Estados Unidos toma por asalto el territorio y el gobierno de Venezuela

Por Luis Bonilla-Molina y Osvaldo Coggiola
Todo el sistema jurídico internacional, y también el de los EEUU, ha saltado por los aires el 3 de enero de 2026. La intervención militar de Estados Unidos contra Venezuela, el secuestro del presidente Nicolás Maduro junto a su esposa y los anuncios de instalar un gobierno dirigido desde Estados Unidos nos retrotraen a la época de la colonia y el imperio del más fuerte. Latinoamérica ha recibido una herida a su dignidad y soberanía que no solo no cicatrizará fácilmente, sino que anuncia atropellos mayores. El relanzamiento de la Doctrina Monroe con su corolario Trump, confirma que Estados Unidos ha entrado en una nueva fase de asalto a los territorios que posean riquezas para apropiárselas; que ningún pueblo de la región estará exento de esta orientación. Por debajo del aparente retorno a las líneas del colonialismo clásico (con el cual guarda una relación umbilical) se perfilan, sin embargo, los estertores mortales de un imperialismo financiero en proceso de descomposición.
El líder de la nación más poderosa del mundo confesó que en la madrugada del 3 usó 20 bases, lanzado un ataque de 150 aviones, helicópteros artillados y drones de última generación para someter al gobierno venezolano, masacrar tropas y población civil e instalar un nuevo modelo de golpes de Estado abiertamente dirigidos desde la Casa Blanca usando su poderío naval, aéreo y poder de fuego. Una flotilla de helicópteros cruzó la capital, Caracas, en un acto manifiesto de intimidación a la población civil. Para quienes creían que solo era una bravuconada, ha comenzado la era de la dominación territorial continental por parte de los Estados Unidos. Las palabras de Trump fueron precisas: “Se debe entender que lo que le ocurrió a Maduro le puede ocurrir a cualquiera que haga lo mismo”. “Estados Unidos dirigirá la transición hasta que el país esté encarrilado, y va a hacer dinero para la gente” es la sentencia neocolonial inaceptable formulada por Trump. Ni Maduro, ni Delcy Rodríguez, ni siquiera María Corina Machado (Trump dice que María Corina Machado no tiene ni “el apoyo ni el respeto” para gobernar Venezuela) o Edmundo González Urrutia le resultan rostros nacionales con suficientes méritos para emprender la transición neocolonial; lo que planteó Trump es que un grupo de personas buenas, que ellos escogerán, gestionarían la transición”.
Es decir, nombres Made in USA, sumisos e incondicionales. Antes del cerco a Venezuela, un enviado de Trump a Caracas había obtenido del gobierno venezolano la explotación por los EEUU de todos los recursos mineros del país a cambio de un aplazamiento de las hostilidades. Esta línea fue ratificada por Maduro en entrevista concedida a Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique. El acuerdo fue bloqueado por Marco Rubio, el secretario de Estado y de Seguridad de los EEUU, que exigió la cabeza de Maduro. Y la consiguió. Pero el precio puede ser caro: Trump se metió en una guerra contra los gobiernos “narcoterroristas” para convertir sus países en protectorados que permitan la confiscación de sus materias primas. La Justicia de los EEUU podría encontrar dificultades para condenar a Maduro, bajo riesgo de convertir el bandidaje de Trump en juicio político contra Trump.
Por eso mismo, el gobierno del magnate-pedófilo-delincuente, al estilo mussoliniano, ya anunció que está encaminado a redoblar su apuesta: Donald Trump anunció que Cuba estará en el ojo del huracán, a lo cual su secretario Marco Rubio agregó: “Si yo viviera en La Habana estaría preocupado”. Es decir, cerrar filas en defensa de la soberanía venezolana es el camino para garantizar la soberanía de toda la región. Solo una Latinoamérica unida puede enfrentar la ofensiva neocolonial gringa. Ciertamente, María Corina Machado, una ultraderechista que ha apoyado el genocidio a Gaza y se ha alineado con todos los reaccionarios del mundo, había sido hasta ahora el caballo de Troya de las últimas administraciones norteamericanas. Si bien MCM, como lo dijo Trump, “no goza del respeto de todo el pueblo de Venezuela”, y su discurso apunta a profundizar la polarización y la división del pueblo venezolano fortaleciendo a la derecha proimperialista, eso no es lo que le preocupa a los EEUU, sino la posibilidad que su liderazgo entre en algún momento en contradicción con la agenda neocolonial que quieren imponer. Frenarla en seco, como lo hizo Trump, expresa la decisión norteamericana de evitar que cualquier liderazgo con arraigo de masas esté al frente del gobierno y el Estado venezolano. Necesitan gobiernos débiles, sin vínculo con las masas, que no puedan enfrentar en momento alguno las políticas neocoloniales gringas.
Trump amenazó que el ataque militar a Venezuela iniciado a las 2 de la madrugada del 3 de enero, podrá repetirse en cualquier momento, si los remanentes del madurismo no pactan rápidamente la transición neocolonial. La respuesta de la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha sido señalar que el único presidente de Venezuela es el secuestrado Nicolás Maduro, lo que genera un peligroso vacío de poder, porque Venezuela ha pasado las últimas horas sin presidente en funciones y en el territorio. Las próximas horas serán claves para el curso de los acontecimientos.
El secuestro de Maduro y la sucesión presidencial
Según informó Donald Trump y su gabinete de guerra contra Venezuela, la captura y secuestro de Maduro – no existe legislación que ampare una detención de este tipo – fue una operación planificada durante meses, combinando el trabajo de inteligencia de agencias como la CIA con labores de campo del ejército norteamericano. Ubicado el lugar de residencia de Maduro, se procedió a someter a sus custodios y detenerlo junto a su esposa, para trasladarlos fuera del país. La justicia norteamericana, al parecer mediante el gran jurado, será la que se encargue de juzgarlo.
El secuestro de Maduro crea un vacío de poder que debe ser resuelto mediante la activación de la línea de mando. La Constitución de 1999 contempla que la ausencia temporal o permanente del primer mandatario debe ser suplida por la vicepresidencia, en este caso ocupada por Delcy Rodríguez. Si es ausencia permanente debería ser juramentada como presidenta para convocar elecciones en 30 días, si por el contrario asume como resultado de una ausencia presidencial temporal puede suplir el cargo por 90 días, extensible por otros 90 más, es decir podría estar al frente del gobierno por seis meses. Dieciséis horas después de quedarse Venezuela sin presidente habilitado para ejercer el cargo, aún no se activaba la sucesión presidencial permanente, pero tampoco se hablaba de ausencia temporal, generando una situación de ingobernabilidad y vacío de poder.
Los hechos
Las operaciones se iniciaron a las 2 am hora local y concluyeron a las 3:29 am del 3 de enero de 2026. Durante ese periodo, el zumbido de aviones de última generación, drones con misiles, helicópteros artillados y tropas especializadas en operaciones quirúrgicas, sobrevolaron el espacio aéreo de Caracas con total impunidad. La resistencia militar local fue mínima. Mientras toda la población se preguntaba por la situación en el Palacio de Gobierno, denominado Miraflores, Maduro fue capturado y secuestrado en una vivienda acondicionada y con bunker, que le servía de residencia en un sector del Fuerte Militar Tiuna. La acción norteamericana constituye una flagrante violación de los artículos primero y segundo de la Carta de las Naciones Unidas, que contemplan la inviolabilidad de la soberanía e igualdad jurídica de los Estados, prohibiendo el uso de la fuerza para dominar o anexarse territorios.
Un elemento que llama la atención cuando analizamos el ataque norteamericano, es la precaria o nula resistencia de las fuerzas armadas venezolanas. Durante hora y media aeronaves gringas se movieron con gran impunidad, atacando blancos predeterminados y es el equipo de Trump quien anunció, horas después, que solo una aeronave fue alcanzada yanqui, pero logró retornar a la base de operaciones. Los rumores que recorrían las redes sociales, como contrainformación, era que se trataba de un golpe interno y que el Ministerio de la Defensa había sido abatido. Aún en la madrugada apareció con vida Vladimir Padrino, responsable de la cartera militar, confirmando el ataque norteamericano, con misiles y cohetes de última generación disparados desde helicópteros, drones y aviones. Precisó que el ataque se había extendido a los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, sin presentar estadísticas de bajas y heridos. Instantes después apareció el ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, indicando que no había problemas de orden público tras los ataques y que los servicios básicos funcionaban sin problemas, a pesar de que algunas zonas de Caracas reportaban fallas en el fluido eléctrico.
A las 3:54 am se conoció el comunicado oficial del gobierno bolivariano rechazando la agresión militar perpetrada por la administración Trump contra el territorio venezolano, omitiendo información sobre el paradero de Nicolás Maduro Moros. Es de destacar que contrario a los tiempos burocráticos a que nos tiene acostumbrado el gobierno venezolano, el comunicado salió en tiempo récord. A las 5:20 am el ministro de la Defensa Vladimir Padrino López dio a conocer una declaración en la cual ratificó su apoyo al Decreto de Estado de Conmoción Exterior emitido para todo el territorio venezolano. No solo no informó sobre lo que había ocurrido con el presidente, sino que ratificó su debida obediencia al propio Maduro quien ya era llevado secuestrado a los Estados Unidos.
Serían las 5:40 cuando se conoció un comunicado de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) repudiando la agresión militar norteamericana contra Venezuela. Y eran las 6 de la mañana cuando se conoció la denuncia del presidente cubano Miguel Díaz Canel, condenando el ataque militar contra la patria de Bolívar. Posteriormente, el presidente Colombiano Gustavo Petro expresó su condena al ataque perpetrado por los Estados Unidos. Cuando el reloj marcaba las seis y veintitrés minutos de la mañana la vicepresidenta Delcy Rodríguez exigía una fe de vida del presidente Maduro, reconociendo que había sido sustraído a través de una operación militar gringa. Minutos después, el gobierno de Turquía, país aliado, expresó su apoyo a la República Bolivariana de Venezuela. A las 6:46 de la mañana trascendió que la cancillería venezolana estaba solicitando una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Minutos después, el Kremlin condenó la agresión norteamericana contra Venezuela.
A las 8:12 am., el fiscal general de la República, Tareck William Saab, exigió al gobierno de Donald Trump, una fe de vida del presidente Maduro. Ocho minutos después el Canciller brasileño, en nombre de su gobierno, condenó de manera enérgica la agresión militar norteamericana contra Venezuela. A las 8:39 am, el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, aclaró que Londres no había «participado de ninguna manera» en la operación. Apenas había alcanzado las ocho y cuarenta y siete cuando Uruguay rechazó la intervención militar gringa, a todas luces contraria al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas. Cinco minutos después se conocería que el ministro de Relaciones Exteriores de España mantenía reuniones de emergencia sobre el caso venezolano, con la alta representación de la Unión Europea.
A las 8:57 am el Gobierno mexicano dio a conocer su condena y rechazó las acciones militares ejecutadas unilateralmente por fuerzas armadas de los Estados Unidos contra objetivos en territorio de la República Bolivariana de Venezuela. Minutos después, el presidente Ignacio Lula da Silva cuestionó la operación militar de Trump, indicando que los norteamericanos estaban traspasando una línea inaceptable. A las 9:30 am la fiscal general de EEUU, Pamela Bondi, dio a conocer que el presidente Maduro enfrentará juicio en EEUU, con jueces y tribunales estadounidenses. El aparato de Estado norteamericano se alineó con la agresión imperialista. Las horas siguientes serían de presión diplomática de gobiernos como Rusia, China, Sudáfrica, Colombia y el Caricom condenando el ataque y exigiendo el retorno a los canales de la justicia internacional.
En horas de la tarde, la vicepresidenta Delcy Rodríguez emitió una declaración acompañada del alto mando militar y los representantes de los poderes públicos, en la cual insistió en que el presidente de Venezuela era Nicolás Maduro. No obstante, en horas de la noche, Delcy Rodríguez terminó siendo juramentada por el Tribunal Supremo de Justicia, como suplente presidencial ante una vacante temporal, lo que la habilita para estar al frente del poder Ejecutivo por 180 días, más un mes para convocar y efectuar nuevas elecciones.
La rueda de prensa de Trump: la agresión continuará
La rueda de prensa del presidente norteamericano ocurrió a las 12:45 horas de Venezuela. Los elementos centrales tratados por Trump fueron: a) se reconoce la captura de Maduro, con quien se venía negociando una transición, pero según indicó el mandatario las conversaciones se habían estancado, b) informa que de no lograse un acuerdo de transición pronto con las autoridades venezolanas, EEUU ejecutará un ataque mucho más letal contra el territorio, es decir, las acciones del 3 de enero son el inicio, no el cierre, de un conflicto vía militar, c) anuncia la decisión de Estados Unidos de permanecer en control de la situación venezolana, sosteniendo el cerco naval y propiciando un gobierno de “gente buena” que responda al equipo liderado por el, acompañado de los Secretarios de Guerra, Seguridad Nacional, y el estado mayor del ejército gringo, d) María Corina Machado no será la figura de la transición porque según Trump “Sería duro para ella ser líder. Es una gran mujer, pero no tiene el respeto de su nación (…), e) reconoce a Delcy como la línea de sucesión para tener con quien dialogar la transición, no para dejarla en el poder; al respecto señala “ellos tienen una vicepresidenta escogida por Maduro, que seguramente ahora es presidenta. Ella conversó con Marco Rubio y dijo que harán lo que digamos. No quiere hacer las cosas como Maduro”, f) Estados Unidos permanecerá controlando la transición hasta que se recupere toda la potencialidad de la industria petrolera y se ponga en marcha la “recuperación del país”.
En la conferencia de prensa, Trump declaró que Marcos Rubio ya está discutiendo la transición con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que no figura en la lista de “buscados”. Lo que queda del madurismo cumpliría la función de puente en la transición de Venezuela hacia una condición semejante a un virreinato, bajo la forma de una especie de protectorado. A respecto de la incapacidad venezolana, planteada por Trump, para extraer su petróleo por su propia cuenta (una manifestación suplementaria del desprecio imperialista por los pueblos oprimidos del mundo) cabe retener la información oportunamente recordada por Al Jazeera: “La Faja del Orinoco contiene crudo extrapesado, altamente viscoso y denso, lo que dificulta y encarece su extracción en comparación con el crudo convencional. La producción de petróleo en esta región requiere técnicas avanzadas, como la inyección de vapor y la mezcla con crudos más ligeros para su comercialización”. La rueda de prensa de Trump es la declaratoria de situación neocolonial de Venezuela, de pérdida de la soberanía territorial y política y de captura de las riquezas venezolanas (especialmente energéticas, los más de 300 mil millones de barriles de crudo que constituyen la más grande reserva petrolífera mundial) con la incoherente solicitud de devolución de tierras robadas, las cuales nunca han pertenecido a Norteamérica. La rueda de prensa de Donald Trump fue el lanzamiento práctico y tangible de su “estrategia de seguridad nacional” que considera a todo el continente y el hemisferio occidental como la extensión de sus fronteras imperiales.
Preguntas que demandan respuestas
Algunas dudas rondan el ambiente en formas de preguntas, cuyas respuestas permitirán en los próximos días hacer un análisis en mayor profundidad. ¿Por qué falló de manera catastrófica la casa militar y la seguridad del presidente Maduro? ¿Por qué la respuesta militar a las operaciones norteamericanas fue tan débil o casi inexistente? No hubo sirenas de alarmas, ni misiles interceptores; no se activaron los misiles S-300, provistos por Rusia, ni los sistemas electrónicos de seguridad. ¿A quiénes beneficia una transición sin Maduro ni María Corina Machado? ¿Por qué el silencio de tantas horas en el gobierno sobre el secuestro contra Maduro? ¿Estamos ante una trasmisión de mando a una junta cívico militar negociada entre las actuales autoridades gubernamentales y la administración Trump? ¿Si falla esta negociación estaríamos entrando a una prolongada acción militar hasta aplastar al Madurismo? ¿La injerencia norteamericana hasta que se normalice la situación del país pasa por la colocación de bases militares en suelo venezolano?
La reacción popular
La vicepresidenta Delcy Rodríguez – presidenta encargada en la lógica de sucesión presidencial contemplada en la Constitución – convocó a la movilización popular en defensa del presidente Maduro y el gobierno bolivariano. A diferencia de lo que ocurrió con el golpe de Estado contra Chávez en 2002, en esta oportunidad, a casi 24 horas de iniciadas las hostilidades por parte de la administración Trump, la convocatoria a manifestar en las calles no ha conseguido eco en la población. Solo se han mostrado pequeñas concentraciones de unas 100 personas, transmitidas por el canal de televisión del gobierno. El sentimiento antiimperialista no es generalizado y hay amplias capas de la población, por el contrario, para quienes el antimadurismo es la pasión que más les moviliza.
¿Se prepara el alto mando militar bolivariano a resistir el ataque norteamericano, hasta por medio de una guerra irregular? Nada de esto ha sido planteado. La posibilidad de una guerra nacional (inclusive irregular), o de una guerra civil, ya levanta temores más que fundamentados en el propio establishment norteamericano. Un periodista hispano-argentino, totalmente antichavista y simpático al liberalismo imperial (es decir, al “imperialismo tradicional”) evoca esas posibilidades con visible aprensión: “Qué papel jugará el Congreso (de los EEUU), sobre todo si para garantizar la transición se decide desplegar tropas. Cuando en 1989 se invadió Panamá se movilizaron 26.000 efectivos, pero Venezuela es varias veces mayor, con una geografía compleja y diversos grupos armados activos y no fáciles de doblegar”. Una variante sería una fractura en el alto mando militar de Venezuela.
El ataque a Venezuela es parte de una ofensiva más amplia del imperialismo norte-americano y sus aliados incondicionales. Trump ha advertido que volverá a bombardear a Irán; mientras esto ya se desarrolla en Yemen, con los ataques de una milicia de los Emiratos Árabes Unidos, aliado de Israel, que ha manifestado su apoyo a la creación de un estado separatista en Somalia, ampliando su control en la ruta estratégica del Mar Rojo. En América Latina, aunque es momento de priorizar el antiimperialismo y la denuncia a la intromisión norteamericana en los asuntos de Venezuela, es necesario destacar que el sentimiento de nacionalismo frustrado de una parte importante de la población se debe a que el gobierno de Maduro decidió colocarse a espaldas del programa social popular que había encarnado Chávez, aplicando recetas neoliberales con discurso de izquierdas. Maduro es el arquitecto del vaciamiento del sentimiento antiimperialista en Venezuela, fenómeno que terminó devorando a su propio creador.
¿Qué hacer?
La invasión colonial y agresión militar a Venezuela ha abierto una crisis de poder de alcance mundial. Ningún país ni bloque de poder escapa a ella. La invasión pone una soga al cuello de China, dependiente en gran medida de su importación de petróleo venezolano: los EEUU, ejerciendo sus nuevos poderes de virreyes, le garantizarían sus importaciones de petróleo a cambio de extorsionar a China en la prospección internacional y el comercio de tierras raras. En los EEUU se está abriendo la posibilidad de una crisis que plantee una vasta movilización antiimperialista en el propio centro del imperio. El recién electo alcalde de Nueva York, la ciudad más simbólica del imperio americano, Zohran Mamdani, se refirió a “la captura militar estadounidense del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, así como sobre su encarcelamiento planificado bajo custodia federal aquí en la ciudad de Nueva York”, sin muchos pelos en la boca: “Atacar unilateralmente a una nación soberana es un acto de guerra y una violación del derecho federal e internacional”.
La acción norteamericana es ilegal e inconstitucional a la luz de la legislación y la Constitución de los EEUU, que establece la necesaria aprobación congresual para cualquier acto de guerra, como lo saben hasta los escolares del país del Norte. The New York Times, tal vez el más tradicional vocero de la “comunidad de negocios” gringa, ya ha puesto el grito en el cielo, en un artículo de su Comité Editorial titulado “El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente”, donde afirma: “Estados Unidos pasó 20 años sin conseguir crear un gobierno estable en Afganistán y sustituyó una dictadura en Libia por un Estado fracturado. Las consecuencias trágicas de la guerra de 2003 en Irak siguen persiguiendo a Estados Unidos y al Medio Oriente. Quizá lo más relevante sea el hecho de que Estados Unidos ha desestabilizado esporádicamente países latinoamericanos, como Chile, Cuba, Guatemala y Nicaragua, intentando derrocar a un gobierno por la fuerza”. En el caso de Oriente Medio y Asia Central se argumentó el combate contra un “terrorismo islámico” oriundo de una religión y una cultura alógenas; en el caso venezolano el argumento del “choque de civilizaciones” es particularmente inapropiado en un país de tradición (colonial) cristiana y cuyo deporte más popular – el beisbol – es el mismo de los EEUU, a cuyas grandes ligas ha suministrado y suministra varios de sus mas destacados jugadores.
Y los editorialistas neoyorquinos no se quedan atrás en el renglón confesiones: “Los ataques de Trump a Venezuela violan el derecho internacional. Al bombardear las pequeñas embarcaciones que Trump dice que trafican con drogas, ha matado a personas basándose en la mera sospecha de que han cometido un delito y no les ha dado ninguna oportunidad de defenderse. Los Convenios de Ginebra de 1949 y todos los principales tratados de derechos humanos posteriores prohíben este tipo de ejecuciones extrajudiciales. También lo hace la legislación estadounidense. El gobierno parece haber matado a personas indefensas. En un ataque, la Marina realizó un segundo ataque contra una embarcación ya destruida, unos 40 minutos después del primer ataque, matando a dos marineros que se aferraban a los restos de la embarcación y no parecían representar ninguna amenaza… Trump no tiene ni siquiera un pretexto de autoridad legal para validar sus ataques contra Venezuela”. Estamos ante una banda de asesinos dispuestos a imponer en toda parte la ley de la ausencia de ley.
Los editorialistas no carecen de argumentos: “Trump aún no ha ofrecido una explicación coherente de sus acciones en Venezuela. Está empujando a nuestro país hacia una crisis internacional sin razones válidas. Si Trump quiere argumentar lo contrario, la Constitución establece lo que debe hacer: acudir al Congreso. Sin la aprobación del Congreso, sus acciones violan la ley de Estados Unidos. La justificación nominal del aventurerismo militar del gobierno es destruir a los ‘narcoterroristas’ [¡comillas de los autores!]. A lo largo de la historia, los gobiernos han calificado de terroristas a los dirigentes de naciones rivales, tratando de justificar las incursiones militares como operaciones policiales. La afirmación es especialmente ridícula en este caso, dado que Venezuela no es un productor significativo de fentanilo ni de las otras drogas que han dominado la reciente epidemia de sobredosis en Estados Unidos, y la cocaína que produce fluye principalmente a Europa. Mientras Trump ha estado atacando a las embarcaciones venezolanas, también indultó a Juan Orlando Hernández, quien dirigió una extensa operación de narcotráfico cuando fue presidente de Honduras de 2014 a 2022”. El diario norteamericano recuerda que varios representantes republicanos del Congreso son profundamente escépticos sobre la dirección a la que Trump está llevando al país, y ya han respaldado legislaciones que limitarían las acciones militares de Trump contra Venezuela. Ni que hablar de la importante reacción popular, en varias ciudades norteamericanas, contra la persecución policial y deportación de inmigrantes ilegales, la inmensa mayoría de origen latinoamericano.
Los argumentos sobran, así como los desgarramientos en la propia casa matriz de los bandidos. Hay que aprovechar al máximo esa crisis de “los de arriba” (o mejor, manifestada en el piso de arriba). Los sectores democráticos, de izquierda, basados en la clase trabajadora y revolucionarios necesitamos construir una movilización mundial, amplia y diversa, que coloque el antiimperialismo y la lucha por la soberanía y autodeterminación de los pueblos como prioridad mundial. Es momento de colocar la lucha contra el imperialismo como prioridad; en este sentido actúa la convocatoria que están haciendo amplios sectores a nivel internacional para reunirnos el 10 de enero, de manera virtual, para lanzar una plataforma global antiimperialista. Ante la ofensiva neocolonial norteamericana, la soberanía se defiende con el impulso de alianzas y frentes únicos nacionales e internacionales que defiendan el derecho de los pueblos del mundo a decidir su propio destino.