneas generales del programa elaborado por el trotskismo a partir de la experiencia de la Revolución de 1952: se distingue entre los procesos nacionalistas y democráticos y los de completa entrega y reacción política. Los movimientos nacionalistas tienen vigencia en la medida en que las tareas democráticas y de emancipación nacional no fueron cumplidas; pero esos movimientos, que son capaces de formular esas tareas, son incapaces de resolverlas, lo que exige la movilización revolucionaria de la nación entera, que sólo la clase obrera puede encabezar. Luchando contra el enemigo fundamental, el imperialismo, los obreros deben proclamar desde el primer momento su independencia política en relación al nacionalismo burgués, pequeño burgués y militar, y organizar la lucha por el gobierno obrero y campesino.
Las Tesis anticiparon el proceso político. En octubre de 1970 estalla una tentativa de golpe militar encabezada por el General Miranda. Los trabajadores la derrotan en las calles. El nacionalismo más radical del general Juan José Torres asume el gobierno. La COB crea el Comando Político de los Trabajadores y del Pueblo. Torres ofrece a éste la participación en el gobierno; el POR propone e impone la respuesta del Comando: sí, pero participación mayoritaria (75% de los cargos) y responsable ante el Comando y no ante Torres (los miembros del Comando en el gobierno serían siempre revocables). Torres no acepta. Deshecha la maniobra colaboracionista, el POR impulsa al Comando para que convoque una Asamblea Popular, con representación directa de todo el pueblo trabajador: Guillermo Lora es encargado por el Comando de redactar las Bases de la Asamblea. Esta adopta (febrero de 1971) las Tesis de la COB, se autodefine como órgano de poder obrero y como Frente Unico Antiimperialista dirigido por el proletariado, reuniéndose por primera vez el 1° de mayo de 1971.
La prensa mundial definió a la Asamblea como “el primer Soviet de América Latina”: desde su sede (La Paz) impulsó la creación de Asambleas regionales. El POR es visto como la “eminencia gris” de la Asamblea, que abarca representantes de todas las categorías y de todos los partidos reconocidos como antiimperialistas (participa el MNR de izquierda. pero no el de derecha). El movimiento por el poder obrero gana en extensión (los campesinos van incorporándose a la Asamblea) pero también en profundidad: Torres ofrece la cogestión de la COMIBOL (la compañía estatal de minas, nacionalizada por la Revolución de 1952), la Asamblea vota la administración obrera mayoritaria y toma el control de la Universidad, votando una resolución sobre la “Universidad única bajo dirección obrera”. Cuando en agosto de 1971 el general Hugo Banzer Suárezdesencadenael golpe que inaugura la serie trágica de los golpes en el Cono Sur, su propósito es impedir que la Asamblea se transforme en dirección indiscutida de todos los explotados, en especial de la enorme masa campesina.
La discusión de la estrategia de poder de la Asamblea Popular merecería capítulo aparte – cabe aquí notar sólo que no fue objeto de un verdadero debate en el ámbito revolucionario internacional. El balance del POR acerca del nuevo episodio de la revolución boliviana (condensado en De la Asamblea Popular al Golpe Fascista, de Guillermo Lora) fue publicado en el exterior por Política Obrera. La Asamblea Popular boliviana se inscribió en el cuadro del fracaso de la experiencia guerrillera boliviana, marcada por la tragedia de Ñancahuazu, donde encontró la muerte Ernesto Che Guevara. Entre agosto y octubre de 1970, el foco del ELN en Teoponte, que buscaba continuar la guerrilla del Che, perdió 70 de sus 75 miembros, incluyendo a su jefe «Chato» Peredo. Al mismo tiempo, el proletariado en la calle impedía el golpe del General Miranda y el Congreso Minero aprobaba un programa de revolución socialista (Tesis de Siglo XX), convocando a la formación de la Asamblea Popularsobre la base de la representación directa y revocable elegida en los lugares de trabajo.
El grupo del Secretariado Unificado (SU) de la IV Internacional, dirigido por González Moscoso, estuvo al margen del proceso, pues estaba reorganizando la guerrilla rural y al ELN, junto a otras corrientes. En abril de 1971 frente al pujante desarrollo de la Asamblea, González declaraba que «la Asamblea Popular debe ser un organismo que discuta los problemas nacionales y las soluciones para ellos, pero que deje el poder en manos de las organizaciones de masas (sindicatos o milicias populares o el Ejército Popular)».[i] Frente a la irrupción revolucionaria de los obreros, se les pedía que renunciasen al poder en favor de un «Ejército» inexistente. El ELN «reorganizado» poco después se proclamaba «vigilante» de la Asamblea, amenazando a los representantes obreros, campesinos y estudiantiles que no actuaran según el criterio revolucionario… del ELN. El SU de la IV Internacional apañó todo esto, pese a que a «guerra del nuevo ELN” no pasó del asalto a un puesto de gasolina.
El gran impulsor de la movilización revolucionaria había sido el POR, por entonces ligado al Comité Internacional (CI) de la IV Internacional. El POR tuvo papel central en el Comando Político de la COB, al punto de que este encargó a Lora la redacción de las «Bases Constitutivas» de la Asamblea Popular. Durante su breve existencia -fines de 1970 hasta agosto de 1971- se esforzó por agrupar a todos los explotados en torno a la clase obrera. El proletariado boliviano tenía un peso numérico inferior a su peso político: la Asamblea le otorgó una representación proporcionalmente privilegiada para asegurar su hegemonía en el frente único de las masas. Incorporando, gradualmente a los sectores oprimidos, la Asamblea definió puntos estratégicos del programa de la revolución boliviana: control obrero de la COMIBOL (ente estatal que agrupaba al corazón económico de Bolivia: las explotaciones mineras, nacionalizadas desde 1952), universidad única bajo dirección hegemónica de la clase obrera. Los proyectos fueron impulsados por el POR, quien además luchó para mantener la independencia política de la Asamblea, contra quienes querían transformarla en una especie de parlamento al servicio del bonapartismo militar de Torres. La cuestión del armamento de los explotados y de la conquista política de las tropas del ejército estaban en la agenda de la Asamblea.
- Fue para cortar esa evolución, que ganaba cada vez más amplios sectores populares y amenazaba extenderse al propio Ejército, que el alto mando dirigido por el General Hugo Banzer desató el golpe del 21 de agosto de 1971. A principios de ese año, según el dirigente trotskista (e ex militar) peruano Ricardo Napurí (en entrevista concedida al diario argentino Página 12), “me pidieron que fuera a Chile y le dijera a Allende que le convenía que [el presidente de Bolivia] no cayera, que el golpe de Estado era prácticamente inminente y que, si [el presidente de Bolivia] caía, caerían [una serie de] gobiernos progresistas, incluido el chileno, como sucedió después. La idea era sencilla: que les enviaran algunos instructores militares brasileños, que estaban exiliados [en Chile], y armas automáticas, no muchas. Acepté. La tarea era muy difícil. Allende había asumido la presidencia en noviembre de 1970, yo viajé a principios de 1971 y mi misión podía malinterpretarse”. La misión de Napurí fracasó: “Hablé con mis amigos Enrique Sepúlveda y Oscar Waiss, quien era director del periódico progubernamental «La Nación», y ellos mediaron con Allende. Aunque el ambiente estaba preparado, él desconocía la naturaleza de mi petición… El punto central fue que le presenté lo que mis camaradas bolivianos me habían solicitado, añadiendo que los «momios» y el imperialismo estaban detrás de la caída de su gobierno y que, al apoyar a la izquierda, encontraría refugio, y también porque Perú en ese momento tenía un gobierno militar que constantemente amenazaba con recuperar Arica, el puerto que perdió en 1879 en la guerra contra Chile. Además, Argentina también estaba gobernada por militares. Él respondió: «Ricardo, no puedo ayudarte ni a ti ni a los camaradas bolivianos, porque has olvidado que soy socialdemócrata. Si bien en la Segunda Internacional todos somos de izquierda, no creemos en la revolución armada ni violenta. Nos consideramos representantes del pueblo, y la “vía pacífica al socialismo” no es una simple consigna. Creemos que podemos allanar el camino al socialismo dentro del marco de la democracia burguesa. No puedo justificar la existencia, y mucho menos promover o apoyar, una revolución de carácter cubano o bolchevique»”.
La victoria del golpe militar, según Guillermo Lora, «demostró la lenta evolución de los soldados y suboficiales y su acatamiento a los altos mandos, principalmente por temor a que una insurrección victoriosa los llevara al estado de degradación a que los condujo la revolución de 1952 (nos referimos a los suboficiales)». La Asamblea luchó contra el golpe armas en mano (varios militantes del POR fueron muertos en la batalla); posteriormente replegó en orden sus filas. Esta extraordinaria experiencia se incorporó al acervo de los explotados bolivianos: «El triunfo de Banzer no puede minimizar este hecho fundamental: en mayor medida que los soviets rusos de 1905, la Asamblea Popular tuvo una dimensión nacional, y a diferencia de los de 1917, desde su inicio se estructuró sobre la base de un programa que planteaba el poder obrero».[ii]
La miseria política en que se encontraban diversas fracciones internacionales que se reclamaban del trotskismo se manifestó en que éstas aprovecharon el golpe militar, no para organizar la solidaridad política con los explotados bolivianos y con el POR, sino para atacar calumniosamente a éste, que venía de cumplir el papel político más importante del trotskismo mundial desde el fin de la Segunda Guerra. Los ataques tuvieron algunos puntos centrales: la Asamblea no habría querido tomar el poder (sería por lo tanto responsable por el golpe), la culpa sería del POR, que no lo planteó. Las críticas se basaban en el presupuesto de que las masas están en todo momento dispuestas a tomar el poder. Proviniendo del SU, la crítica era especialmente hipócrita, pues su línea había sido contraria a la propia creación de la Asamblea (a la que sus escasos partidarios bolivianos llegaron a hostilizar). Lora puso a estos críticos en su debido lugar, «interesados en hacer creer que la asamblea fue nada menos que el escenario de la polémica entre los trotskistas (el POR) y ellos. La verdad es muy diferente. Los seguidores de Mandel y Frank [dirigentes del Secretariado Unificado de la IV Internacional] fueron el personaje ausente de los grandes acontecimientos, nadie sabe donde estuvieron, tal vez tomando café en algún local de París… no se sentaron en la Asamblea porque no tuvieron ningún rol; el derecho a participar en ella, pese a quien pese, se conquista en las calles”.[iii]
Nahuel Moreno, que durante la creación de la Asamblea reivindicaba todavía la guerrilla rural,[iv] se quedó mudo durante el período de la Asamblea, para luego del golpe pasar a acusar al POR de no haber dividido al Ejército y de no haber tomado el poder con un programa salarial y contra la desocupación.[v] «La cuestión salarial y la desocupación son dos consignas sindicalistas, infinitamente por debajo del gran problema político del control de la COMIBOL. El morenismo cae en el economicismo más vulgar cuando de hostilizar el partido revolucionario se trata… no señala cuáles eran las consignas para atraer (a los soldados y suboficiales) a la Asamblea; no basta con invitarlos, tienen que ser impulsados a ingresar en su seno. Solo una profunda movilización nacional motorizada por el control obrero de COMIBOL podía llevar a sectores atrasados a tomar parte del proceso revolucionario» -respondió un dirigente de Política Obrera de Argentina.[vi]
Divisiones y reagrupamientos trotskista
Al año siguiente del fin de la Asamblea Popular, el POR sufrió uma nueva escisión, encabezada por su principal dirigente minero, Filemón Escobar (primo de Guillermo Lora). Ella fue calificada de “nacional-foquista” por la dirección del POR. En testimonio prestado a este autor por el centenario revolucionario peruano Ricardo Napurí hacia finales de los años ’70, Escobar se le aproximó para que organizase el desembarco clandestino de armas provenientes de Cuba en costas peruanas. Las armas estaban destinadas a organizar la resistencia armada a la dictadura militar de Banzer. La operación, finalmente, no prosperó.
La experiencia de la Asamblea Popular hizo estallar la ficción del CI de la IV Internacional. La SLL (Socialist Labour League) inglesa, de Gerry Healy, la que, a falta de mejores argumentos, venía promoviéndose en su país comorepresentante del futuro gobierno trotskista de Bolivia, decidió culpar al POR, con argumentos semejantes a los mencionados, por el fracaso de su campaña publicitaria. El ataque fue primero lanzado por Tim Wohlfort, dirigente de un fantasmagórico grupo «healysta» de los EEUU,[vii] al que Lora respondió.[viii] La segunda sesión de la Conferencia Mundial del CI (la primera se había realizado en Londres, en junio de 1970) quedó comprometida por la ruptura con la SLL. La crisis del CI abrió espacio para un nuevo reagrupamiento internacional, pues Política Obrera de Argentina (hasta entonces sin afiliación internacional, a pesar de estar en contacto con el POR desde 1969) y el POMR (Partido Obrero Marxista Revolucionario) del Perú, una escisión de la castrista Vanguardia Revolucionaria dirigida por Ricardo Napurí, fueron invitados a participar de esa Conferencia a realizarse en París, organizada por la OCI (Organización Comunista Internacionalista) de Francia. Como primer paso, PO, el POR y el POMR convocaron a una Conferencia Latinoamericana por la Reconstrucción de la IV Internacional (marzo de 1972) la que ratificó la solidaridad con el POR y con su conducta en la Asamblea Popular. La OCI invitó a PO a incorporarse al CI, a lo que PO respondió planteando la necesidad de un balance previo del CI desde la ruptura de la IV Internacional (1953), imprescindible ante su sinuosa trayectoria y las posiciones sectarias adoptadas por algunos de sus miembros.
En julio de 1972 se reunió, en París, la 20 sesión de la Conferencia del CI de la IV Internacional. La ruptura con la SLL estaba consumada. Política Obrera se hizo presente como observador. El POR no pudo asistir. En la reunión había 14 organizaciones, de las que sólo dos poseían una implantación real en la lucha de clases de sus países: PO y la OCI francesa (el grupo Vanguardia de Israel había tenido alguna importancia, mucho menor, en el movimiento estudiantil). La reunión no pudo menos que constatar la destrucción del CI como supuesta dirección alternativa al SU de la IV Internacional. La OCI presentó, en el curso mismo de la reunión, dos textos. Sobre la base del primero de ellos, votado conjuntamente por la OCI y PO, quedó constituido el Comité de Organización por la Reconstrucción de la IV Internacional (CORCI). «El revisionismo pablista destruyó organizativamente la Internacional fundada en la Conferencia de 1938, destruyó la IV Internacional como centro dirigente, pero no como programa; (no tenemos) la intención de ocultar a la vanguardia del proletariado mundial que la presión de la burguesía y del estalinismo destruyó la organización de la IV Internacional…
“El CI fue fundado en 1953 sobre un equívoco, fue constituido para oponer un centro dirigente de la IV al centro dirigente pablista, el SI. Pero el SWP se rehusaba a cumplir las tareas internacionales e impedía al CI llevar adelante las tareas de reconstrucción de la IV Internacional, lo que lo condujo a desembocar en una política de reunificación con el SI (el SU)… A partir de 1966, la SLL seguía el mismo camino que el SWP. Para ella, el CI debía funcionar como centro dirigente, pero si la SLL recusaba las tareas referidas al trabajo internacional, el CI funcionaba sobre principios federalistas -impuestos por la SLL- que nada tenían que ver con los del centralismo democrático… Los hechos han dado el desmentido, más rotundo al equívoco que presidió la constitución del CI, que pretendía representar el centro dirigente de la Internacional, pero que se alineó tras una política de reunificación con el liquidacionismo pablista. El CI representó la continuidad de la IV Internacional en el sentido de que defendió su programa (pero) rehusando sacar todas las conclusiones de la crisis y luchar por la reconstrucción de la IV Internacional, el CI no aseguró su continuidad (…) No hay centro dirigente, hay que reconstruirlo sobre las bases del centralismo democrático: tal es el contenido de la lucha por la reconstrucción de la IV Internacional».[ix] La conclusión se apoyaba sobre una tentativa de balance del CI: el texto fue votado casi unánimemente.
La resolución política, en cambio, mostró la heterogeneidad política existente y, sobre todo, los desacuerdos entre PO y la OCI sobre puntos cruciales. Sobre algunas cuestiones (nacionalizaciones en los países atrasados, naturaleza del castrismo) el texto simplemente constataba las divergencias. Largos fragmentos del texto fueron objeto de un voto aparte. PO votó contra un trecho que afirmaba: «No se puede afirmar que exista una diferencia de naturaleza entre la ‘burguesía nacional’ y la burguesía imperialista, como lo define el POR en su informe a la Conferencia Latinoamericana de 1972… la burguesía nacional (de los países atrasados) sólo puede dirigir el país como burguesía compradora del imperialismo… hay contradicciones entre las burguesías compradoras y el imperialismo, que pueden ser utilizadas por el proletariado para acuerdos precisos y circunstanciales con las burguesías nacionales, las que capitularán, en la realización de las tareas de la revolución democrático burguesa, frente al imperialismo».
PO también defendió la táctica de Frente Único Antiimperialista del POR, puesta en cuestión así: «Para el POR, el Frente Revolucionario Antiimperialista, continuador de la Asamblea Popular, donde la ‘burguesía nacional relativamente progresista’ está representada, se fija como tarea la lucha por el socialismo; que el proletariado participe en un pretendido poder antiimperialista con la burguesía nacional, aun bautizada ‘socialista’ y ‘progresista’ nada cambia al hecho de que es un poder burgués».[x] Para PO «la presencia del General Torres en el FRA la entendemos como una concesión del POR para no dar un argumento a los estalinianos y lechinistas para romper el FRA y formar un frente nacional y popular (concesión admisible) sobre la base del compromiso de todos los partidos integrantes del FRA con el programa de la Asamblea Popular y la lucha política real, en el movimiento de masas, contra Banzer. Constituido para la lucha inmediata para las libertades democráticas y sindicales, levantó como programa de acuerdo el restablecimiento de la Asamblea y su programa, el gobierno obrero y el socialismo. Por lo tanto, el FRA se ubicó fuera del respeto a la propiedad privada».[xi]
Amén de las divergencias, había en algunas organizaciones un decidido primitivismo teórico. Vanguardia (Israel-Palestina) afirmaba correctamente que «la OCI tiende a ignorar la opresión nacional en los países atrasados», para embarrarla sosteniendo que «es absurdo pretender que los países de América Latina sufren una opresión nacional».[xii] La OCI se limitó a afirmar que «un proceso que tiende a la homogenización política se desarrolla en el cuadro de una inevitable heterogeneidad».[xiii] A pesar de las enormes divergencias de la resolución política el texto recibió un voto favorable «de conjunto»; se eligió un Buró del CORCI (compuesto por la OCI, PO, el POR y los minúsculos grupos de Hungría, España, Alemania, Israel, México e Irlanda). Años más tarde, PO diría que «la OCI presentó un texto en la misma reunión, no hubo discusión previa, que rechazamos en la mayoría de los puntos. Luego se trató la crisis del CI y fue allí donde salió sorpresivamente la propuesta de fundar el CORCI. Esto revela desde el vamos el carácter de instrumento de manipulación que sería el CORCI. Nosotros no lo vimos entonces, en parte por la presencia poderosa del POR en el CORCI, pero ocurre que aquél no concurrió a esa reunión ni a las siguientes… No bastaba constituir un bloque sobre la base de que quienes lo componían se reclamaran por la reconstrucción de la IV Internacional y por la defensa del Programa de Transición. Era necesario definir una plataforma en relación a las otras tendencias que se reclamaban trotskistas».[xiv]
De cualquier modo, PO aprovechó la experiencia de la OCI en el trabajo de masas para perfeccionar su intervención en Argentina, creando la Unión de Juventudes por el Socialismo (inspirada en la AJS francesa) e interviniendo en fábricas y sindicatos a través de «Comités unitarios de base». El punto en que el documento básico del CORCI se diferenciaba del SU era el rechazo a la noción de «tres sectores de la revolución mundial». «La unidad de la lucha de clases mundial significaba que no hay, en la época del imperialismo, ‘revolución colonial’, sino revolución proletaria en los países coloniales y semicoloniales, que se encarga de la solución de las tareas de la revolución burguesa. Distinguir la revolución colonial de la revolución proletaria implica que la fuerza motriz de la revolución en las colonias no es el proletariado. (También) se expresa en la unidad orgánica de la revolución social en los países capitalistas con la revolución política en los países en que el capital fue expropiado y donde una burocracia parasitaria y contrarrevolucionaria usurpó el poder político destruyendo las instituciones de la dictadura del proletariado».[xv] La posterior evolución del CORCI pondría en cuestión estos precarios acuerdos programáticos.
El debate sobre las relaciones entre burguesía nacional e imperialismo fue una de las cuestiones clave del marxismo desde la III Internacional, y muy especialmente desde el fin de la II Guerra Mundial. No por casualidad uno de los mejores teóricos del marxismo argentino, Milcíades Peña, le consagró su trabajo más elaborado («La clase dirigente argentina frente al imperialismo»). Así como en el debate sobre la burocracia soviética que dividió a la IV Internacional en 1953 no estaba en juego una simple cuestión táctica referida a la URSS, sino la caracterización de la capacidad revolucionaria mundial del proletariado, la discusión sobre la burguesía nacional (o sea, sobre las relaciones entre las metrópolis y los países oprimidos) no ponía en cuestión sólo la táctica revolucionaria en las semicolonias, sino la naturaleza misma del sistema imperialista, la dinámica mundial de la revolución. El punto de partida de la OCI -identificación entre la burguesía nacional y el imperialismo- era el mismo con que el SU fundamentaba la «revolución colonial» separada de la revolución mundial y su táctica de «guerra civil permanente», con conclusiones simétricamenteopuestas.
La OCI se apartaba de la caracterización de Trotski sobre el tema. El POR respondió: «Los que comienzan a razonar sosteniendo que la burguesía nacional es parte de la burguesía internacional, no sólo dicen una perogrullada, sino que están denunciando una seria concesión a los que basan su política en la identificación de los países atrasados e imperialistas. El comienzo del planteamiento debe ser otro: distinguir a los países atrasados de las metrópolis y a las burguesías nacionales de las imperialistas… La opresión imperialista es nacional y no estrictamente clasista. Este fenómeno junto al atraso del país (no cumplimiento de las tareas democráticas) motivan que las clases sociales jueguen un papel peculiar (que de ningún modo es un calco del rol de las clases en las metrópolis) y se establezca entre ellas una no menos peculiar mecánica… El atraso del país y la opresión imperialista abren la posibilidad de que la burguesía nacional plantee el cumplimiento de las tareas democráticas y de liberación nacional, otra cosa es que esté orgánicamente imposibilitada de cumplir tales propósitos…
“Una nacionalización de los recursos naturales que fueron entregados al imperialismo, decretada por el gobierno nacionalista burgués, es progresista por referencia a la conducta de los gobiernos que resuelven sus problemas recurriendo al malbarato de las riquezas naturales, no lo es ya si la referimos a la perspectiva de que el gobierno obrero estatice los medios de producción… Las actitudes revolucionarias y antiimperialistas asumidas por los partidos más radicalizados de la burguesía nacional y de la pequeña burguesía se agotan rápidamente y son reemplazados por una incondicional entrega al enemigo foráneo, en cuya decisiva ayuda confían para poder aplastar a los aliados de ayer, el proletariado y las masas explotadas en general… El nacionalismo burgués, la movilización de las masas por la burguesía nacional o la pequeña burguesía alrededor de las tareas democráticas es un fenómeno particular de los países atrasados, que constituye la respuesta burguesa a los problemas que crea el no cumplimiento de esas tareas y la opresión nacional por el imperialismo; (la burguesía) para fortalecerse políticamente en su país y presionar sobre el imperialismo, a fin de arrancarle concesiones y componendas favorables a ella, se ve obligada a movilizar y presionar a las masas, entre ellas el proletariado… los movimientos nacionalistas que organizan al proletariado lo que hacen es poner en pie a su propio sepulturero, pues no bien este cobre su propia fisonomía tenderá a sobrepasar políticamente a las direcciones que le son extrañas, a ir más allá de los límites del capitalismo y la democracia (por eso) la dirección burguesa es conservadora en todo momento: se trata de una movilización controlada, que busca impedir que los explotados rompan el marco de la dirección burguesa».[xvi]
El POR en el debate internacional
La respuesta del POR se refería sobre todo a la caracterización y la táctica revolucionaria en los países atrasados (Frente Único Antiimperialista); el POR hacía el balance de su lucha contra el nacionalismo boliviano (MNR), y recordaba a los trotskistas europeos sus obligaciones: «Hay una diferencia de matiz entre la actitud del movimiento revolucionario cuando se trata de salir en defensa de los gobiernos nacionalistas acosados por el imperialismo. El proletariado internacional, particularmente el de la metrópoli, tiene que poner mayor énfasis en la defensa, porque así fortalece su propio movimiento revolucionario; el nacional acentuará su crítica a las limitaciones nacionalistas».[xvii] Política Obrera mostró las implicaciones mundiales del análisis de la OCI, su similitud metodológica con el SU: «La llamada burguesía compradora se caracteriza por su rol intermediario entre el imperialismo y el interior precapitalista. Esta forma del capital predomina en una fase del desarrollo de los países atrasados: las colonias, es la forma específica del capitalismo colonial… Reducir la burguesía nacional a una burguesía compradora es una mutilación de la definición marxista de las clases bajo el capitalismo, pues el marxismo considera la primera fase del capital, la comercial, como una forma bastarda de capital. No reconocer más que una burguesía compradora implica considerar el desarrollo del imperialismo como lineal, sin crisis, sin luchas internas y sin guerras: la posibilidad de un superimperialismo…
“El estalinismo y la ‘izquierda nacional’ separaron rigurosamente la lucha nacional de la lucha de clases, fundamentando su teoría de la revolución por etapas y su capitulación frente a la burguesía y el imperialismo. La OCI hace lo mismo al revés. Niega la lucha nacional como una expresión de la lucha de clases que, además, la radicaliza a un punto que torna posible la toma del poder primero en los países atrasados. Las dos abstracciones conducen a lo mismo: negar la revolución proletaria. La primera recusando su posibilidad (madurez); la segunda haciéndola una abstracción, porque sin tareas democráticas no cumplidas por la burguesía (lucha nacional), el proletariado no podría tomar el poder en los países atrasados hasta que la revolución no se realice en los países avanzados… Lo que ni Mandel ni la OCI reconocen es que la revolución proletaria en las colonias no se concibe sino como movimiento revolucionario de liberación nacional (insurrección agraria y nacional) liderado por el proletariado apoyado por los campesinos; es la única posibilidad para los movimientos nacionales en la época del imperialismo y de la revolución proletaria mundial, la única manera en que el proletariado puede llegar al poder en los países atrasados…
“Declarando que no existe ‘revolución colonial’ sino revolución proletaria en las colonias, la OCI rompe la unidad real de la lucha de clase mundial, la unidad de la revolución colonial con la revolución socialista mundial, para reemplazarla por un esquema que no es más que la suma de las revoluciones proletarias… ¿De dónde resulta esta combinación que constituye la dialéctica de la revolución mundial? Del hecho de que la revolución colonial no se desarrolla en el período histórico de la formación de los Estados Nacionales, sino en el del imperialismo, en el de la revolución socialista mundial. La revolución colonial cambia así de proyección internacional, porque su característica es la de minar al imperialismo mundial, ayudando así a la revolución socialista del proletariado de los países avanzados… (En el caso de Mandel) dividir la revolución mundial en sectores conduce a dividir la revolución mundial en etapas: la revolución colonial propiamente dicha, y luego la revolución proletaria en las colonias».[xviii]
Política Obrera subrayaba que el análisis unilateral y abstracto de la OCI, que lo conducía en ese momento a una conclusión sectaria (colocar a los movimientos nacionalistas del mundo colonial en el mismo plano que el imperialismo) tenía también una conclusión oportunista: la de plantear la posibilidad de acuerdo con la burguesía nacional, sin fundamento en la progresividad histórica de los movimientos nacionalistas. Con la misma lógica se podrían plantear acuerdos con el imperialismo: los «acuerdos» de la OCI no tenían otra base que el arbitrio o el capricho, dejando así abierta la puerta para una política de capitulación permanente frente a la burguesía nacional. La OCI no dio respuesta alguna a los extensos documentos del POR y PO (de los que sólo extractamos algunas conclusiones fundamentales). Esta confesión no explicitada de derrota política mantuvo una aparente unidad en el CORCI. En realidad, con esta polémica, desarrollada en los años 1972 y 1973, el CORCI dejaba de tener cualquier fundamento programático (el POR y PO habían criticado por entero la resolución política general que lo constituyó) para pasar a basarse en un acuerdo que era más una constatación que una caracterización: que la IV Internacional estaba organizativamente destruida y que era necesario reconstruirla.
En 1972, varias organizaciones del SU, encabezadas por Joseph Hansen(dirigente del SWP), Nahuel Moreno y el peruano Hugo Blanco, formaran una “Tendencia Leninista Trotskista” de oposición a la dirección del SU. Hugo Blanco había sido ganado para el trotskismo en la Argentina. por la organización de Nahuel Moreno, siendo estudiante de agronomía y obrero de los frigoríficos Armour. Al retornar a Perú (1956) se unió a la organización del SLATO, el Partido Obrero Revolucionario (posteriormente llamado FIR). Después de organizar algunos sindicatos en su ciudad (Cuzco), y de haber sido detenido por ello, se transformó en campesino allegado en el valle de La Convención, a fin de desarrollar un trabajo de sindicalización agraria. En 1962 fue elegido secretario general de la Federación Campesina de La Convención y Lares, puesto a partir del cual organizó un movimiento por la reforma agraria y la ocupación de tierras en la región. En el sindicato, una Escuela de Trabajadores Revolucionarios, dirigida por Blanco, preparaba a los campesinos para defender por la fuerza sus conquistas. La ocupación de tierras comenzó; al mismo tiempo, Blanco organizó células de la organización trotskista en la región.
La formación de la «Tendencia Leninista Trotskista» (TLT) del Secretariado Unificado contra la orientación foquista de su dirección fue una reacción defensiva de sus componentes: el SWP, el PST argentino, y los grupos influidos por ellos. Su documento constitutivo, «Argentina y Bolivia: un balance”[xix] no era un balance. Se enumeraban las consecuencias nefastas del guerrillerismo urbano en América Latina sin un balancede la evolución de esa política desdela creación del SU (1963). A pesar de la mezquindad de esa crítica, ella llevaría a al estallido del SU. Lo que preocupaba al SWP era la posibilidad de un viraje foquista mundial: el documento se preguntaba si, con la misma lógica con que se la había impulsado en América Latina, no se debería iniciar la guerrilla en Europa, en la URSS y estados satélites, y hasta en los EEUU. Se comentaba, con alarma, que el dirigente inglés del SU, Tariq Alí, elogiaba el terrorismo nacionalista en Quebec (Canadá), y que un sector de la dirección de la LCR francesa (Anthony, Arthur, Stéphane, Lebrac) proponía el inicio de la guerrilla campesina en Francia.[xx] Peter Camejo, dirigente del SWP, afirmaba en un folleto de la época que, si se debe emplear la guerrilla cuando el Estado actúa con violencia, «en los EEUU quizás haya habido más muertos, heridos y detenidos en los años ‘60, que en la mayoría de los países latinoamericanos»[xxi], lo que debería llevar al SWP a actuar conjuntamente con los Panteras Negras. En cuanto a Moreno, teórico y apologista del foquismo (lejano), se puso a cubierto de esa posibilidad cuando, en 1975, se negóa levantar la libertad de todos los presos políticos argentinos (sólo pedía la de los presos que no hubiesen sido condenados), buena parte de los cuales se encontraba en prisión debido a su participación en acciones armadas.
El CORCI, a su vez, se desarticuló en 1979, dando lugar a dos nuevos reagrupamientos internacionales: 1) La O.C.I. y sus seguidores se fundieron con la fracción internacional de Nahuel Moreno en la “IV Internacional (Comité Internacional)”. La fusión fue presidida por la adopción de una larga Tesis Política, definida por Lambert – Moreno como “el documento más importante del marxismo desde 1938” (esto es, medio siglo). Parece que los procesos de degeneración política se acompañan siempre de mesianismo (como en Posadas). Sea como fuere, la nueva Cuarta Internacional no duró más de un año: una discusión (Lambert vs. Moreno) sobre el gobierno Mitterranden Francia la hizo estallar, relegando al olvido su Tesis Política. 2) Política Obrera de la Argentina y el POR de Bolivia, junto a otras organizaciones. constituyeron (abril de 1979) la Tendencia Cuarta Internacionalista, la cual “parte del Programa de Transición de la IV Internacional, redactado por Trotsky, y señala su posición frente a los problemas emergentes, lo que la define como una organización independiente de las diversas corrientes que se reclaman del trotskismo… Nace con la finalidad de reunir, en torno de claras ideas político programáticas revolucionarias, tendencias y elementos capaces de construir el partido mundial de la revolución socialista. o sea, reconstruir la IV Internacional fundada en 1938”, según su documento fundacional.
Durante la dictadura banzerista en Bolivia, seguida por la de los narcotraficantes García Mesa y Natusch Busch, Guillermo Lora se exiló en Chile, retornando, con el golpe pinochetista, clandestinamente a Bolivia. Su Historia del POR, en dos volúmenes, fue redactada y publicada bajo la dictadura: en ella, cierto dogmatismo personalista substituyó la creatividad de sus obras precedentes, y ya es posible percibir un espíritu autoproclamado – aparece la tendencia a presentar la trayectoria del POR independientemente de sus circunstancias políticas e históricas, como una evolución puramente ideológica. Casi medio siglo después de su fundación, el POR comenzó a mostrar síntomas de anquilosamiento dogmático y burocratismo personalista. Hizo del aislamiento nacional la base de un mesianismo político-partidario de supuesta proyección mundial, al que terminó fundamentando, con toda lógica, en un mesianismo nacional (la «singularidad» boliviana) y hasta personal (el papel del propio Lora, que desde la década del ’80 comenzó a publicar sus Obras Completas, en 70 volúmenes). Después de una fracasada intervención en la situación revolucionaria creada por el ascenso de la UDP de Siles Zuazo (1984) y la ocupación de La Paz por el proletariado minero, el POR se fue condenando a un sectarismo dogmático (proponiendo, para cualquier situación y circunstancia, la «insurrección y dictadura proletarias») y nacionalista, proclamando hasta la «singularidad revolucionaria boliviana» del ejército y la policía del país (fundó una «fracción revolucionaria» del ejército). Lora se alejó de la dirección política cotidiana, editando su propio periódico (La Colmena), en que denostaba, no sólo a toda la izquierda boliviana sino también al propio POR (¡llegó a plantear la posibilidad de su disolución!).
Los procesos democráticos y nacionalistas-indigenistas de la última década del siglo XX, encontraron al POR como un observador verborrágico y sectario, en nombre de la tesis de la «inviabilidad de la democracia», en una posición abstencionista semejante a la del ultraizquierdismo comunista de la década del ’20, pero teñida de ribetes nacionalistas. Juan Pablo Bacherer, dirigente del POR, se opuso a esta evolución, siendo acorralado y expulsado con un montaje provocador fabricado por el propio Lora. Bacherer denunció que «el POR se ha transformado en una secta nacionalista» (título de su texto de ruptura con el POR, publicado en En Defensa del Marxismo.
La crítica a los aspectos revolucionarios de la herencia teórica y política del POR fueron la piedra de toque del elenco encabezado por el futuro vicepresidente de Evo Morales, Alvaro García Linera, que se alió a las direcciones indigenistas con un programa del «capitalismo andino» (perfumado por la «defensa de la comunidad indígena», defendida como «superación» de la «herencia obrerista del POR»). La herencia política del POR, sin embargo, es gigantesca cuando es comparada con las elucubraciones favorables al capital «andino» favorecidas por la avidez de «novedades exóticas» de un “marxismo” metropolitano, agotado teórica y políticamente en sus propias fronteras, episódicas e incapaces de resistir el embate de la crisis mundial del capital. En la construcción de una alternativa revolucionaria internacional, el trabajo revolucionario de Lora y el POR recuperarán todo su peso programático y político, que marcó, no un episodio, sino una etapa histórica del marxismo en América Latina.
[i] Rouge, París, 17/5/1971.
[ii] Julio N. Magri, El revisionismo en el trotskismo, Buenos Aires, Ed. PO, 1972, pp. 21 y 24.
[iii] Guillermo Lora, «Una crítica revisionista al POR», América India, n° 1, enero 1972, p. 54.
[iv] “El resurgimiento de la guerrilla, encabezada por el Chato Peredo es una nueva manifestación de la continuidad del ascenso revolucionario en Bolivia y un factor de crisis para el régimen», sostenía La Verdad, agosto de 1970.
[v] Revista de América, n° 6-7.
[vi] Julio N. Magri, op. cit., pp. 23-24.
[vii] Tim Wohlfort después se incorporó al Socialist Workers Party, donde rápidamente llegó a la dirección nacional.
[viii] Guillermo Lora, «La contrarrevolución disfrazada de trotskismo», Política Obrera, no97, 15/9/1971.
[ix] «Résolution sur les tâches de reconstruction de la IVe Internationale», Correspondance Internationale, n° 6, París, octubre 1972, pp. 4-5.
[x] «Résolution politique générale», Idem, pp. 14-15.
[xi] Política Obrera (CEN), Respuesta política a la campaña provocadora de la dirección del PST, julio 1973, p.16.
[xii] «Commentaires du groupe Avant-Garde (Israel)», Correspondance Internationale, cit.
[xiii] «Un premier bilan», idem, p. 23.
[xiv] Rafael Santos, Destrocemos la provocación de Just y de Lambert, Buenos Aires, Ed. PO, p.56.
[xv] «Résolution politique générale», Correspondance Internationale, cit. pp. 10-12.
[xvi] Guillermo Lora. «Acerca de la burguesía nacional», Estudios Históricos Políticos sobre Bolivia, La Paz, Ed. El Amauta, pp. 10-23-28-31-33-38.
[xvii] Guillermo Lora, Idem, p.55.
[xviii] Política Obrera (CEN), Discusión sobre la burguesía nacional, noviembre 1973.
[xix] Boletín de Informaciones Internacionales, n° 2, setiembre 1973.
[xx] Idem, pp.67 y 69.
[xxi] Pedro Miguel Camejo, La Guerrilla. Por qué fracasó como estrategia, New York, Pathfinder Press. 1974, p. 33.